<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-36660775499962998</id><updated>2011-04-21T12:40:19.948-07:00</updated><category term='MISTICA CIUDAD DE DIOS 3'/><title type='text'>MISTICA CIUDAD DE DIOS 3</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://misticaciudaddedios3.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36660775499962998/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://misticaciudaddedios3.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>PIOJOSALTARIN</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16286221232053703537</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36660775499962998.post-6797737737526300022</id><published>2008-06-09T13:51:00.001-07:00</published><updated>2008-06-09T15:18:34.035-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='MISTICA CIUDAD DE DIOS 3'/><title type='text'>MÍSTICA CIUDAD DE DIOS parte 3</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_FgMtOqNOPlQ/SE2l8EwmtsI/AAAAAAAAAKM/0JdQ6MdTtqo/s1600-h/y1puNg-7imvIU_H4xzUk7kBSE9wdiozbRSouHnATD84e5UTkP5ORdZil9ZME2etqcX4MSbx_FTEqaQ.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5210002795425871554" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_FgMtOqNOPlQ/SE2l8EwmtsI/AAAAAAAAAKM/0JdQ6MdTtqo/s400/y1puNg-7imvIU_H4xzUk7kBSE9wdiozbRSouHnATD84e5UTkP5ORdZil9ZME2etqcX4MSbx_FTEqaQ.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;MÍSTICA CIUDAD DE DIOS: Parte 3&lt;br /&gt;CAPITULO 19&lt;br /&gt;Contiene la última parte del capítulo 21 del&lt;br /&gt;Apocalipsis en la concepción de María Santísima.&lt;br /&gt;283. El texto de la última y tercera parte del Apocalipsis,&lt;br /&gt;capítulo 21, que voy explicando, es como se sigue: Y los&lt;br /&gt;fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados&lt;br /&gt;con todas las preciosas piedras. El primer fundamento&lt;br /&gt;era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, calcedonia; el&lt;br /&gt;cuarto, esmeralda; el quinto, sardonio; el sexto, sardio; el&lt;br /&gt;séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el nono, topacio; el&lt;br /&gt;décimo, crisoprasio; el undécimo, jacinto; el duodécimo,&lt;br /&gt;ametisto. Y las doce puertas son doce margaritas por&lt;br /&gt;cada una; y cada puerta de cada margarita, y la plaza de&lt;br /&gt;la ciudad, oro limpio como vidrio lucidísimo. Y no vi&lt;br /&gt;templo en ella, porque el Señor Dios omnipotente es su&lt;br /&gt;templo, y el Cordero. Y la ciudad no ha menester sol ni&lt;br /&gt;luna que le den luz, porque la claridad de Dios la iluminó,&lt;br /&gt;y su lucerna es el Cordero. Y las gentes caminarán con su&lt;br /&gt;luz, y los reyes de la tierra llevarán a ella su honor y su&lt;br /&gt;gloria. Y sus puertas no estarán cerradas por el día; que&lt;br /&gt;allí no se hallará noche. No entrará en ella cosa alguna&lt;br /&gt;manchada, o que comete abominación y mentira, mas de&lt;br /&gt;aquellos que están escritos en el libro de la vida del&lt;br /&gt;Cordero (Ap., 21, 19-27). Hasta aquí llega la letra y texto&lt;br /&gt;del capítulo 21 que voy declarando.&lt;br /&gt;284. Habiendo elegido el Altísimo Dios esta Ciudad&lt;br /&gt;Santa de María para su habitación, la más proporcionada&lt;br /&gt;y agradable que fuera de sí mismo en pura criatura podía&lt;br /&gt;tener, no era mucho que de los tesoros de su Divinidad y&lt;br /&gt;méritos de su Hijo Santísimo fabricase los fundamentos&lt;br /&gt;del muro de su ciudad adornados con todo género de&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;piedras preciosas; para que con igual correspondencia,&lt;br /&gt;la fortaleza y seguridad —que son los muros— y su&lt;br /&gt;hermosura y alteza de santidad y dones —que son las&lt;br /&gt;piedras preciosas— y su concepción —que es el&lt;br /&gt;fundamento del muro— fuesen proporcionadas en sí&lt;br /&gt;mismas y con el fin altísimo para que la fundaba, que era&lt;br /&gt;vivir en ella por amor y por la humanidad que recibió en&lt;br /&gt;su virginal vientre. Todo esto dijo el Evangelista como lo&lt;br /&gt;conoció en María Santísima, porque a su dignidad y&lt;br /&gt;santidad, y a la seguridad que pedía el haber de vivir&lt;br /&gt;Dios en ella como en fortaleza invencible, le convenía&lt;br /&gt;que los fundamentos de sus muros, que eran los primeros&lt;br /&gt;principios de su Concepción Inmaculada, se fabricasen&lt;br /&gt;de todo género de virtudes y en grado eminentísimo y tan&lt;br /&gt;precioso, que no se hallasen otras piedras más ricas para&lt;br /&gt;fundamento de este muro.&lt;br /&gt;285. El primer fundamento o piedra, dice que era de&lt;br /&gt;jaspe, cuya variedad y fortaleza dice la constancia o&lt;br /&gt;fortaleza que le fue infundida a esta gran Señora en el&lt;br /&gt;punto de su Concepción Santísima, para que con aquel&lt;br /&gt;hábito quedara dispuesta por el discurso de su vida para&lt;br /&gt;obrar todas las virtudes con invencible magnificencia y&lt;br /&gt;constancia. Y porque estas virtudes y hábitos que se le&lt;br /&gt;concedieron e infundieron a María Santísima en el&lt;br /&gt;instante de su concepción, significadas por estas piedras&lt;br /&gt;preciosas, tuvieron singulares privilegios que le concedió&lt;br /&gt;el Altísimo en cada una de estas doce piedras, los&lt;br /&gt;manifestaré como me fuere posible, para que se entienda&lt;br /&gt;el Misterio que encierran los doce fundamentos de la Ciudad&lt;br /&gt;de Dios. En este hábito de fortaleza general se le&lt;br /&gt;concedió especial superioridad y como imperio sobre la&lt;br /&gt;antigua serpiente, para que la pudiese rendir, vencer y&lt;br /&gt;sujetar, y para que a todos los demonios les pusiese un&lt;br /&gt;género de terror, que huyesen de ella y de muy lejos la&lt;br /&gt;temiesen, como temblando de acercarse a su divina&lt;br /&gt;presencia; y por esto no llegaban a María Santísima sin&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;ser afligidos con gran pena. Anduvo tan liberal la Divina&lt;br /&gt;Providencia con Su Alteza, que no sólo no la entró en las&lt;br /&gt;leyes comunes de los hijos del primer padre, librándola&lt;br /&gt;de la culpa original y de la sujeción al demonio que&lt;br /&gt;contraen los que en ella son comprendidos, sino que&lt;br /&gt;apartándola de todos estos daños, juntamente la&lt;br /&gt;concedió el imperio que perdieron todos los hombres&lt;br /&gt;contra los demonios, por no haberse conservado en el&lt;br /&gt;estado de la inocencia. Y a más de esto, por ser Madre&lt;br /&gt;del Hijo del Eterno Padre, que bajó a sus entrañas a&lt;br /&gt;destruir el imperio de maldad de estos enemigos, se le&lt;br /&gt;concedió a la Eminentísima Señora potestad real, participada&lt;br /&gt;del ser de Dios, con que sujetaba, a 'los&lt;br /&gt;demonios y los enviaba repetidas veces a las cavernas&lt;br /&gt;infernales, como adelante diré (Cf. infra p. III n. 447-455).&lt;br /&gt;286. El segundo es zafiro. Esta piedra imita al color del&lt;br /&gt;cielo sereno y claro y señala unos como punticos o&lt;br /&gt;átomos de oro refulgente, que significa la serenidad y&lt;br /&gt;tranquilidad que concedió el Altísimo a los dones y&lt;br /&gt;gracias de María Santísima, para que siempre gozase,&lt;br /&gt;como cielo inmutable, de una paz serena y sin nubes de&lt;br /&gt;turbación, descubriéndose en este sereno unos visos de&lt;br /&gt;divinidad desde el instante de su Concepción&lt;br /&gt;Inmaculada, así por la participación y similitud que&lt;br /&gt;tenían sus virtudes de los atributos divinos, en especial&lt;br /&gt;con el de la inmutabilidad, como porque muchas veces,&lt;br /&gt;siendo viadora, se le corrió la cortina y vio claramente a&lt;br /&gt;Dios, como adelante diré (Cf. infra n. 623); concediéndola&lt;br /&gt;Su Majestad en este don singular privilegio y virtud para&lt;br /&gt;comunicar sosiego y serenidad de entendimiento a&lt;br /&gt;quien la pidiere por medio de su intercesión. Así la&lt;br /&gt;pidieran todos los católicos, a quienes las tormentas&lt;br /&gt;inquietas de los vicios tienen mareados y turbados, como&lt;br /&gt;la consiguieran.&lt;br /&gt;287. El tercero es calcedonia. Toma el nombre esta&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;piedra de la provincia donde se halla, que se llama&lt;br /&gt;Calcedonia. Es del color del carbunco, y de noche imita&lt;br /&gt;su resplandor al de una linterna. El misterio de esta&lt;br /&gt;piedra es manifestar el nombre de María Santísima y su&lt;br /&gt;virtud. Tomóle de esta provincia del mundo donde se&lt;br /&gt;halló, llamándose hija de Adán como los demás, y María,&lt;br /&gt;que mudado el acento en latín significa los mares; porque&lt;br /&gt;fue el océano de las gracias y dones de la divinidad. Y&lt;br /&gt;vino al mundo por medio de su Concepción Purísima, para&lt;br /&gt;anegarle e inundarle con ellas, absorbiendo la malicia&lt;br /&gt;del pecado y sus efectos, y desterrando las tinieblas del&lt;br /&gt;abismo con la luz de su espíritu iluminado con la lumbre&lt;br /&gt;de la sabiduría divina. Concedióla el Altísimo, en&lt;br /&gt;correspondencia de este fundamento, especial virtud&lt;br /&gt;para que por medio de su Nombre Santísimo de María&lt;br /&gt;ahuyentase las espesas nubes de la infidelidad y&lt;br /&gt;destruyese los errores de las herejías, paganismo,&lt;br /&gt;idolatría, y todas las dudas de la fe católica. Y si los&lt;br /&gt;infieles se convirtiesen a esta luz, invocándola, cierto es&lt;br /&gt;que muy presto sacudirían de sus entendimientos las&lt;br /&gt;tinieblas de sus errores y todos se anegarían en este mar&lt;br /&gt;por la virtud de lo alto, y para esto le fue concedida.&lt;br /&gt;288. El cuarto fundamento es esmeralda, cuyo color&lt;br /&gt;verde y alegre, recrea la vista sin fatigarla, y declara&lt;br /&gt;misteriosísimamente la gracia que recibió María&lt;br /&gt;Santísima en su concepción, para que siendo amabilísima&lt;br /&gt;y graciosa en los ojos de Dios y de las criaturas, sin&lt;br /&gt;ofender jamás su dulcísimo nombre y memoria, conservase&lt;br /&gt;en sí misma el verdor y fuerza de la santidad,&lt;br /&gt;virtudes y dones que recibiese y se le concediesen. Y&lt;br /&gt;diole actualmente en esta correspondencia el Altísimo,&lt;br /&gt;que pudiese distribuir este beneficio, comunicándole a&lt;br /&gt;sus fieles devotos que para conseguir la perseverancia y&lt;br /&gt;firmeza en la amistad de Dios y en las virtudes la&lt;br /&gt;llamaren.&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;289. El quinto es sardonio. Esta piedra es transparente&lt;br /&gt;y su color más imita al encarnado claro, aunque&lt;br /&gt;comprende parte de tres colores: abajo negro, en medio&lt;br /&gt;blanco y en lo alto nácar, y todo hace una variedad&lt;br /&gt;graciosa. El misterio de esta piedra y sus colores fue&lt;br /&gt;significar juntamente a la Madre y al Hijo Santísimo que&lt;br /&gt;había de engendrad. Lo negro dice en María la parte&lt;br /&gt;inferior y terrena del cuerpo negrecido por la&lt;br /&gt;mortificación y trabajos que padeció, y lo mismo de su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo afeado por nuestras culpas (Is., 53, 2). Lo&lt;br /&gt;blanco dice la pureza del alma de la Madre Virgen, y la&lt;br /&gt;misma de Cristo, nuestro bien. Y lo encarnado declara en&lt;br /&gt;la humanidad la divinidad unida hipostáticamente, y en&lt;br /&gt;la Madre manifiesta el amor que de su Hijo Santísimo&lt;br /&gt;participó, con todos los resplandores de la Divinidad que&lt;br /&gt;se le comunicaron. Fuele concedido por este fundamento&lt;br /&gt;a la gran Reina del Cielo, que por su intercesión y ruegos&lt;br /&gt;fuese eficaz con sus devotos el valor, suficiente para&lt;br /&gt;todos, de la Encarnación y Redención; y que asimismo&lt;br /&gt;para conseguir este beneficio, les alcanzase devoción&lt;br /&gt;particular con los misterios y vida de Cristo Señor&lt;br /&gt;nuestro.&lt;br /&gt;290. El sexto, sardio. Esta piedra también es&lt;br /&gt;transparente y, por lo que imita a la llama clara del&lt;br /&gt;fuego fue símbolo del don que se le concedió a la Reina&lt;br /&gt;del Cielo de arder su corazón en el divino amor&lt;br /&gt;incesantemente, como la llama del fuego, porque nunca&lt;br /&gt;(hizo intervalo, ni se aplacó la llama de este incendio en&lt;br /&gt;su pecho; antes desde el instante de su concepción,&lt;br /&gt;donde y cuando se encendió este fuego, siempre creció&lt;br /&gt;más, y en el estado supremo que pudo caber en pura&lt;br /&gt;criatura, arde y arderá por todas las eternidades. Fuele&lt;br /&gt;concedido aquí a María Santísima privilegio especial&lt;br /&gt;para dispensar con esta correspondencia el influjo&lt;br /&gt;del Espíritu Santo, y su amor y dones, a quien le pidiere&lt;br /&gt;por ella.&lt;br /&gt;6&lt;br /&gt;291. El séptimo, crisólito. Esta piedra imita en su color&lt;br /&gt;al oro refulgente con alguna similitud de lumbre o fuego,&lt;br /&gt;y ésta se descubre más en la noche que en el día.&lt;br /&gt;Declara en María Santísima el ardiente amor que tuvo a&lt;br /&gt;la Iglesia militante y a sus misterios y Ley de Gracia en&lt;br /&gt;especial. Y lució más este amor en la noche que cubrió la&lt;br /&gt;Iglesia con la muerte de su Hijo Santísimo y en el Magisterio&lt;br /&gt;que tuvo esta gran Reina en los principios de la Ley&lt;br /&gt;Evangélica y en el afecto con que pidió su&lt;br /&gt;establecimiento y de sus Sacramentos; cooperando a&lt;br /&gt;todo —como en sus lugares diré (Cf. infra p. III passim)—&lt;br /&gt;con el ardentísimo amor que tuvo a la salud humana; y&lt;br /&gt;ella sola fue la que supo y pudo dignamente hacer el&lt;br /&gt;aprecio debido de la Ley Santísima de su Hijo. Con este&lt;br /&gt;amor fue prevenida y dotada, desde su Inmaculada&lt;br /&gt;Concepción, para coadjutora de Cristo nuestro Señor; y&lt;br /&gt;se le concedió especial privilegio para alcanzar gracia a&lt;br /&gt;quien la llamare, con que se dispongan para recibir los&lt;br /&gt;Sacramentos de la Santa Iglesia con fruto espiritual y no&lt;br /&gt;poner óbice en sus efectos.&lt;br /&gt;292. El octavo, berilo. Este es de color verde y amarillo,&lt;br /&gt;pero más tiene de verde, con que imita y parece a la&lt;br /&gt;oliva, y resplandece brillantemente. Representa las&lt;br /&gt;singulares virtudes de fe y esperanza que fueron dadas a&lt;br /&gt;María Santísima en su concepción, con especial claridad&lt;br /&gt;para que emprendiese y obrase cosas arduas y&lt;br /&gt;superiores, como en efecto las hizo por la gloria de su&lt;br /&gt;Hacedor. Fuele concedido con este don que diese a sus&lt;br /&gt;devotos esfuerzo de fortaleza y paciencia en las&lt;br /&gt;tribulaciones y dificultades de los trabajos, y que dispensase&lt;br /&gt;de aquellas virtudes y dones en virtud de la&lt;br /&gt;divina fidelidad y asistencia del Señor.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_FgMtOqNOPlQ/SE2o6mrGrfI/AAAAAAAAAKc/-804VMVJUIA/s1600-h/paloma37.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5210006068704751090" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_FgMtOqNOPlQ/SE2o6mrGrfI/AAAAAAAAAKc/-804VMVJUIA/s400/paloma37.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;293. El noveno, topacio. Esta piedra es transparente,&lt;br /&gt;de color morado, y de valor y estima. Fue símbolo de la&lt;br /&gt;7&lt;br /&gt;honestísima virginidad de María Señora nuestra junto&lt;br /&gt;con ser Madre del Verbo Humanado, y todo fue para Su&lt;br /&gt;Alteza de grande y singular estimación, con humilde&lt;br /&gt;agradecimiento que le duró toda la vida. En el instante&lt;br /&gt;de su concepción pidió al Altísimo la virtud de la&lt;br /&gt;castidad, y se la ofreció para lo restante de ser viadora; y&lt;br /&gt;conoció entonces que le era concedida esta petición&lt;br /&gt;sobre sus votos y deseos; y no sólo para sí, sino que la&lt;br /&gt;concedió el Señor que fuese maestra y guía de las&lt;br /&gt;vírgenes y castas, y que por su intercesión alcanzasen&lt;br /&gt;estas virtudes sus devotos y la perseverancia en ellas.&lt;br /&gt;294. El décimo es crisoprasio, cuyo color es verde;&lt;br /&gt;muestra algo de oro. Significa la muy firmísima&lt;br /&gt;esperanza que se le concedió a María Santísima en su&lt;br /&gt;concepción, retocada con el amor de Dios que la&lt;br /&gt;realzaba. Y esta virtud fue inmóvil en nuestra Reina, como&lt;br /&gt;convenía para que a las demás comunicase este&lt;br /&gt;mismo efecto; porque su estabilidad se fundaba en la&lt;br /&gt;firmeza inmutable de su ánimo generoso y alto en todos&lt;br /&gt;los trabajos y ejercicios de su vida santísima, en&lt;br /&gt;especial en la muerte y pasión de su benditísimo Hijo.&lt;br /&gt;Concediósele con este beneficio que fuese eficaz&lt;br /&gt;Medianera con el Altísimo para alcanzar esta virtud de la&lt;br /&gt;firmeza en la esperanza para sus devotos.&lt;br /&gt;295. Undécimo, jacinto, que muestra el color violado&lt;br /&gt;perfecto. Y en este fundamento se encierra el amor que&lt;br /&gt;tuvo María Santísima, infuso en su concepción, de la&lt;br /&gt;redención del linaje humano, participado de antemano&lt;br /&gt;del que su Hijo y nuestro Redentor había de tener para&lt;br /&gt;morir por los hombres. Y como de aquí se había de&lt;br /&gt;originar todo el remedio del pecado y justificación de las&lt;br /&gt;almas, se le concedió a esta gran Reina especial&lt;br /&gt;privilegio con este amor, que le duró desde aquel primer&lt;br /&gt;instante, para que por su intercesión ningún género de&lt;br /&gt;pecadores, por grandes y abominables que fuesen, si la&lt;br /&gt;8&lt;br /&gt;llamasen de veras, fuesen excluidos del fruto de la&lt;br /&gt;redención y justificación, y que por esta poderosa Señora&lt;br /&gt;y Abogada alcanzasen la vida eterna.&lt;br /&gt;296. El duodécimo, ametisto, de color refulgente con&lt;br /&gt;visos violados. El misterio de esta piedra o fundamento&lt;br /&gt;corresponde en parte al primero; porque significa un&lt;br /&gt;género de virtud que se le concedió en su concepción a&lt;br /&gt;María Santísima contra las potestades del infierno, para&lt;br /&gt;que sintiesen los demonios que salía de ella una fuerza,&lt;br /&gt;aunque no les mandase ni obrase contra ellos, que les&lt;br /&gt;afligía y atormentaba si querían acercarse a su persona.&lt;br /&gt;Y fuele concedido este privilegio como consiguiente al&lt;br /&gt;incomparable celo que esta Señora tenía que exaltar y&lt;br /&gt;defender la gloria de Dios y su honra. Y en virtud de este&lt;br /&gt;singular beneficio tiene María Santísima particular&lt;br /&gt;potestad para expeler los demonios de los cuerpos humanos&lt;br /&gt;con la invocación de su dulcísimo nombre, tan&lt;br /&gt;poderoso contra estos espíritus malignos que en&lt;br /&gt;oyéndole quedan rendidas y quebrantadas sus fuerzas.&lt;br /&gt;Estos son en suma los misterios de los doce fundamentos&lt;br /&gt;sobre que edificó Dios su Ciudad Santa de María; y&lt;br /&gt;aunque contienen otros muchos misterios y sacramentos&lt;br /&gt;de los favores que recibió, que no puedo explicarlos, pero&lt;br /&gt;en el discurso de esta Historia se irán manifestando,&lt;br /&gt;como el Señor me diere luz y fuerzas para decirlo.&lt;br /&gt;297. Prosigue y dice el Evangelista que las doce puertas&lt;br /&gt;son doce margaritas, por cada una puerta una margarita.&lt;br /&gt;El número de tantas puertas de esta ciudad&lt;br /&gt;manifiesta que por María Santísima, y por su inefable&lt;br /&gt;dignidad y merecimientos, se hizo tan feliz como franca&lt;br /&gt;la entrada para la vida eterna. Y era como debido y&lt;br /&gt;correspondiente a la excelencia de esta eminente Reina,&lt;br /&gt;que en ella y por ella se magnificase la misericordia&lt;br /&gt;infinita del Altísimo, abriéndose tantos caminos para&lt;br /&gt;comunicarse la divinidad, y para entrar a su participación&lt;br /&gt;9&lt;br /&gt;todos los mortales por medio de María Purísima, si&lt;br /&gt;quisieren entrar por sus méritos e intercesión poderosa.&lt;br /&gt;Pero el precio, grandiosidad, hermosura y belleza de&lt;br /&gt;estas doce puertas, que eran de margaritas o perlas,&lt;br /&gt;declara el valor de la dignidad y gracias de esta&lt;br /&gt;Emperatriz de las alturas y la suavidad de su nombre&lt;br /&gt;dulcísimo para atraer a Dios a los mortales. Conoció María&lt;br /&gt;Santísima este beneficio del Señor, de que la hacía&lt;br /&gt;Medianera única del linaje humano y despensera de los&lt;br /&gt;tesoros de su divinidad por su Hijo Unigénito. Y con este&lt;br /&gt;conocimiento supo la prudente y oficiosa Señora hacer&lt;br /&gt;tan preciosos y tan hermosos los merecimientos de sus&lt;br /&gt;obras y dignidad, que es asombro de los bienaventurados&lt;br /&gt;del cielo, y por eso fueron las puertas de esta ciudad&lt;br /&gt;preciosas margaritas para el Señor y los hombres.&lt;br /&gt;298. En esta correspondencia dice que la plaza de esta&lt;br /&gt;ciudad era oro purísimo como vidrio lucidísimo. La plaza&lt;br /&gt;de esta ciudad de Dios, María Santísima, es el interior,&lt;br /&gt;donde, como en plaza y lugar común, concurren todas las&lt;br /&gt;potencias y asiste el comercio y trato de la república del&lt;br /&gt;alma y todo lo que entra en ella por los sentidos o por&lt;br /&gt;otros caminos. Esta plaza en María Santísima fue oro&lt;br /&gt;lucidísimo y purísimo, porque estaba como fabricada de&lt;br /&gt;sabiduría y amor divino. Nunca hubo allí tibieza, ni&lt;br /&gt;ignorancia o inadvertencia; todos sus pensamientos&lt;br /&gt;fueron altísimos, y sus afectos inflamados en inmensa&lt;br /&gt;caridad. Y en esta plaza se consultaron los misterios&lt;br /&gt;altísimos de la divinidad; allí se despachó aquel fíat mihi&lt;br /&gt;(Lc., 1, 38), etc., que dio principio a la mayor obra que&lt;br /&gt;Dios ha hecho ni hará jamás; allí se formaron y&lt;br /&gt;consultaron innumerables peticiones para el tribunal de&lt;br /&gt;Dios en favor del linaje humano; allí están depositadas&lt;br /&gt;las riquezas que bastan para sacar de pobreza a todo el&lt;br /&gt;mundo, si todos entraren al comercio de esta plaza. Y aun&lt;br /&gt;será también plaza de armas contra el demonio y todos&lt;br /&gt;los vicios; pues en el interior de María Purísima estaban&lt;br /&gt;10&lt;br /&gt;las gracias y virtudes que a ella la hicieron terrible&lt;br /&gt;contra el infierno, y a nosotros nos darían virtud y fuerzas&lt;br /&gt;para vencerle.&lt;br /&gt;299. Dice más: Que en la ciudad no hay templo, porque&lt;br /&gt;el Señor Dios omnipotente es su templo, y el Cordero. El&lt;br /&gt;templo en las ciudades sirve para el culto y oración que&lt;br /&gt;damos a Dios, y fuera grande falta si en la ciudad de Dios&lt;br /&gt;no hubiera templo, cual a su grandeza y excelencia&lt;br /&gt;convenía. Pero en esta ciudad de María Santísima hubo&lt;br /&gt;tan sagrado templo, que el mismo Dios omnipotente y el&lt;br /&gt;Cordero, que son la divinidad y humanidad de su Hijo&lt;br /&gt;unigénito, fueron templo suyo, porque en ella estuvieron&lt;br /&gt;como en su lugar legítimo y templo, donde fueron&lt;br /&gt;adorados y reverenciados en espíritu y verdad (Jn., 4, 23),&lt;br /&gt;más dignamente que en "todos los templos del mundo.&lt;br /&gt;Fueron también templo de María Purísima, porque ella&lt;br /&gt;estuvo comprendida y rodeada y como encerrada en la&lt;br /&gt;divinidad y humanidad, sirviéndola de su habitación y&lt;br /&gt;tabernáculo. Y como estando en él nunca cesó de adorar,&lt;br /&gt;dar culto y orar al mismo Dios y al Verbo Humanado en&lt;br /&gt;sus entrañas, por eso estaba en Dios y en el Cordero&lt;br /&gt;como en templo, pues al templo no le conviene menos&lt;br /&gt;que la santidad continua en todos tiempos. Y para&lt;br /&gt;considerar esta divina Señora dignamente, siempre la&lt;br /&gt;debemos imaginar en la misma Divinidad encerrada&lt;br /&gt;como en templo, y en su Hijo Santísimo; y allí&lt;br /&gt;entenderemos qué actos y operaciones de amor,&lt;br /&gt;adoración y reverencia haría; qué delicias sentiría con el&lt;br /&gt;mismo Señor y qué peticiones haría en aquel templo tan&lt;br /&gt;en favor del linaje humano; que como veía en Dios la&lt;br /&gt;necesidad grande de reparo que tenía, se encendía en su&lt;br /&gt;caridad, clamaba y pedía de lo íntimo del corazón por la&lt;br /&gt;salud de los mortales.&lt;br /&gt;300. También dice el evangelista: Que la ciudad no ha&lt;br /&gt;menester sol ni luna que la den luz, porque la claridad de&lt;br /&gt;11 &lt;a href="http://bp0.blogger.com/_FgMtOqNOPlQ/SE2dvsyr8YI/AAAAAAAAAKE/kJMj0CetvlU/s1600-h/images,,,,,,,,,,.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5209993786740699522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_FgMtOqNOPlQ/SE2dvsyr8YI/AAAAAAAAAKE/kJMj0CetvlU/s400/images,,,,,,,,,,.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Dios la iluminó, y su lucerna es el Cordero. A la&lt;br /&gt;presencia de otra claridad mayor y más refulgente que la&lt;br /&gt;del sol y de la luna, no son éstas necesarias, como sucede&lt;br /&gt;en el cielo empíreo, que allí hay claridad de infinitos&lt;br /&gt;soles y no hace falta éste que nos alumbra, aunque es tan&lt;br /&gt;resplandeciente y hermoso. En María Santísima, nuestra&lt;br /&gt;Reina, no fue necesario otro sol ni luna de criaturas, para&lt;br /&gt;que la enseñasen o alumbrasen, porque sola sin ejemplo&lt;br /&gt;agradó y complació a Dios; ni tampoco su sabiduría,&lt;br /&gt;santidad y perfección de obrar pudo tener otro maestro y&lt;br /&gt;arbitro menos que al mismo sol de justicia y a su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo. Todas las demás criaturas fueron ignorantes&lt;br /&gt;para enseñarla a merecer ser Madre digna de su Criador;&lt;br /&gt;pero en esta misma escuela aprendió a ser humildísima y&lt;br /&gt;obedientísima entre los humildes y obedientes, pues no&lt;br /&gt;por ser enseñada del mismo Dios dejó de preguntar y&lt;br /&gt;obedecer hasta a los más inferiores en las cosas que&lt;br /&gt;convenía obedecerlos, antes, como discípula única del&lt;br /&gt;que enmienda a los sabios, aprendió esta divina filosofía&lt;br /&gt;de tal Maestro. Y salió tan sabia, que pudo decir el&lt;br /&gt;evangelista:&lt;br /&gt;301. Y las gentes caminarán can su luz: porque si Cristo&lt;br /&gt;Señor nuestro llamó a los doctores y santos luces&lt;br /&gt;encendidas (Mt., 5, 14) y puestas sobre el candelero de la&lt;br /&gt;Iglesia para que la ilustrasen, y del resplandor y de la luz&lt;br /&gt;que han derramado los Patriarcas, Profetas, Apóstoles,&lt;br /&gt;Mártires y Doctores, han llenado a la Iglesia Católica de&lt;br /&gt;tanta claridad que parece un cielo con muchos soles y&lt;br /&gt;lunas ¿qué se podrá decir de María Santísima, cuya luz y&lt;br /&gt;resplandor excede incomparablemente a todos los&lt;br /&gt;Maestros y Doctores de la Iglesia y a los mismos Ángeles&lt;br /&gt;del cielo? Si los mortales tuvieran claros ojos para ver&lt;br /&gt;estas luces de María Santísima, ella sola bastaba para&lt;br /&gt;iluminar a todo hombre que viene al mundo (Jn., 1, 9) y&lt;br /&gt;encaminarlos por las sendas rectas de la eternidad. Y&lt;br /&gt;porque todos los que han llegado al conocimiento de Dios&lt;br /&gt;12&lt;br /&gt;han caminado con la luz de esta Ciudad Santa, dice San&lt;br /&gt;Juan: Que las gentes caminarán con su luz. Y a esto se&lt;br /&gt;seguirá también:&lt;br /&gt;302. Y los reyes de la tierra llevarán a ella su honor y su&lt;br /&gt;gloria. Muy felices serán los reyes y los príncipes que en&lt;br /&gt;sus personas y monarquías trabajaren con dichoso&lt;br /&gt;desvelo para cumplir esta profecía. Todos debían&lt;br /&gt;hacerlo; pero serán bienaventurados los que lo hicieren,&lt;br /&gt;convirtiéndose con afecto íntimo del corazón a María&lt;br /&gt;Santísima, empleando la vida, la honra, las riquezas y&lt;br /&gt;grandeza de sus fuerzas y estados en la defensa de esta&lt;br /&gt;Ciudad de Dios y en dilatar su gloria por el mundo y&lt;br /&gt;engrandecer su nombre por la Iglesia Santa, y contra la&lt;br /&gt;osadía loca de los infieles y herejes. Con dolor íntimo me&lt;br /&gt;admiro de los príncipes católicos que no se desvelen para&lt;br /&gt;obligar a esta Señora e invocarla, para que en sus&lt;br /&gt;peligros, que en los príncipes son mayores, tengan su&lt;br /&gt;refugio y protección, intercesora y abogada. Y si los&lt;br /&gt;peligros son grandes en los reyes y potentados,&lt;br /&gt;acuérdense que no es menor su obligación de ser&lt;br /&gt;agradecidos, pues dice de sí misma esta divina Reina y&lt;br /&gt;Señora que por ella reinan los reyes y mandan los&lt;br /&gt;príncipes, y los grandes y poderosos administran justicia,&lt;br /&gt;ama a los que la aman y los que la ilustraren alcanzarán&lt;br /&gt;la vida eterna, porque obrando en ella no pecarán (Prov.,&lt;br /&gt;8, 15ss).&lt;br /&gt;303. No quiero ocultar la luz que muchas Veces se me&lt;br /&gt;ha dado, y señaladamente en este lugar, para que la&lt;br /&gt;manifieste. En el Señor se me ha mostrado que todas las&lt;br /&gt;aflicciones de la Iglesia Católica, y los trabajos que&lt;br /&gt;padece el pueblo cristiano, siempre se han reparado por&lt;br /&gt;medio de la intercesión de María Santísima; y que en el&lt;br /&gt;afligido siglo de los tiempos presentes, cuando la&lt;br /&gt;soberbia de los herejes tanto se levanta contra Dios y su&lt;br /&gt;Iglesia llorosa y afligida, sólo tienen un remedio tan&lt;br /&gt;13&lt;br /&gt;lamentables miserias; y éste es convertirse los reinos y&lt;br /&gt;los reyes católicos a la Madre de la Gracia y&lt;br /&gt;Misericordia, María Santísima, obligándola con algún&lt;br /&gt;singular servicio en que se acreciente y dilate su&lt;br /&gt;devoción y gloria por toda la redondez de la tierra, para&lt;br /&gt;que, inclinándose a nosotros, nos mire con misericordia.&lt;br /&gt;En primer lugar alcance gracia de su Hijo Santísimo, con&lt;br /&gt;que se reformen los vicios tan desbocados como el enemigo&lt;br /&gt;común ha sembrado en el pueblo cristiano, y con su&lt;br /&gt;intercesión aplaque la ira del Señor que tan justamente&lt;br /&gt;nos castiga y amenaza con mayor azote y desdichas. De&lt;br /&gt;esta reformación y enmienda de nuestros pecados se&lt;br /&gt;seguirá en segundo lugar la victoria contra los infieles y&lt;br /&gt;extirpación de las falsas sectas que oprimen la Iglesia&lt;br /&gt;Santa, porque María Santísima es el cuchillo que las ha&lt;br /&gt;de extinguir y degollar en el mundo universo.&lt;br /&gt;304. Hoy experimenta el mundo el daño de este olvido,&lt;br /&gt;y si los príncipes católicos no tienen prósperos sucesos en&lt;br /&gt;el gobierno de sus reinos, en su conservación y aumento&lt;br /&gt;de la fe católica, en la expugnación de sus enemigos, en&lt;br /&gt;las victorias o guerras contra los infieles, todo sucede&lt;br /&gt;porque no atinan con este norte que los encamine, ni&lt;br /&gt;han puesto a María por principio y fin inmediato de sus&lt;br /&gt;obras y pensamientos, olvidados que esta Reina anda en&lt;br /&gt;los caminos de la justicia para enseñarla y llevarlos por&lt;br /&gt;ella y enriquecer a los que la aman (Prov., 8, 21).&lt;br /&gt;305. ¡Oh Príncipe y Cabeza de la Santa Iglesia católica&lt;br /&gt;y Prelados que también os llamáis príncipes de ella! ¡Oh&lt;br /&gt;católico Príncipe y Monarca de España (Felipe IV, con&lt;br /&gt;quien la autora mantuvo correspondencia epistolar), a&lt;br /&gt;quien por obligación natural, por singular afecto y por&lt;br /&gt;orden del Altísimo enderezo esta humilde pero&lt;br /&gt;verdadera exhortación! arrojad vuestra corona y&lt;br /&gt;monarquía a los pies de esta Reina y Señora del cielo y&lt;br /&gt;de la tierra; buscad a la Restauradora de todo el linaje&lt;br /&gt;14&lt;br /&gt;humano; acudid a la que con el poder Divino es sobre&lt;br /&gt;todo el poder de los hombres y del infierno; convertid&lt;br /&gt;vuestros afectos a la que tiene en su mano las&lt;br /&gt;llaves de la voluntad y tesoros del Altísimo; llevad vuestra&lt;br /&gt;honra y gloria a esta Ciudad Santa de Dios, que no&lt;br /&gt;la quiere porque la ha menester para acrecentar la suya&lt;br /&gt;sino antes para mejorar y dilatar la vuestra; ofrecedle&lt;br /&gt;con vuestra piedad católica y de todo corazón algún&lt;br /&gt;obsequio grande y agradable, en cuya recompensa están&lt;br /&gt;librados infinitos bienes, la conversión de gentiles, la&lt;br /&gt;victoria contra herejes y paganos, la paz y tranquilidad&lt;br /&gt;de la Iglesia, nueva luz y auxilios para mejorar las&lt;br /&gt;costumbres y haceros rey grande y glorioso en esta vida y&lt;br /&gt;en la otra.&lt;br /&gt;306. ¡Oh reino y monarquía de España católica, y por&lt;br /&gt;esto dichosísima, si a la firmeza y celo de tu fe que sobre&lt;br /&gt;tus méritos has recibido de la omnipotente diestra,&lt;br /&gt;añadieses tú el temor santo de Dios, correspondiente a la&lt;br /&gt;profesión de esta fe, señalada entre las naciones de todo&lt;br /&gt;el orbe! ¡Oh, si para conseguir este fin y corona de tus&lt;br /&gt;felicidades, todos tus moradores se levantasen con&lt;br /&gt;ardiente fervor en la devoción de María Santísima! ¡Cómo&lt;br /&gt;resplandecería tu gloria, cómo serías iluminada, cómo,&lt;br /&gt;amparada y defendida de esta Reina, y tus católicos&lt;br /&gt;reyes enriquecidos de tesoros de lo alto, y por su mano la&lt;br /&gt;suave ley del Evangelio propagada por todas las&lt;br /&gt;naciones! Advierte que esta gran Princesa honra a los&lt;br /&gt;que la honran, enriquece a los que la buscan, ilustra a los&lt;br /&gt;que la ilustran y defiende a los que en ella esperan; y&lt;br /&gt;para hacer contigo estos oficios de madre singular y usar&lt;br /&gt;de nuevas misericordias, te aseguro que espera y desea&lt;br /&gt;que la obligues y solicites su maternal amor. Pero&lt;br /&gt;también advierte que Dios de nadie necesita (Sal., 15,&lt;br /&gt;2) y es poderoso para hacer de piedras hijos de&lt;br /&gt;Abrahán (Lc., 3, 8); y si de tanto bien te haces indigna,&lt;br /&gt;puede reservar esta gloria para quien él fuere servido y&lt;br /&gt;15&lt;br /&gt;menos lo desmereciere.&lt;br /&gt;307. Y porque no ignores el servicio con que hoy se dará&lt;br /&gt;por obligada esta Reina y Señora de todos, entre muchos&lt;br /&gt;que te enseñará tu devoción y piedad, atiende al estado&lt;br /&gt;que tiene el misterio de su Inmaculada Concepción en&lt;br /&gt;toda la Iglesia y lo que falta para asegurar con firmeza&lt;br /&gt;los fundamentos de esta Ciudad de Dios. Y nadie&lt;br /&gt;juzgue esta advertencia como de mujer flaca e ignorante,&lt;br /&gt;o nacida de particular devoción y amor a mi estado y&lt;br /&gt;profesión debajo de este nombre y religión de María sin&lt;br /&gt;pecado original, pues para mí me basta mi creencia y luz&lt;br /&gt;que en esta Historia he recibido; no es para mí esta&lt;br /&gt;exhortación, ni yo la diera por sólo mi juicio y dictamen;&lt;br /&gt;obedezco en ella al Señor que da lengua a los mudos,&lt;br /&gt;hace prestas las de los niños infantes (Sab., 10, 21). Y&lt;br /&gt;quien se admirare de esta liberal misericordia, advierta&lt;br /&gt;lo que de esta Señora añade el Evangelista, diciendo:&lt;br /&gt;308. Y sus puertas no estarán cerradas por el día, que&lt;br /&gt;allí no hay noche. Las puertas de la misericordia de&lt;br /&gt;María Santísima nunca estuvieron ni están cerradas, ni&lt;br /&gt;hubo en ella noche de culpa, desde el instante primero&lt;br /&gt;de su ser y concepción, que cerrase las puertas de esta&lt;br /&gt;Ciudad de Dios, como en los demás santos. Y como en un&lt;br /&gt;lugar donde las puertas están siempre patentes, salen&lt;br /&gt;y entran libremente todos los que quieren, a todos&lt;br /&gt;tiempos y horas, así a ninguno se le pone entredicho de&lt;br /&gt;los mortales para que entre con libertad al comercio de&lt;br /&gt;la divinidad por las puertas de la misericordia de María&lt;br /&gt;Purísima, donde tiene estanco el tesoro del cielo, sin&lt;br /&gt;limitación de tiempo, lugar, edad, ni sexo. Todos han&lt;br /&gt;podido entrar desde su fundación; que para eso la fundó&lt;br /&gt;el Altísimo con tantas puertas, y éstas no cerradas, sino&lt;br /&gt;abiertas y francas, y a la luz; porque desde su&lt;br /&gt;Concepción Purísima comenzaron a salir misericordias y&lt;br /&gt;beneficios por estas puertas para todo el linaje humano.&lt;br /&gt;16&lt;br /&gt;Pero no porque tiene tantas puertas para que salgan por&lt;br /&gt;ellas las riquezas de la Divinidad, deja de estar segura&lt;br /&gt;de enemigos. Y por eso añade el texto:&lt;br /&gt;309. No entrará en ella cosa manchada, o que cometiere&lt;br /&gt;abominación y mentira, mas de aquellos que están&lt;br /&gt;escritos en el libro de la vida del Cordero. Renovando el&lt;br /&gt;evangelista el privilegio de las inmunidades de esta&lt;br /&gt;Ciudad de Dios, María, dio fin a este capítulo 21,&lt;br /&gt;asegurándonos que en ella no entró cosa manchada,&lt;br /&gt;porque se le dio alma y cuerpo inmaculados. Y no se&lt;br /&gt;pudiera decir que no había entrado en ella cosa sin&lt;br /&gt;mancha, si hubiera tenido la de la culpa original, pues&lt;br /&gt;aun por esta puerta no entran las manchas o máculas de&lt;br /&gt;los pecados actuales. Todo lo que entró en esta Ciudad&lt;br /&gt;Santa fue lo que estaba escrito en la vida del Cordero,&lt;br /&gt;porque de su Hijo Santísimo se tomó el padrón y original&lt;br /&gt;para formarla, y de ningún otro se pudo copiar virtud&lt;br /&gt;alguna de María Santísima, por pequeña que fuese, si en&lt;br /&gt;ella pudiera haber alguna pequeña. Y si a esta puerta de&lt;br /&gt;María corresponde el ser ciudad de refugio para los&lt;br /&gt;mortales, es con condición que tampoco ha de tener&lt;br /&gt;parte ni entrada en ella el que cometiere abominación y&lt;br /&gt;mentira. Mas no por esto se despidan los manchados y&lt;br /&gt;pecadores hijos de Adán de llegar a las puertas de esta&lt;br /&gt;Ciudad Santa de Dios, que si llegan reconocidos y&lt;br /&gt;humillados a buscar la limpieza de la gracia, en estas&lt;br /&gt;puertas de la gran Reina la hallarán y no en otras. Limpia&lt;br /&gt;es, pura es, abundante es, y sobre todo es Madre de la&lt;br /&gt;Misericordia, dulce, amorosa y poderosa para enriquecer&lt;br /&gt;nuestra pobreza y limpiar las máculas de todas nuestras&lt;br /&gt;culpas.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la Reina en estos capítulos.&lt;br /&gt;310. Hija mía, grande enseñanza y luz encierran los&lt;br /&gt;misterios de estos capítulos, aunque en ellos has dejado&lt;br /&gt;17&lt;br /&gt;de decir muchas cosas. Pero de todo lo que has&lt;br /&gt;entendido y escrito trabaja para que te aproveches y no&lt;br /&gt;recibas la luz de la gracia en vano (2 Cor., 6, 1). Y lo que&lt;br /&gt;brevemente quiero de ti que adviertas es que, por haber&lt;br /&gt;sido tú concebida en pecado, descendiente de tierra y&lt;br /&gt;con inclinaciones terrenas, no por eso desmayes en la&lt;br /&gt;batalla de las pasiones hasta vencerlas, y en ellas a tus&lt;br /&gt;enemigos, pues con las fuerzas de la gracia del Altísimo,&lt;br /&gt;que te ayudará, te puedes levantar sobre ti misma y&lt;br /&gt;hacerte descendiente del cielo, donde viene la gracia. Y&lt;br /&gt;para que lo consigas ha de ser tu continua habitación las&lt;br /&gt;alturas, estando tu mente fija en el conocimiento del ser&lt;br /&gt;inmutable y perfecciones de Dios, sin consentir que de&lt;br /&gt;allí te derribe la atención de otra cosa alguna, aunque&lt;br /&gt;sea de las cosas necesarias. Y con esta incesante&lt;br /&gt;memoria y vista interior de la grandeza de Dios estarás&lt;br /&gt;dispuesta en todo lo demás para obrar lo más perfecto&lt;br /&gt;de las virtudes, y te harás idónea para recibir él influjo&lt;br /&gt;del Espíritu Santo y sus dones, y llegar al estrecho vínculo&lt;br /&gt;de la amistad y comunicación con el Señor. Y para que no&lt;br /&gt;impidas en esto su voluntad santa, que muchas veces se&lt;br /&gt;te ha mostrado y manifestado, trabaja en mortificar la&lt;br /&gt;parte inferior de la criatura, donde viven las inclinaciones&lt;br /&gt;y pasiones siniestras. Muere a todo lo terreno, sacrifica&lt;br /&gt;en presencia del Altísimo todos tus apetitos sensitivos y&lt;br /&gt;ninguno cumplas, ni hagas tu voluntad sin obediencia, ni&lt;br /&gt;salgas del secreto de tu interior donde te ilustrará la&lt;br /&gt;lucerna del Cordero. Adórnate para entrar en el tálamo&lt;br /&gt;de tu Esposo y déjate componer, como lo hará la diestra&lt;br /&gt;del Todopoderoso, si tú concurres de tu parte y no le&lt;br /&gt;impides. Purifica tu alma con muchos actos de dolor de&lt;br /&gt;haberle ofendido y con ardentísimo amor le alaba y&lt;br /&gt;magnifica. Búscale y no sosiegues hasta hallar al que&lt;br /&gt;desea tu alma y no le dejes (Cant., 3, 4). Y quiero que&lt;br /&gt;vivas en esta peregrinación al modo de los que la han&lt;br /&gt;acabado, mirando sin cesar al objeto que los hace gloriosos.&lt;br /&gt;Este ha de ser el arancel de tu vida, para que con&lt;br /&gt;18&lt;br /&gt;la luz de la fe y la claridad de Dios omnipotente, que te&lt;br /&gt;iluminará y llenará tu espíritu, le ames, adores y&lt;br /&gt;reverencies, sin hacer en esto intervalo alguno. Esta es la&lt;br /&gt;voluntad del Altísimo en ti; advierte lo que puedes&lt;br /&gt;granjear y también lo que puedes perder. No quieras por&lt;br /&gt;ti misma aventurarlo, pero sujeta tu voluntad y redúcete&lt;br /&gt;toda a la enseñanza de tu Esposo, a la mía y a la de la&lt;br /&gt;obediencia, con quien lo has de conferir todo.—Esta fue&lt;br /&gt;la doctrina que me dio la Madre del Señor, a quien yo&lt;br /&gt;respondí llena de confusión, y la dije:&lt;br /&gt;311. Reina y Señora de todo lo criado, cuya soy y deseo&lt;br /&gt;serlo por todas las eternidades, yo alabo por todas ellas&lt;br /&gt;la omnipotencia del Altísimo, que tanto quiso&lt;br /&gt;engrandeceros. Pues tan próspera sois y tan poderosa&lt;br /&gt;con Su Alteza, yo, Señora mía, os suplico miréis con&lt;br /&gt;misericordia a esta vuestra sierva pobre y mísera; y con&lt;br /&gt;los dones que el Señor puso en vuestras manos para&lt;br /&gt;distribuirlos a los necesitados, reparad mi vileza y&lt;br /&gt;enriqueced mi desnuda pobreza y compeledme como&lt;br /&gt;Señora hasta que eficazmente quiera y obre lo más&lt;br /&gt;perfecto y halle gracia en los ojos de vuestro Hijo&lt;br /&gt;Santísimo y mi Señor. Granjead para vos misma esta&lt;br /&gt;exaltación, de que la más inútil criatura sea levantada&lt;br /&gt;del polvo. En vuestras manos pongo mi suerte, queredla&lt;br /&gt;vos, Señora y Reina mía, con eficacia, que vuestro querer&lt;br /&gt;es santo y poderoso, por los méritos de vuestro Hijo&lt;br /&gt;Santísimo y por la palabra de la Beatísima Trinidad, que&lt;br /&gt;tiene empeñada a vuestra voluntad y peticiones, para&lt;br /&gt;admitirlas sin negar alguna. No puedo obligaros porque&lt;br /&gt;soy indigna, pero representóos, Señora mía, vuestra&lt;br /&gt;misma santidad y clemencia.&lt;br /&gt;CAPITULO 20&lt;br /&gt;De lo que sucedió en los nueve meses del preñado&lt;br /&gt;de Santa Ana, y lo que hizo María Santísima en el vientre,&lt;br /&gt;19&lt;br /&gt;y su madre en aquel tiempo.&lt;br /&gt;312. Concebida María Santísima sin pecado original,&lt;br /&gt;como queda dicho, con aquella primera visión que&lt;br /&gt;tuvo de la Divinidad, quedó su espíritu todo absorto y&lt;br /&gt;llevado de aquel objeto de su amor, que comenzó en&lt;br /&gt;aquel estrecho tabernáculo del materno vientre en el&lt;br /&gt;instante que fue criada su alma dichosísima, para no interrumpirse&lt;br /&gt;jamás, antes para continuarle por toda la&lt;br /&gt;eternidad en la suma gloria de pura criatura, que goza&lt;br /&gt;en la diestra de su Hijo Santísimo. Y para que en la&lt;br /&gt;contemplación y amor divino fuese creciendo, a más de&lt;br /&gt;las especies infusas que recibió de otras cosas criadas y&lt;br /&gt;de las que redundaron de la primera visión de la&lt;br /&gt;Santísima Trinidad, con que ejercitó muchos actos de las&lt;br /&gt;virtudes que allí podía obrar, renovó el Señor la maravilla&lt;br /&gt;de aquella visión y manifestación abstractiva de su&lt;br /&gt;divinidad, concediéndosela otras dos veces; de suerte&lt;br /&gt;que se le manifestó la Santísima Trinidad tres veces por&lt;br /&gt;este modo, antes de nacer al mundo: una en el instante&lt;br /&gt;que fue concebida, otra hacia la mitad de los nueve&lt;br /&gt;meses y la tercera el día antes que naciera. Y no se&lt;br /&gt;entienda que por no ser continuo este modo de visión, le&lt;br /&gt;faltó otro más inferior, aunque superiorísimo y muy alto,&lt;br /&gt;con que miraba por fe y especial ilustración el ser de&lt;br /&gt;Dios; que este modo de contemplación fue incesante y&lt;br /&gt;continuo en María Santísima sobre toda la contemplación&lt;br /&gt;que tuvieron todos los viadores juntos.&lt;br /&gt;313. Pero aquella visión abstractiva de la Divinidad,&lt;br /&gt;aunque no era ajena del estado de viadora, con todo&lt;br /&gt;eso era tan alta e inmediata a la visión intuitiva, que&lt;br /&gt;no debía ser continua en esta vida mortal para quien&lt;br /&gt;había de merecer la gloria intuitiva por otros actos; mas&lt;br /&gt;venía a ser sumo beneficio de la gracia para este&lt;br /&gt;intento, porque dejaba especies impresas del Señor en el&lt;br /&gt;alma y la levantaba, y absorbía toda la criatura en el&lt;br /&gt;20&lt;br /&gt;incendio del amor Divino. Estos afectos se renovaron con&lt;br /&gt;estas visiones en el alma santísima de María mientras&lt;br /&gt;estuvo en el vientre de Santa Ana, donde sucedió que&lt;br /&gt;teniendo uso perfectísimo de razón, y ocupándose en&lt;br /&gt;continuas peticiones por el linaje humano, en actos&lt;br /&gt;heroicos de reverencia, adoración y amor de Dios y trato&lt;br /&gt;con los Ángeles, no sintió el encerramiento de la natural&lt;br /&gt;y estrecha cárcel del vientre, ni le hizo falta el no usar de&lt;br /&gt;los sentidos, ni le fueron pesadas las pensiones naturales&lt;br /&gt;de aquel estado. A todo esto dejó de atender, con estar&lt;br /&gt;más en su amado que en el vientre de su madre y más&lt;br /&gt;que en sí misma.&lt;br /&gt;314. La última de estas tres visiones que tuvo fue con&lt;br /&gt;nuevos y más admirables favores del Señor; porque la&lt;br /&gt;manifestó cómo era ya tiempo de salir a luz del mundo y&lt;br /&gt;conversación de los mortales. Y obedeciendo a la Divina&lt;br /&gt;voluntad la Princesa del cielo, dijo al Señor: Dios Altísimo,&lt;br /&gt;dueño de todo mi ser, alma de mi vida y vida de mi alma,&lt;br /&gt;infinito en atributos y perfecciones, incomprensible,&lt;br /&gt;poderoso y rico en misericordias, Rey y Señor mío; de&lt;br /&gt;nada me habéis dado el ser que tengo; y sin haberlo&lt;br /&gt;podido merecer, me habéis enriquecido con los tesoros&lt;br /&gt;de vuestra Divina gracia y luz, para que con ella&lt;br /&gt;conociera luego vuestro ser inmutable y perfecciones&lt;br /&gt;divinas y conociéndoos fuerais el primer objeto de mi&lt;br /&gt;vista y de mi amor, para no buscar otro bien fuera de vos,&lt;br /&gt;que sois el sumo y el verdadero, y todo mi consuelo.&lt;br /&gt;Mandáisme, Señor mío, que salga a usar de la luz&lt;br /&gt;material y conversación de las criaturas; y en vuestro&lt;br /&gt;mismo ser, donde todas las cosas se conocen como en&lt;br /&gt;clarísimo espejo, he visto el peligroso estado de la vida&lt;br /&gt;mortal y sus miserias. Si en ellas, por mi flaqueza y&lt;br /&gt;naturaleza débil, he de faltar sólo un punto a vuestro&lt;br /&gt;servicio y amor y allí he de morir, muera aquí ahora&lt;br /&gt;primero que pase a estado donde os pueda perder. Pero,&lt;br /&gt;Señor y dueño mío, si vuestra voluntad santa se ha de&lt;br /&gt;21&lt;br /&gt;cumplir, remitiéndome al tempestuoso mar de este&lt;br /&gt;mundo, a vos, altísimo y poderoso bien de mi alma,&lt;br /&gt;suplico que gobernéis mi vida, enderecéis mis pasos y&lt;br /&gt;hagáis todas mis acciones a vuestro mayor agrado.&lt;br /&gt;Ordenad en mí la caridad (Cant., 2, 4), para que con el&lt;br /&gt;nuevo uso de las criaturas, con Vos y con ellas se mejore.&lt;br /&gt;He conocido en Vos la ingratitud de muchas almas y temo&lt;br /&gt;con razón —que soy de su naturaleza— si acaso yo&lt;br /&gt;cometeré la misma culpa. En. esta caverna estrecha del&lt;br /&gt;vientre de mi madre he gozado de los espacios infinitos&lt;br /&gt;de vuestra Divinidad, aquí poseo todo el bien, que sois&lt;br /&gt;vos, amado mío; y siendo ahora sólo vos mi parte (Sal.,&lt;br /&gt;72, 26) y posesión, no sé si fuera de este encerramiento la&lt;br /&gt;perderé a la vista de otra luz y uso de mis sentidos. Si&lt;br /&gt;posible fuera y conveniente renunciar el comercio de la&lt;br /&gt;vida que me aguarda, yo de mi voluntad lo negara todo y&lt;br /&gt;careciera de ella; pero no se haga mi voluntad sino la&lt;br /&gt;vuestra. Y pues así lo queréis, dadme vuestra bendición y&lt;br /&gt;beneplácito para nacer al mundo y no apartéis de mí en&lt;br /&gt;el siglo, donde me ponéis, vuestra divina protección.—&lt;br /&gt;Hecha esta oración por la dulcísima niña María, el&lt;br /&gt;Altísimo la dio su bendición, y la mandó, como con&lt;br /&gt;imperio, saliese a la luz material de este sol visible y la&lt;br /&gt;ilustró de lo que debía hacer en cumplimiento de sus&lt;br /&gt;deseos.&lt;br /&gt;315. La felicísima madre Santa Ana corría su preñado&lt;br /&gt;toda espiritualizada con divinos efectos y suavidad que&lt;br /&gt;sentía en sus potencias; pero la Divina Providencia, para&lt;br /&gt;mayor corona y seguridad de su próspera navegación de&lt;br /&gt;la Santa, ordenó que llevase algún lastre de trabajos,&lt;br /&gt;porque sin ellos no se logran harto los frutos de la gracia&lt;br /&gt;y del amor. Y para mejor entender lo que a esta&lt;br /&gt;santísima matrona sucedió, se debe advertir que el&lt;br /&gt;demonio, después que con sus malos ángeles fue&lt;br /&gt;derribado del cielo a las penas infernales, andaba&lt;br /&gt;siempre desvelado, atendiendo y acechando a todas las&lt;br /&gt;22&lt;br /&gt;mujeres más santas de la ley antigua, para reconocer si&lt;br /&gt;topaba con aquella cuya señal había visto y cuya planta&lt;br /&gt;le había de hollar y quebrantar la cabeza (Ap., 12, 1;&lt;br /&gt;Gén., 3, 15). Y era tan ardiente la indignación de Lucifer,&lt;br /&gt;que estas diligencias no las fiaba de solos sus inferiores;&lt;br /&gt;pero ayudándose de ellos contra algunas mujeres&lt;br /&gt;virtuosas, él mismo por sí atendía y rodeaba a las que&lt;br /&gt;conocía se señalaban más en ellas las virtudes y la&lt;br /&gt;gracia del Altísimo.&lt;br /&gt;316. Con esta malignidad y astucia advirtió mucho en la&lt;br /&gt;extremada santidad de la gran matrona Ana y en todo lo&lt;br /&gt;que alcanzaba de cuanto en ella iba sucediendo; y&lt;br /&gt;aunque no pudo conocer el valor del tesoro que su&lt;br /&gt;dichoso vientre encerraba, porque el Señor le ocultaba&lt;br /&gt;este y otros misterios, pero sentía contra sí una grande&lt;br /&gt;fuerza y virtud que redundaba de Santa Ana; y el no&lt;br /&gt;poder penetrar la causa de aquella poderosa eficacia, le&lt;br /&gt;traía a tiempos muy turbado y zozobrado en su mismo&lt;br /&gt;furor. Otras veces se quietaba un poco, juzgando que&lt;br /&gt;aquel preñado era por el mismo orden y causas naturales&lt;br /&gt;que los demás y que no había en él cosa nueva que&lt;br /&gt;temer; porque le dejaba el Señor alucinarse en su misma&lt;br /&gt;ignorancia y andarse mareando en las olas soberbias de&lt;br /&gt;su propia indignación. Pero con todo esto se&lt;br /&gt;escandalizaba su perversísimo espíritu de ver tanta&lt;br /&gt;quietud en el preñado de Santa Ana y tal vez se le&lt;br /&gt;manifestaba la asistían muchos Ángeles; y sobre todo le&lt;br /&gt;despechaba el sentirse flaco en fuerzas para resistir a la&lt;br /&gt;que salía de la bienaventurada Santa Ana; y dio en&lt;br /&gt;sospechar que no era sola ella quien la causaba.&lt;br /&gt;317. Turbado el Dragón con estos recelos, determinó&lt;br /&gt;quitar la vida si pudiera a la dichosísima Ana; y si no&lt;br /&gt;podía conseguirlo, procurar a lo menos que tuviese mal&lt;br /&gt;gozo de su preñado; porque era tan desmedida la&lt;br /&gt;soberbia de Lucifer, que se persuadía podría vencer o&lt;br /&gt;23&lt;br /&gt;quitar la vida, si no se le ocultaba, a la que fuese Madre&lt;br /&gt;del Verbo Humanado, y al mismo Mesías Reparador del&lt;br /&gt;mundo. Y esta suma arrogancia fundaba en que su&lt;br /&gt;naturaleza de ángel era superior en condición y fuerzas a&lt;br /&gt;la naturaleza humana; como si a una y a otra no fuera&lt;br /&gt;superior la gracia, y entrambas no estuvieran subordinadas&lt;br /&gt;a la voluntad de su Criador. Con esta audacia&lt;br /&gt;se animó a tentar a Santa Ana con muchas sugestiones,&lt;br /&gt;espantos, sobresaltos y desconfianzas de la verdad de su&lt;br /&gt;preñado, representándole su larga edad y dilación. Y&lt;br /&gt;todo esto hacía el demonio para explorar la virtud de la&lt;br /&gt;Santa y ver si el efecto de estas sugestiones abría algún&lt;br /&gt;portillo por donde él pudiese entrar a saltearle la&lt;br /&gt;voluntad con algún consentimiento.&lt;br /&gt;318. Pero la invicta matrona resistió estos golpes&lt;br /&gt;varonilmente, con humilde fortaleza, paciencia, continua&lt;br /&gt;oración y viva fe en el Señor, con que desvanecía las&lt;br /&gt;marañas fabulosas del dragón y todas redundaban en&lt;br /&gt;mayores aumentos de la gracia y protección divina;&lt;br /&gt;porque a más de los grandes merecimientos que la santa&lt;br /&gt;madre acumulaba, la defendían los príncipes, que&lt;br /&gt;guardaban a su Hija santísima, y arrojaban a los&lt;br /&gt;demonios de su presencia. Mas no por esto desistió la&lt;br /&gt;insaciable malicia de este enemigo; y como su arrogancia&lt;br /&gt;y su soberbia excede a su fortaleza, procuró valerse&lt;br /&gt;de medios humanos; porque con tales instrumentos se&lt;br /&gt;promete siempre mayores victorias. Y habiendo&lt;br /&gt;procurado primero derribar la casa de San Joaquín y&lt;br /&gt;Santa Ana, para que con el susto se alterase y moviese,&lt;br /&gt;como no lo pudo conseguir, porque los Ángeles Santos le&lt;br /&gt;resistieron, irritó a unas mujercillas flacas, conocidas de&lt;br /&gt;Santa Ana, para que riñesen con ella, como lo hicieron&lt;br /&gt;con grande ira, injuriándola con palabras muy&lt;br /&gt;desmedidas de contumelia; y entre ellas hicieron gran&lt;br /&gt;mofa de su preñado, diciéndola que era embuste del&lt;br /&gt;demonio salir con aquello al cabo de tantos años y vejez.&lt;br /&gt;24&lt;br /&gt;319. No se turbó Santa Ana con esta tentación, antes&lt;br /&gt;con toda mansedumbre y caridad sufrió las injurias y&lt;br /&gt;acarició a quien se las hacía; y desde entonces miró a&lt;br /&gt;aquellas mujeres con más afecto y les hizo mayores&lt;br /&gt;beneficios. Pero no luego se les templó la ira, por&lt;br /&gt;haberlas poseído el demonio para encenderlas en odio&lt;br /&gt;de la Santa; y como entregándosele una vez a este cruel&lt;br /&gt;tirano, cobra más fuerzas para traer a su mandado a&lt;br /&gt;quien se le sujeta, incitó aquellos ruines instrumentos&lt;br /&gt;para que intentasen alguna venganza en la persona&lt;br /&gt;y vida de Santa Ana; mas no pudieron ejecutarlo, porque&lt;br /&gt;la virtud Divina hizo más débiles e ineptas las flacas&lt;br /&gt;fuerzas de aquellas mujeres y nada pudieron obrar&lt;br /&gt;contra la Santa, antes ella las venció con amonestaciones&lt;br /&gt;y las redujo con sus oraciones a conocimiento y enmienda&lt;br /&gt;de sus vidas.&lt;br /&gt;320. Con esto quedó vencido el Dragón, pero no rendido,&lt;br /&gt;porque luego se valió de una criada que servía a los&lt;br /&gt;Santos Casados y la irritó contra Santa Ana; de suerte&lt;br /&gt;que ésta fue peor que las otras mujeres, porque era&lt;br /&gt;enemigo doméstico, y por esto más pertinaz y peligroso.&lt;br /&gt;No me detengo en referir lo que intentó el enemigo por&lt;br /&gt;medio de esta criada, porque fue lo mismo que por las&lt;br /&gt;otras mujeres, aunque con mayor molestia y riesgo de la&lt;br /&gt;Santa Matrona; pero con el favor Divino alcanzó victoria&lt;br /&gt;de esta tentación más gloriosamente que de las otras;&lt;br /&gt;porque no dormitaba la guarda de Israel que guardaba a&lt;br /&gt;su Ciudad Santa (Sal., 120, 4) y la tenía guarnecida con&lt;br /&gt;tantas centinelas, los más esforzados de su milicia, que&lt;br /&gt;ahuyentaron a Lucifer y sus ministros para que no&lt;br /&gt;molestasen más a la dichosa madre, que aguardaba ya el&lt;br /&gt;parto felicísimo de la Princesa del Cielo, y se había&lt;br /&gt;dispuesto para él con los actos heroicos de las virtudes y&lt;br /&gt;merecimientos adquiridos en estas peleas, y se acercaba&lt;br /&gt;el fin deseado. Y yo deseo también el de estos capítulos&lt;br /&gt;25&lt;br /&gt;para oír la saludable doctrina de mi Señora y Maestra;&lt;br /&gt;que si bien me administra todo lo que escribo, pero lo&lt;br /&gt;que a mí me está mejor es su maternal amonestación, y&lt;br /&gt;así la aguardo con sumo gozo y júbilo de mi espíritu.&lt;br /&gt;321. Hablad, pues, Señora, que vuestra sierva oye. Y si&lt;br /&gt;me dais licencia, aunque soy polvo y ceniza, preguntaré&lt;br /&gt;una duda que en este capítulo se me ha ofrecido, pues en&lt;br /&gt;todas me remito a vuestra dignación de Madre, de&lt;br /&gt;Maestra y Dueña mía. La duda en que me hallo es ésta:&lt;br /&gt;¿cómo, habiendo sido vos Señora de todo lo criado,&lt;br /&gt;concebida sin pecado y con tan alta noticia de todas las&lt;br /&gt;cosas en la visión de la Divinidad que vuestra alma&lt;br /&gt;santísima tuvo, se compadecía con esta gracia el temor y&lt;br /&gt;ansias tan grandes que teníades de no perder la amistad&lt;br /&gt;de Dios y no ofenderle? Si al primer paso e instante de&lt;br /&gt;vuestro ser os previno la gracia, ¿cómo en habiendo&lt;br /&gt;comenzado a ser temíades perderla? Y si el Altísimo os&lt;br /&gt;eximió de la culpa, ¿cómo podíades caer en otras y&lt;br /&gt;ofender a quien os guardó de la primera?&lt;br /&gt;Doctrina y respuesta de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;322. Hija mía, oye la respuesta de tu duda. Cuando en&lt;br /&gt;la visión que tuve de la Divinidad en el primer instante&lt;br /&gt;hubiera conocido mi inocencia y que estaba concebida&lt;br /&gt;sin pecado, son de tal condición estos beneficios y dones&lt;br /&gt;de la mano del Altísimo, que cuanto más aseguran y se&lt;br /&gt;conocen tanto mayor cuidado y atención despiertan para&lt;br /&gt;conservarlos y no ofender a su Autor, que por sola su&lt;br /&gt;bondad los comunica a la criatura; y traen consigo tanta&lt;br /&gt;luz de que se derivan de la virtud sola de lo alto y por los&lt;br /&gt;méritos de mi Hijo Santísimo, sin conocer la criatura más&lt;br /&gt;que su indignidad e insuficiencia, que con esto entiende&lt;br /&gt;muy claro recibe lo que no merece, y que siendo ajeno no&lt;br /&gt;debe ni puede apropiárselo a sí misma. Y conociendo que&lt;br /&gt;hay dueño y causa tan superior que, como de liberalidad&lt;br /&gt;26&lt;br /&gt;lo concede, puede asimismo quitárselo y dar a quien&lt;br /&gt;fuere servido, de aquí nace forzosamente la solicitud y&lt;br /&gt;cuidado de no perder lo que se tiene de gracia, antes&lt;br /&gt;obrar con diligencia para conservarlo y aumentar el&lt;br /&gt;talento (Mt., 25, 16ss), pues se conoce ser este sólo el&lt;br /&gt;medio para no perder lo que tenemos en depósito, y que&lt;br /&gt;se le da a la criatura para que vuelva el retorno y trabaje&lt;br /&gt;en la gloria de su Hacedor; y el cuidar de este fin es&lt;br /&gt;precisa condición para conservar los beneficios de la&lt;br /&gt;gracia recibida.&lt;br /&gt;323. A más de esto se conoce allí la fragilidad de la&lt;br /&gt;humana naturaleza y su libre voluntad para el bien y el&lt;br /&gt;mal. Y este conocimiento no me le quitó el Altísimo, ni le&lt;br /&gt;quita a nadie cuando es viador; antes le deja a todos&lt;br /&gt;como conviene para que a su vista se arraigue el temor&lt;br /&gt;santo de no caer en culpa, aunque sea pequeña. Y en mí&lt;br /&gt;fue mayor esta luz; porque conocí que una pequeña falta&lt;br /&gt;dispone para otra mayor y la segunda es castigo de la&lt;br /&gt;primera. Verdad es que por los beneficios y gracias que&lt;br /&gt;había obrado el Señor en mi alma, no era posible caer en&lt;br /&gt;pecado con ellas; pero de tal suerte dispuso su&lt;br /&gt;providencia este beneficio, que me ocultó la seguridad&lt;br /&gt;absoluta de no pecar; y conocía que por mí sola era&lt;br /&gt;posible caer y sólo pendía de la Divina voluntad el no&lt;br /&gt;hacerlo; y así reservó para sí el conocimiento y mi&lt;br /&gt;seguridad y a mí me dejó el cuidado y santo temor de no&lt;br /&gt;pecar como viadora; y desde mi concepción hasta la&lt;br /&gt;muerte no le perdí, mas antes creció en mí con la vida.&lt;br /&gt;324. Diome también el Altísimo discreción y humildad&lt;br /&gt;para que no preguntase ni examinase este misterio, y&lt;br /&gt;sólo atendía a fiar de su bondad y amor que me asistiría&lt;br /&gt;para no pecar. Y de aquí resultaban dos efectos&lt;br /&gt;necesarios en la vida cristiana: el uno tener quietud en el&lt;br /&gt;alma, el otro no perder el temor y desvelo de guardar mi&lt;br /&gt;tesoro; y como éste era temor filial, no disminuía el amor,&lt;br /&gt;27&lt;br /&gt;antes le encendía más y acrecentaba. Y estos dos efectos&lt;br /&gt;de amor y temor hacían en mi alma una consonancia&lt;br /&gt;divina para ordenar todas mis acciones en alejarme del&lt;br /&gt;mal y unirme con el sumo bien.&lt;br /&gt;325. Amiga mía, este es el mayor examen de las cosas&lt;br /&gt;del espíritu: que vengan con verdadera luz y sana&lt;br /&gt;doctrina, que enseñen la mayor perfección de las virtudes&lt;br /&gt;y con gran fuerza muevan para buscarla. Esta condición&lt;br /&gt;tienen los beneficios que descienden del Padre de las&lt;br /&gt;lumbres, que aseguran humillando y humillan sin desconfianza,&lt;br /&gt;y dan confianza con solicitud y desvelo y&lt;br /&gt;solicitud con sosiego y paz, para que estos afectos no se&lt;br /&gt;impidan en el cumplimiento de la voluntad Divina. Y tú,&lt;br /&gt;alma, ofrece humilde y fervorosa agradecimiento al&lt;br /&gt;Señor, porque ha sido tan liberal contigo, habiéndole&lt;br /&gt;obligado tan poco, y te ha ilustrado con su Divina luz y&lt;br /&gt;franqueado el archivo de sus secretos y te previno con el&lt;br /&gt;temor de su desgracia. Pero usa de él con medida y&lt;br /&gt;excede más en el amor; y con estas dos alas te levanta&lt;br /&gt;sobre todo lo terreno y sobre ti misma. Procura&lt;br /&gt;deponer luego cualquiera desordenado afecto que te&lt;br /&gt;mueva temor excesivo; y deja tu causa al Señor y la suya&lt;br /&gt;toma por cosa propia. Teme hasta que seas purificada&lt;br /&gt;y limpia de tus culpas e ignorancias; y ama al Señor&lt;br /&gt;hasta que seas toda transformada en Él y en todo le&lt;br /&gt;hagas dueño y arbitro de tus acciones, sin que tú lo seas&lt;br /&gt;de ninguna. No fíes de tu propio juicio, ni seas sabia&lt;br /&gt;contigo misma (Prov., 3, 7), porque al dictamen propio le&lt;br /&gt;ciegan fácilmente las pasiones y le llevan tras de sí, y él&lt;br /&gt;con ellas arrebatan la voluntad; con que se viene a temer&lt;br /&gt;lo que no se debía temer y a dilatarse en lo que no le&lt;br /&gt;conviene. Asegúrate de suerte que no te dilates con&lt;br /&gt;liviano gusto interior; duda y teme hasta que con quietud&lt;br /&gt;solícita halles el medio conveniente en todo; y siempre le&lt;br /&gt;hallarás si te sujetas a la obediencia de tus Prelados y a&lt;br /&gt;lo que el Altísimo en ti obrare y te enseñare. Y&lt;br /&gt;28&lt;br /&gt;aunque los efectos sean buenos en el fin que se desea,&lt;br /&gt;todos se han de registrar con la obediencia y consejo,&lt;br /&gt;porque sin esta dirección suelen salir monstruos y sin&lt;br /&gt;provecho. En todo serás atenta a lo más santo y perfecto.&lt;br /&gt;CAPITULO 21&lt;br /&gt;Del nacimiento dichoso de María Santísima y Señora&lt;br /&gt;nuestra; los favores que luego recibió de mano del&lt;br /&gt;Altísimo; y cómo la pusieron el nombre en el cielo y&lt;br /&gt;tierra.&lt;br /&gt;326. Llegó el día alegre para el mundo del parto&lt;br /&gt;felicísimo de Santa Ana y nacimiento de la que venía a él&lt;br /&gt;santificada y consagrada para Madre del mismo Dios.&lt;br /&gt;Sucedió este parto a los ocho días de septiembre,&lt;br /&gt;cumplidos nueve meses enteros después de la concepción&lt;br /&gt;del alma santísima de nuestra Reina y Señora.&lt;br /&gt;Fue prevenida su madre Ana con ilustración interior, en&lt;br /&gt;que el Señor le dio aviso cómo llegaba la hora de su&lt;br /&gt;parto. Y llena de gozo del Divino Espíritu atendió a su voz;&lt;br /&gt;y postrada en oración pidió al Señor la asistiese su gracia&lt;br /&gt;y protección para el buen suceso de su parto. Sintió luego&lt;br /&gt;un movimiento en el vientre, que es el natural de las&lt;br /&gt;criaturas para salir a luz; y la más que dichosa niña&lt;br /&gt;María al mismo tiempo fue arrebatada por Providencia y&lt;br /&gt;virtud Divina en un éxtasis altísimo, en el cual absorta y&lt;br /&gt;abstraída de todas las operaciones sensitivas nació al&lt;br /&gt;mundo sin percibirlo por el sentido; como pudiera&lt;br /&gt;conocerlo por ellos, si junto con el uso de razón que tenía,&lt;br /&gt;los dejara obrar naturalmente en aquella hora; pero el&lt;br /&gt;poder del Muy Altó lo dispuso en esta forma, para que la&lt;br /&gt;Princesa del cielo no sintiese lo natural de aquel suceso&lt;br /&gt;del parto.&lt;br /&gt;327. Nació pura, limpia, hermosa y llena toda de&lt;br /&gt;gracias, publicando en ellas que venía libre de la ley y&lt;br /&gt;29&lt;br /&gt;tributo del pecado; y aunque nació como los demás hijos&lt;br /&gt;de Adán en la sustancia, pero con tales condiciones y&lt;br /&gt;accidentes de gracias, que hicieron este nacimiento&lt;br /&gt;milagroso y admirable para toda la naturaleza y&lt;br /&gt;alabanza eterna del Autor. Salió, pues, este divino lucero&lt;br /&gt;al mundo a las doce horas de la noche, comenzando a&lt;br /&gt;dividir la de la antigua ley y primeras tinieblas del día&lt;br /&gt;nuevo de la gracia, que ya quería amanecer.&lt;br /&gt;Envolviéronla en paños y fue puesta y aliñada como los&lt;br /&gt;demás niños la que tenía su mente en la Divinidad, y&lt;br /&gt;tratada como párvula la que en sabiduría excedía a los&lt;br /&gt;mortales y a los mismos Ángeles. No consintió su madre&lt;br /&gt;que por otras manos fuese tratada entonces, antes ella&lt;br /&gt;por las suyas la envolvió en las mantillas, sin&lt;br /&gt;embarazarle el sobreparto; porque fue libre de las&lt;br /&gt;pensiones onerosas que tienen de ordinario las otras&lt;br /&gt;madres de sus partos.&lt;br /&gt;328. Recibió Santa Ana en sus manos a la que,&lt;br /&gt;siendo hija suya, era juntamente el tesoro mayor del&lt;br /&gt;cielo y tierra en pura criatura, sólo a Dios inferior y&lt;br /&gt;superior a todo lo criado; y con fervor y lágrimas la&lt;br /&gt;ofreció a Su Majestad, diciendo en su interior:&lt;br /&gt;Señor de infinita sabiduría y poder, Criador de todo&lt;br /&gt;cuanto tiene ser; el fruto de mi vientre, que de vuestra&lt;br /&gt;bondad he recibido, os ofrezco con eterno&lt;br /&gt;agradecimiento de que me le habéis dado, sin poderlo yo&lt;br /&gt;merecer. De hija y madre haced a vuestra voluntad santísima,&lt;br /&gt;y mirad nuestra pequeñez desde lo alto de&lt;br /&gt;vuestra silla y grandeza. Eternamente seáis bendito,&lt;br /&gt;porque habéis enriquecido al mundo con criatura tan&lt;br /&gt;agradable a vuestro beneplácito y porque en ella habéis&lt;br /&gt;preparado la morada y tabernáculo (Sab., 9, 8) para que&lt;br /&gt;viva el Verbo Eterno. A mis santos padres y profetas doy&lt;br /&gt;la enhorabuena, y en ellos a todo el linaje humano, por la&lt;br /&gt;segura prenda que les dais de su redención. Pero ¿cómo&lt;br /&gt;trataré yo a la que me dais por hija, no mereciendo ser su&lt;br /&gt;30&lt;br /&gt;sierva? ¿Cómo tocaré la verdadera arca del testamento?&lt;br /&gt;Dadme, Señor y Rey mío, la luz que necesito para saber&lt;br /&gt;vuestra voluntad, y ejecutarla en agrado vuestro y&lt;br /&gt;servicio de mi hija.&lt;br /&gt;329. Respondió el Señor a la Santa Matrona en su&lt;br /&gt;interior, que tratase a la divina niña como madre a su&lt;br /&gt;hija en lo exterior, sin mostrarle reverencia, pero que se&lt;br /&gt;la tuviese en lo interior; y que en su crianza cumpliese&lt;br /&gt;con las leyes de verdadera madre, cuidando de su hija&lt;br /&gt;con solicitud y amor. Todo lo cumplió así la feliz madre; y&lt;br /&gt;usando de este derecho y licencia, sin perder la&lt;br /&gt;reverencia debida, se regalaba con su Hija Santísima,&lt;br /&gt;tratándola y acariciándola como lo hacen las otras&lt;br /&gt;madres con las suyas, pero con el aprecio y atención&lt;br /&gt;digna de tan oculto y divino sacramento como entre hija y&lt;br /&gt;madre se encerraba. Los Ángeles de Guarda de la dulce&lt;br /&gt;niña con otra gran multitud la adoraron y reverenciaron&lt;br /&gt;en los brazos de su madre y la hicieron música celestial,&lt;br /&gt;oyendo algo de ella la dichosa Ana; y los mil Ángeles&lt;br /&gt;señalados para la custodia de la gran Reina se le&lt;br /&gt;ofrecieron y se dedicaron para su ministerio; y fue esta la&lt;br /&gt;primera vez que la divina Señora los vio en forma&lt;br /&gt;corpórea con las divisas y hábito que diré en otro&lt;br /&gt;capítulo (Cf. infra n. 361ss); y la niña les pidió que&lt;br /&gt;alabasen al Altísimo con ella y en su nombre.&lt;br /&gt;330. Al punto que nació nuestra Princesa María, envió el&lt;br /&gt;Altísimo al santo Arcángel Gabriel para que evangelizase&lt;br /&gt;a los Santos Padres del limbo esta nueva tan alegre para&lt;br /&gt;ellos; y el embajador celestial bajó luego, ilustrando&lt;br /&gt;aquella profunda caverna y alegrando a los justos que en&lt;br /&gt;ella estaban detenidos. Anuncióles cómo ya comenzaba a&lt;br /&gt;amanecer el día de la felicidad eterna y reparación del&lt;br /&gt;linaje humano, tan deseado y esperado de los Santos y&lt;br /&gt;prenunciado de los Profetas, porque ya era nacida la que&lt;br /&gt;sería Madre del Mesías prometido; y que verían luego la&lt;br /&gt;31&lt;br /&gt;salud y la gloria del Altísimo. Y dioles noticia el Santo&lt;br /&gt;Príncipe de las excelencias de María Santísima y de lo&lt;br /&gt;que la mano del Omnipotente había comenzado a obrar&lt;br /&gt;en ella, para que conocieran mejor el dichoso principio&lt;br /&gt;del misterio que daría fin a su prolongada prisión; con&lt;br /&gt;que se alegraron en espíritu todos aquellos Padres y&lt;br /&gt;Profetas, y los demás justos que estaban en el limbo, y&lt;br /&gt;con nuevos cánticos alabaron al Señor por este beneficio.&lt;br /&gt;331. Habiendo sucedido en breve tiempo todo lo que he&lt;br /&gt;dicho en que nuestra Reina vio la luz del sol material,&lt;br /&gt;conoció con los sentidos a sus padres naturales y otras&lt;br /&gt;criaturas, que fue el primer paso de su vida en el mundo&lt;br /&gt;en naciendo. El brazo poderoso del Altísimo comenzó a&lt;br /&gt;obrar en ella nuevas maravillas sobre todo el&lt;br /&gt;pensamiento de los hombres; y la primera y estupenda&lt;br /&gt;fue enviar innumerables Ángeles para que a la electa&lt;br /&gt;para Madre del Verbo eterno la llevasen al cielo empíreo&lt;br /&gt;en alma y cuerpo (Cf. infla n. 339-344) para lo que el&lt;br /&gt;Señor disponía. Cumplieron este mandato los Santos&lt;br /&gt;Príncipes y, recibiendo a la niña María de los brazos de&lt;br /&gt;su madre Santa Ana, ordenaron una nueva y solemne&lt;br /&gt;procesión, llevando con cánticos de incomparable júbilo&lt;br /&gt;a la verdadera arca del Nuevo Testamento, para que por&lt;br /&gt;algún espacio estuviese, no en casa de Obededon, mas&lt;br /&gt;en templo del sumo Rey de los reyes y Señor de los&lt;br /&gt;señores, donde después había de ser colocada&lt;br /&gt;eternamente. Y este fue el segundo paso que dio María&lt;br /&gt;Santísima en su vida, desde el mundo al supremo cielo.&lt;br /&gt;332. ¿Quién podrá dignamente engrandecer este&lt;br /&gt;maravilloso prodigio de la diestra del Omnipotente?&lt;br /&gt;¿Quién dirá el gozo y admiración de los espíritus&lt;br /&gt;celestiales, cuando miraban aquella tan nueva maravilla&lt;br /&gt;entre las obras del Altísimo y con nuevos cánticos la&lt;br /&gt;celebraban? Allí reconocieron y reverenciaron a su Reina&lt;br /&gt;y Señora escogida para Madre del que había de ser su&lt;br /&gt;32&lt;br /&gt;Cabeza, y que era la causa de la gracia y de la gloria&lt;br /&gt;que poseían, pues Él se la había granjeado con sus&lt;br /&gt;méritos previstos en la Divina aceptación. Pero ¿qué&lt;br /&gt;lengua o qué pensamiento de los mortales puede entrar&lt;br /&gt;en el secreto del corazón de aquella niña tan tierna en el&lt;br /&gt;suceso y efectos de tan peregrino favor? Dejólo a la&lt;br /&gt;piedad católica, y mucho más a los que en el Señor lo&lt;br /&gt;conocerán, y nosotros cuando por su misericordia infinita&lt;br /&gt;llegaremos a gozarle cara a cara.&lt;br /&gt;333. Entró la niña María en manos de los Ángeles en el&lt;br /&gt;Cielo empíreo y, postrada con el afecto en la presencia&lt;br /&gt;del trono real del Altísimo, sucedió allí —a nuestro&lt;br /&gt;entender— la verdad de lo que antes se hizo en figura,&lt;br /&gt;cuando entrando Betsabé en presencia de su hijo&lt;br /&gt;Salomón, que desde su trono juzgaba al pueblo de Israel,&lt;br /&gt;se levantó de él y recibiendo a su madre la magnificó y&lt;br /&gt;honró, dándola asiento de reina a su lado (3 Re., 2, 19).&lt;br /&gt;Lo mismo hizo y más gloriosa y admirablemente la&lt;br /&gt;Persona del Verbo Eterno con la niña María que para&lt;br /&gt;Madre había escogido, recibiéndola en su trono y&lt;br /&gt;dándole a su lado la posesión de Madre suya y Reina de&lt;br /&gt;todo lo criado, aunque se hacía ignorando ella la&lt;br /&gt;dignidad propia y el fin de tan inefables misterios y&lt;br /&gt;favores; mas para recibirlos fueron sus flacas fuerzas&lt;br /&gt;confortadas con la virtud Divina. Diéronsele nuevas&lt;br /&gt;gracias y dones con que sus potencias respectivamente&lt;br /&gt;fueron elevadas; y las interiores, sobre nueva gracia y luz&lt;br /&gt;con que fueron preparadas, las elevó y proporcionó Dios&lt;br /&gt;con el objeto que se le había de manifestar; y dando el&lt;br /&gt;lumen necesario desplegó su Divinidad y se la manifestó&lt;br /&gt;intuitiva y claramente en grado altísimo; siendo esta vez&lt;br /&gt;la primera que aquella alma santísima de María vio a la&lt;br /&gt;Beatísima Trinidad con visión clara y beatífica.&lt;br /&gt;334. De la gloria que en esta visión tuvo la niña María,&lt;br /&gt;de los sacramentos que le fueron revelados de nuevo, de&lt;br /&gt;33&lt;br /&gt;los efectos que redundaron en su alma purísima, sólo fue&lt;br /&gt;testigo el Autor de tan inaudito milagro, y la admiración&lt;br /&gt;de los Ángeles que en él mismo conocían algo de este&lt;br /&gt;misterio. Pero estando la Reina a la diestra del Señor que&lt;br /&gt;había de ser su Hijo, y viéndole cara a cara, pidió más&lt;br /&gt;dichosamente que Betsabé que diese la intacta Sunamitis&lt;br /&gt;Abisag (3 re., 2, 21), que era su inaccesible Divinidad, a&lt;br /&gt;la humana naturaleza su propia hermana, y cumpliese la&lt;br /&gt;palabra bajando del cielo al mundo y celebrando el&lt;br /&gt;matrimonio de la unión hipostática en la Persona del&lt;br /&gt;Verbo, pues tantas veces la había empeñado con los&lt;br /&gt;hombres por medio de los Patriarcas y Profetas antiguos;&lt;br /&gt;pidióle acelerase el remedio del linaje humano que por&lt;br /&gt;tantos siglos le aguardaba, multiplicándose los pecados y&lt;br /&gt;pérdidas de las almas. Oyó el Altísimo esta petición de&lt;br /&gt;tanto agrado y prometió a su Madre, mejor que Salomón&lt;br /&gt;a la suya, que luego desempeñaría sus promesas y&lt;br /&gt;bajaría al mundo tomando carne humana para redimirle.&lt;br /&gt;335. Determinóse en aquel consistorio y tribunal divino&lt;br /&gt;de la Santísima Trinidad de dar nombre a la niña Reina; y&lt;br /&gt;como ninguno es legítimo y propio sino el que se pone en&lt;br /&gt;el ser inmutable de Dios, que es donde con equidad,&lt;br /&gt;peso, medida e infinita sabiduría se dispensan y&lt;br /&gt;ordenan todas las cosas, quiso Su Majestad ponérsele&lt;br /&gt;y dársele por sí mismo en el cielo; donde&lt;br /&gt;manifestó a los espíritus angélicos, que las tres divinas&lt;br /&gt;personas habían decretado y formado los dulcísimos&lt;br /&gt;nombres de Jesús y María, para Hijo y Madre de ab initio&lt;br /&gt;ante saecula, y que en todas las eternidades se habían&lt;br /&gt;complacido con ellos y tenídolos grabados en su memoria&lt;br /&gt;eterna y presentes en todas las cosas que habían dado&lt;br /&gt;ser, porque para su servicio las criaban. Y conociendo&lt;br /&gt;estos y otros muchos misterios los Santos Ángeles,&lt;br /&gt;oyeron una voz del trono que decía en Persona del Padre&lt;br /&gt;Eterno: María se ha de llamar nuestra electa, y este&lt;br /&gt;nombre ha de ser maravilloso y magnífico; los que le&lt;br /&gt;34&lt;br /&gt;invocaren con afecto devoto recibirán copiosísimas&lt;br /&gt;gracias; los que le estimaren y pronunciaren con&lt;br /&gt;reverencia serán consolados y vivificados; y todos&lt;br /&gt;hallarán en él remedio de sus dolencias, tesoros con que&lt;br /&gt;enriquecerse, luz para que los encamine a la vida eterna.&lt;br /&gt;Será terrible contra el infierno, quebrantará la cabeza de&lt;br /&gt;la serpiente y alcanzará insignes victorias de los&lt;br /&gt;príncipes de tinieblas.—Mandó el Señor a los espíritus&lt;br /&gt;angélicos que evangelizasen este dichoso nombre a&lt;br /&gt;Santa Ana, para que en la tierra se obrase lo que se había&lt;br /&gt;confirmado en el cielo. La niña divina, postrada con el&lt;br /&gt;afecto ante el trono, rindió agradecidas y humildes&lt;br /&gt;gracias al ser eterno y con admirables y dulcísimos&lt;br /&gt;cánticos recibió el nombre. Y si se hubieran de escribir&lt;br /&gt;las prerrogativas y gracias que le concedieron, fuera&lt;br /&gt;menester libro aparte de mayores volúmenes. Los&lt;br /&gt;Santos Ángeles adoraron y reconocieron de nuevo en el&lt;br /&gt;trono del Altísimo a María Santísima por Madre del Verbo&lt;br /&gt;futura y por su Reina y Señora; y veneraron el nombre,&lt;br /&gt;postrándose a la pronunciación que de él hizo la voz del&lt;br /&gt;Eterno Padre que salía del trono, y particularmente los&lt;br /&gt;que le tenían por divisa en el pecho; y todos dieron&lt;br /&gt;cánticos de alabanza por tan grandes y ocultos misterios;&lt;br /&gt;ignorando siempre la niña Reina la causa de todo lo que&lt;br /&gt;conocía, porque no se le manifestó la dignidad de Madre&lt;br /&gt;del Verbo Humanado hasta el tiempo de la Encarnación.&lt;br /&gt;Y con el mismo júbilo y reverencia la volvieron a poner en&lt;br /&gt;los brazos de Santa Ana, a quien se le ocultó también&lt;br /&gt;este suceso y la falta o ausencia de su hija; porque en su&lt;br /&gt;lugar suplió uno de los Ángeles de Guarda, tomando&lt;br /&gt;cuerpo aéreo para este efecto; y a más de esto, mucho&lt;br /&gt;tiempo, mientras la niña divina estuvo en el cielo&lt;br /&gt;empíreo, tuvo su madre Ana un éxtasis de altísima&lt;br /&gt;contemplación y en él, aunque ignoraba lo que se hacía&lt;br /&gt;en su niña, le fueron manifestados grandes misterios de&lt;br /&gt;la dignidad de Madre de Dios, para que era escogida; y&lt;br /&gt;35&lt;br /&gt;la prudente matrona los guardó siempre en su pecho,&lt;br /&gt;confiriéndolos para lo que debía obrar con ella.&lt;br /&gt;336. A los ocho días del nacimiento de la gran Reina,&lt;br /&gt;descendieron de las alturas multitud de Ángeles&lt;br /&gt;hermosísimos y rozagantes; y traían un escudo en que&lt;br /&gt;venía grabado brillante y resplandeciente el nombre de&lt;br /&gt;María; y manifestándose todos a la dichosa madre Ana,&lt;br /&gt;la dijeron que el nombre de su hija era el que llevaban&lt;br /&gt;allí de María; que la Divina Providencia se le había dado&lt;br /&gt;y ordenaba que se e pusiesen luego ella y Joaquín.&lt;br /&gt;Llamóle la Santa, y confirieron la voluntad de Dios para&lt;br /&gt;dar nombre a su hija; y el más que dichoso padre recibió&lt;br /&gt;el nombre con júbilo y devoto afecto. Determinaron&lt;br /&gt;convocar a los parientes y a un sacerdote, y con mucha&lt;br /&gt;solemnidad y convite suntuoso pusieron María a la recién&lt;br /&gt;nacida; y los Ángeles lo celebraron con dulcísima y&lt;br /&gt;grandiosa música, y solas la oyeron madre e Hija&lt;br /&gt;santísima; con que quedó nuestra Princesa con nombre,&lt;br /&gt;dándosele la Santísima Trinidad en el cielo el día que&lt;br /&gt;nació y en la tierra a los ocho días; escribióse en el arancel&lt;br /&gt;de los demás, cuando salió su madre al templo a&lt;br /&gt;cumplir la ley, como se dirá (Cf. infra n. 345-360). Este fue&lt;br /&gt;el nuevo parto que hasta entonces ni el mundo le había&lt;br /&gt;visto, ni en pura criatura pudo haber otro semejante. Este&lt;br /&gt;fue el nacimiento más dichoso que pudo conocer la&lt;br /&gt;naturaleza, pues ya tuvo una infanta cuya vida de un día&lt;br /&gt;no sólo fue limpia de las inmundicias del pecado, pero&lt;br /&gt;más pura y santa que los supremos serafines. El&lt;br /&gt;nacimiento de Moisés fue celebrado por la belleza y&lt;br /&gt;elegancia del niño (Ex., 2, 2); pero toda era aparente y&lt;br /&gt;corruptible. ¡Oh cuán hermosa es nuestra gran niña! ¡Oh&lt;br /&gt;cuán hermosa! Toda es hermosa y suavísima en sus&lt;br /&gt;delicias (Cant., 7, 6), porque tiene todas las gracias y&lt;br /&gt;hermosuras, sin que le falte alguna. Fue la risa (Gén., 21,&lt;br /&gt;6) y alegría de la casa de Abrahán el nacimiento de&lt;br /&gt;Isaac prometido y concebido de madre estéril; pero no&lt;br /&gt;36&lt;br /&gt;tuvo este parto mayor grandeza que la participada y&lt;br /&gt;derivada de nuestra niña Reina, a quien se encaminaba&lt;br /&gt;toda aquella tan deseada alegría; y si aquel parto fue&lt;br /&gt;admirable y de tanto gozo para la familia del Patriarca,&lt;br /&gt;porque era como exordio del nacimiento de María&lt;br /&gt;dulcísima, en éste se deben alegrar el cielo y tierra, pues&lt;br /&gt;nace la que ha de restaurar la ruina del cielo y santificar&lt;br /&gt;el mundo. Cuando nació Noé (Gén., 5, 29), se consoló&lt;br /&gt;Lamec su padre, porque aquel hijo sería en cuya cabeza&lt;br /&gt;aseguraba Dios la conservación del linaje humano por el&lt;br /&gt;arca y la restauración de sus bendiciones, desmerecidas&lt;br /&gt;por los pecados de los hombres; pero todo esto se hizo&lt;br /&gt;porque naciese al mundo esta niña, que había de ser&lt;br /&gt;verdadera Reparadora, siendo juntamente el arca&lt;br /&gt;mística que conservó al nuevo y verdadero Noé, y le trajo&lt;br /&gt;del cielo para llenar de bendiciones a todos los&lt;br /&gt;moradores de la tierra. ¡Oh dichoso parto! ¡Oh alegre&lt;br /&gt;nacimiento, que eres el mayor beneplácito de todos los&lt;br /&gt;siglos pasados para la Beatísima Trinidad, gozo para los&lt;br /&gt;Ángeles, refrigerio de los pecadores, alegría de los justos&lt;br /&gt;y singular consuelo para los santos que te aguardaban en&lt;br /&gt;el limbo!&lt;br /&gt;337. ¡Oh preciosa y rica margarita, que saliste al sol&lt;br /&gt;encerrada en la grosera concha de este mundo! ¡Oh niña&lt;br /&gt;grande, que si apenas te divisan a la luz material los ojos&lt;br /&gt;terrenos, pero en los del Supremo Rey y sus cortesanos&lt;br /&gt;excedes en dignidad y grandeza a todo lo que no es el&lt;br /&gt;mismo Dios! Todas las generaciones te bendigan; todas&lt;br /&gt;las naciones reconozcan y alaben tu gracia y hermosura;&lt;br /&gt;la tierra sea ilustrada con este nacimiento; los mortales&lt;br /&gt;se letifiquen porque les nació su Reparadora, que llenará&lt;br /&gt;el vacío que originó y en que los dejó el primer&lt;br /&gt;pecado. Bendita y engrandecida sea vuestra&lt;br /&gt;dignación conmigo, que soy el más abatido polvo y&lt;br /&gt;ceniza. Y si me dais licencia, Señora mía, para que&lt;br /&gt;hable en vuestra presencia, preguntaré una duda que&lt;br /&gt;37&lt;br /&gt;se me ha ofrecido en este misterio de vuestro admirable&lt;br /&gt;y santo nacimiento, sobre lo que hizo el Altísimo con vos&lt;br /&gt;en la hora que os puso en esta luz material del sol.&lt;br /&gt;338. La duda es: ¿cómo se entenderá que por mano de&lt;br /&gt;los Santos Ángeles fuisteis llevada en cuerpo hasta el&lt;br /&gt;Cielo empíreo y vista de la Divinidad? Pues según la&lt;br /&gt;doctrina de la Santa Iglesia y sus doctores, estuvo&lt;br /&gt;cerrado el Cielo, y como entredicho para los hombres,&lt;br /&gt;hasta que Vuestro Hijo Santísimo le abrió con su vida y&lt;br /&gt;muerte y como Redentor y cabeza entró en él cuando&lt;br /&gt;resucitado subió el día de su admirable ascensión, siendo&lt;br /&gt;el primero para quien se abrieron aquellas puertas&lt;br /&gt;eternales que por el pecado estaban cerradas.&lt;br /&gt;Respuesta y doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;339. Carísima hija mía, verdad es que la Divina justicia&lt;br /&gt;cerró a los mortales el Cielo por el primer pecado, hasta&lt;br /&gt;que mi Hijo Santísimo le abrió, satisfaciendo con su vida y&lt;br /&gt;muerte sobreabundantemente por los hombres. Y así fue&lt;br /&gt;conveniente y justo que el mismo Reparador, que como&lt;br /&gt;cabeza había unido a sí mismo los miembros redimidos y&lt;br /&gt;les abría el cielo, entrase en él primero que los demás&lt;br /&gt;hijos de Adán. Y si él no hubiera pecado, no fuera&lt;br /&gt;necesario guardar este orden para que los hombres&lt;br /&gt;subieran a gozar de la Divinidad en el Cielo empíreo;&lt;br /&gt;pero vista la caída del linaje humano, determinó la&lt;br /&gt;Beatísima Trinidad lo que ahora se ejecuta y cumple. Y&lt;br /&gt;este gran misterio fue el que encerró David en el salmo&lt;br /&gt;23, cuando, hablando con los espíritus del cielo, dijo dos&lt;br /&gt;veces: Abrid, príncipes, vuestras puertas, y levantaos,&lt;br /&gt;puertas eternales, y entrará el Rey de la gloria (Sal., 23,&lt;br /&gt;7-9). Dijo a los Ángeles que eran puertas suyas porque&lt;br /&gt;sólo para ellos estaban abiertas, y para los hombres&lt;br /&gt;mortales estaban cerradas. Y aunque no ignoraban&lt;br /&gt;aquellos cortesanos del cielo que el Verbo Humanado les&lt;br /&gt;38&lt;br /&gt;había ya quitado los candados y cerraduras de la culpa, y&lt;br /&gt;que subía rico y glorioso con los despojos de la muerte y&lt;br /&gt;del pecado, estrenando el fruto de su pasión en la gloria&lt;br /&gt;de los Santos Padres del limbo que llevaba en su&lt;br /&gt;compañía; con eso se introducen los Santos Ángeles,&lt;br /&gt;como admirados y suspensos de esta maravillosa&lt;br /&gt;novedad, preguntando: ¿Quién es este Rey de la gloria&lt;br /&gt;(Sal., 23, 8), siendo hombre y de la naturaleza de aquel&lt;br /&gt;que perdió para sí y para todo su linaje el derecho de&lt;br /&gt;subir al cielo?&lt;br /&gt;340. A la duda se responden ellos mismos, diciendo que&lt;br /&gt;es el Señor fuerte y poderoso en la batalla y el Señor de&lt;br /&gt;las virtudes, Rey de la gloria (Ib.). Que fue como darse ya&lt;br /&gt;por entendidos de que aquel hombre que venía del&lt;br /&gt;mundo para abrir las puertas eternales, no era sólo&lt;br /&gt;hombre ni estaba comprendido en la ley del pecado,&lt;br /&gt;antes era hombre y Dios verdadero, que fuerte y&lt;br /&gt;poderoso en la batalla había vencido al fuerte armado&lt;br /&gt;(Lc., 11, 22) que reinaba en el mundo y le había&lt;br /&gt;despojado de su reino y de sus armas. Y era el Señor de&lt;br /&gt;las virtudes, porque las había obrado como Señor de&lt;br /&gt;ellas, con imperio y sin contradicción del pecado y sus&lt;br /&gt;efectos. Y como Señor de la virtud y Rey de la gloria,&lt;br /&gt;venía triunfante y distribuyendo virtudes y gloria a sus&lt;br /&gt;redimidos, por quien en cuanto hombre había padecido&lt;br /&gt;y muerto y en cuanto Dios los levantaba a la eternidad de&lt;br /&gt;la visión beatífica, habiendo rompido las eternales cerraduras&lt;br /&gt;e impedimentos que les había puesto el pecado.&lt;br /&gt;341. Esto fue, alma, lo que hizo mi Hijo querido, Dios y&lt;br /&gt;hombre verdadero, y como Señor de las virtudes y gracias&lt;br /&gt;me levantó y adornó con ellas desde el primer instante&lt;br /&gt;de mi Inmaculada Concepción; y como no me tocó el&lt;br /&gt;óbice del primer pecado, no tuve el impedimento que los&lt;br /&gt;demás mortales para entrar por aquellas puertas&lt;br /&gt;eternales del Cielo; antes el brazo poderoso de mi Hijo&lt;br /&gt;39&lt;br /&gt;hizo conmigo como con Señora de las virtudes y Reina del&lt;br /&gt;Cielo. Y porque de mi carne y sangre había de vestirle y&lt;br /&gt;hacerle hombre, quiso su dignación de antemano&lt;br /&gt;prevenirme y hacerme su semejante en la pureza y&lt;br /&gt;exención de la culpa y en otros dones y privilegios&lt;br /&gt;divinos. Y como no fui esclava de la culpa, no obraba las&lt;br /&gt;virtudes como sujeta a ella, sino como señora, sin&lt;br /&gt;contradicción y con imperio; no como semejante a los&lt;br /&gt;hijos de Adán, pero como semejante al Hijo de Dios que&lt;br /&gt;también era Hijo mío.&lt;br /&gt;342. Por esta razón los espíritus celestiales me&lt;br /&gt;abrieron las puertas eternales que ellos tenían por&lt;br /&gt;suyas, reconociendo que el Señor me había criado más&lt;br /&gt;pura que todos los supremos ángeles del cielo y para su&lt;br /&gt;Reina y Señora de todas las criaturas. Y advierte,&lt;br /&gt;carísima, que quien hizo la ley pudo sin contradicción&lt;br /&gt;dispensar de ella, como lo hizo conmigo el supremo Señor&lt;br /&gt;y Legislador, extendiendo la vara de su clemencia más&lt;br /&gt;que Asuero con Ester (Est., 4, 11), para que las leyes&lt;br /&gt;comunes de los otros, que miraban a la culpa, no se&lt;br /&gt;entendiesen conmigo que había de ser Madre del Autor&lt;br /&gt;de la gracia. Y aunque estos beneficios no los podía&lt;br /&gt;merecer yo, pura criatura, pero la clemencia y bondad&lt;br /&gt;Divina se inclinaron liberalmente y me miraron como&lt;br /&gt;humilde sierva, para que eternamente alabase al Autor&lt;br /&gt;de tales obras. Y tú, hija mía, quiero que le engrandezcas&lt;br /&gt;y bendigas también por ellas.&lt;br /&gt;343. La doctrina que ahora te doy, sea que, pues yo con&lt;br /&gt;liberal piedad te elegí por mi discípula y compañera,&lt;br /&gt;siendo tú pobre y desvalida, trabajes con todas tus&lt;br /&gt;fuerzas en imitarme en un ejercicio que hice toda mi vida&lt;br /&gt;después que nací al mundo, sin omitirle día ninguno, por&lt;br /&gt;más cuidados y trabajos que tuviese. El ejercicio fue&lt;br /&gt;que cada día en amaneciendo me postraba en presencia&lt;br /&gt;del Altísimo, y le daba gracias y alababa por su ser&lt;br /&gt;40&lt;br /&gt;inmutable y perfecciones infinitas, y porque me había&lt;br /&gt;criado de la nada; y reconociéndome criatura y hechura&lt;br /&gt;suya le bendecía y adoraba, dándole honor,&lt;br /&gt;magnificencia y divinidad, como a supremo Señor y&lt;br /&gt;Criador mío y de todo lo que tiene ser. Levantaba mi&lt;br /&gt;espíritu a ponerle en sus manos y con profunda&lt;br /&gt;humildad y resignación me ofrecía en ellas, y le pedía&lt;br /&gt;hiciese de mí a su voluntad en aquel día y en todos los&lt;br /&gt;que me restasen de mi vida y me enseñase lo que fuese&lt;br /&gt;de mayor agrado suyo para cumplirlo. Esto repetía&lt;br /&gt;muchas veces en las obras exteriores de aquel día, y en&lt;br /&gt;las interiores consultaba primero a Su Majestad, y le&lt;br /&gt;pedía consejo, licencia y bendición para todas mis&lt;br /&gt;acciones.&lt;br /&gt;344. De mi dulcísimo nombre serás muy devota. Y quiero&lt;br /&gt;que sepas que fueron tantas las prerrogativas y gracias&lt;br /&gt;que le concedió el Todopoderoso, que de conocerlas yo a&lt;br /&gt;la vista de la Divinidad quedé empeñada y cuidadosa&lt;br /&gt;para el retorno; de manera que siempre que me ocurría a&lt;br /&gt;la memoria "María", que era muchas veces, y las que me&lt;br /&gt;oía nombrar, me despertaba el afecto al agradecimiento&lt;br /&gt;y a emprender arduas empresas en servicio del Señor&lt;br /&gt;que me le dio. El mismo nombre tienes tú y&lt;br /&gt;respectivamente quiero que haga en ti los mismos&lt;br /&gt;efectos, y que me imites con puntualidad en la doctrina&lt;br /&gt;de este capítulo, sin faltar desde hoy por causa alguna&lt;br /&gt;que ocurriere; y si, como flaca, te descuidares, vuelve&lt;br /&gt;luego y en presencia del Señor y mía di tu culpa,&lt;br /&gt;reconociéndola con dolor. Con este cuidado, y&lt;br /&gt;repitiendo muchos actos en este santo ejercicio,&lt;br /&gt;excusarás imperfecciones y te irás acostumbrando a lo&lt;br /&gt;más alto de las virtudes y del beneplácito del Altísimo,&lt;br /&gt;que no te negará su Divina gracia para que lo hagas tú, si&lt;br /&gt;atendieres a su luz y al objeto más agradable y más&lt;br /&gt;deseado de tus afectos y de los míos, que son te&lt;br /&gt;entregues toda a oír, atender y obedecer a tu Esposo y&lt;br /&gt;41&lt;br /&gt;Señor, que quiere en ti lo más puro, santo y perfecto, y la&lt;br /&gt;voluntad pronta y oficiosa para ejecutarlo.&lt;br /&gt;CAPITULO 22&lt;br /&gt;Cómo Santa Ana cumplió en su parto con el mandato&lt;br /&gt;de la ley de Moisés, y cómo la niña María procedía en su&lt;br /&gt;infancia.&lt;br /&gt;345. Precepto era de la ley en el capítulo 12 del Levítico&lt;br /&gt;(Lev., 12, 5-6), que la mujer, si pariese hija, se tuviese por&lt;br /&gt;inmunda dos semanas y permaneciese en la purificación&lt;br /&gt;del parto sesenta y seis días, (doblando los días del parto&lt;br /&gt;de varón); y cumplidos todos los de su purificación, se le&lt;br /&gt;mandaba ofrecer un cordero de un año por las hijas o por&lt;br /&gt;los hijos en holocausto, y un palomino o tortolilla por el&lt;br /&gt;pecado, a la puerta del tabernáculo, entregándolo al&lt;br /&gt;sacerdote que lo ofreciese al Señor y rogase por ella y&lt;br /&gt;con esto quedase limpia. El parto de la dichosísima Ana&lt;br /&gt;fue tan puro y limpio cuanto le convenía a su divina hija,&lt;br /&gt;de donde le venía la pureza a la madre; y aunque por&lt;br /&gt;esta causa no tenía necesidad de otra purificación, con&lt;br /&gt;todo eso pagó la deuda a la ley cumpliéndola&lt;br /&gt;puntualmente, teniéndose en los ojos de los hombres por&lt;br /&gt;inmunda la madre que estaba libre de las pensiones que&lt;br /&gt;la ley mandaba purificar.&lt;br /&gt;346. Pasados los sesenta días de la purificación,&lt;br /&gt;salió Santa Ana al templo, llevando su mente inflamada&lt;br /&gt;en el divino ardor y en sus brazos a su hija y niña bendita;&lt;br /&gt;y con la ofrenda de la ley, acompañada de innumerables&lt;br /&gt;Ángeles, se fue a la puerta del tabernáculo y habló con el&lt;br /&gt;Sumo Sacerdote, que era el Santo Simeón; que como&lt;br /&gt;estuvo mucho tiempo en el templo, recibió este beneficio&lt;br /&gt;y favor de que fuese en su presencia y en sus manos&lt;br /&gt;ofrecida la niña María todas las veces que en el templo&lt;br /&gt;fue presentada y ofrecida al Señor; aunque no en todas&lt;br /&gt;42&lt;br /&gt;estas ocasiones conoció el santo sacerdote la dignidad&lt;br /&gt;de esta divina Señora, como adelante diremos (Cf. infra&lt;br /&gt;n. 424, 713 y 745); pero tuvo siempre grandes&lt;br /&gt;movimientos e impulsos de su espíritu, que aquella Niña&lt;br /&gt;era grande en los ojos de Dios.&lt;br /&gt;347. Ofrecióle Santa Ana el cordero y tórtola con lo&lt;br /&gt;demás que llevaba, y con humildes lágrimas le pidió&lt;br /&gt;orase por ella y por su hija, que, si tenían culpa, las&lt;br /&gt;perdonase el Señor. No tuvo que perdonar Su Majestad&lt;br /&gt;donde en hija y madre era la gracia tan copiosa, pero&lt;br /&gt;tuvo que premiar la humildad con que, siendo santísimas,&lt;br /&gt;se representaban pecadoras. El Santo Sacerdote recibió&lt;br /&gt;la oblación y en su espíritu fue inflamado y movido de un&lt;br /&gt;extraordinario júbilo y, sin entender otra cosa ni&lt;br /&gt;manifestar la que sentía, dijo dentro de sí mismo: ¿Qué es&lt;br /&gt;esta novedad que siento? ¿Si por ventura estas mujeres&lt;br /&gt;son parientas del Mesías que ha de venir? Y quedando&lt;br /&gt;con esta suspensión y alegría, les mostró grande&lt;br /&gt;benevolencia; y la Santa Madre Ana entró con su Hija&lt;br /&gt;Santísima en los brazos y la ofreció al Señor con&lt;br /&gt;devotísimas y tiernas lágrimas, como quien sola en el&lt;br /&gt;mundo conocía el tesoro que se le había dado en&lt;br /&gt;depósito.&lt;br /&gt;348. Renovó entonces Santa Ana el voto que antes&lt;br /&gt;había hecho de ofrecer al templo a su primogénita, en&lt;br /&gt;llegando a la edad que convenía; y en esta renovación&lt;br /&gt;fue ilustrada con nueva gracia y luz del Altísimo; y sintió&lt;br /&gt;en su corazón una voz que le decía cumpliese el voto,&lt;br /&gt;llevase y ofreciese en el templo a su hija niña dentro de&lt;br /&gt;tres años. Y fue esta voz como el eco de la Santísima&lt;br /&gt;Reina, que con su oración tocó el pecho de Dios para que&lt;br /&gt;resonase en el de su madre; porque al entrar los dos en&lt;br /&gt;el templo, la dulce niña, viendo con sus ojos corporales su&lt;br /&gt;majestad y grandeza, dedicada al culto y adoración de la&lt;br /&gt;Divinidad, tuvo admirables efectos en su espíritu, y&lt;br /&gt;43&lt;br /&gt;quisiera postrarse en el templo y besando la tierra de él&lt;br /&gt;adorar al Señor. Pero lo que no pudo hacer con el efecto&lt;br /&gt;de las acciones exteriores, suplió con el afecto interior, y&lt;br /&gt;adoró y bendijo a Dios con el amor más alto y reverencia&lt;br /&gt;más profunda que antes ni después ninguna otra pura&lt;br /&gt;criatura lo pudo hacer; y hablando en su corazón con el&lt;br /&gt;Señor, hizo esta oración:&lt;br /&gt;349. Altísimo e incomprensible Dios, Rey y Señor mío,&lt;br /&gt;digno de toda gloria, alabanza y reverencia; yo, humilde&lt;br /&gt;polvo, pero hechura Vuestra, os adoro en este lugar santo&lt;br /&gt;y templo vuestro, y os engrandezco y glorifico por Vuestro&lt;br /&gt;ser y perfecciones infinitas, y doy gracias cuanto mi&lt;br /&gt;poquedad alcanza a Vuestra dignación, porque me&lt;br /&gt;habéis dado que vean mis ojos este santo templo y casa&lt;br /&gt;de oración, donde vuestros profetas y mis antiguos&lt;br /&gt;padres os alabaron y bendijeron y donde vuestra liberal&lt;br /&gt;misericordia obró con ellos tan grandes maravillas y&lt;br /&gt;sacramentos. Recibidme, Señor, para que yo pueda&lt;br /&gt;serviros en él cuando fuere Vuestra santa voluntad.&lt;br /&gt;350. Hizo este humilde ofrecimiento como esclava del&lt;br /&gt;Señor la que era Reina de todo el universo; y en&lt;br /&gt;testimonio de que el Altísimo la aceptaba, vino del cielo&lt;br /&gt;una clarísima luz que sensiblemente bañó a la niña y a la&lt;br /&gt;madre, llenándolas de nuevos resplandores de gracia. Y&lt;br /&gt;volvió a entender Santa Ana que al tercer año presentase&lt;br /&gt;a su hija en el templo; porque el agrado que el Altísimo&lt;br /&gt;había de recibir de aquella ofrenda no consentía más&lt;br /&gt;largos plazos, ni tampoco el afecto con que la niña divina&lt;br /&gt;lo deseaba. Los Santos Ángeles de guarda, y otros&lt;br /&gt;innumerables que asistieron a este acto, cantaron&lt;br /&gt;dulcísimas alabanzas al autor de las maravillas; pero de&lt;br /&gt;todas las, que allí sucedieron, no tuvieron noticia más de&lt;br /&gt;la hija santísima y su madre Ana, que interior y&lt;br /&gt;exteriormente sintieron lo que era espiritual o sensible&lt;br /&gt;respectivamente; sólo el Santo Simeón reconoció algo de&lt;br /&gt;44&lt;br /&gt;la luz sensible. Y con esto se volvió Santa Ana a su casa&lt;br /&gt;enriquecida con su tesoro y nuevos dones del Altísimo&lt;br /&gt;Dios.&lt;br /&gt;351. A la vista de todas estas obras estaba sedienta la&lt;br /&gt;antigua serpiente, ocultándole el Señor lo que no debía&lt;br /&gt;entender y permitiéndole lo que convenía, para que,&lt;br /&gt;contradiciendo a todo lo que él intentaba destruir,&lt;br /&gt;viniese a servir como de instrumento en la ejecución de&lt;br /&gt;los ocultos juicios del Muy Alto. Hacía este enemigo&lt;br /&gt;muchas conjeturas de las novedades que en madre e hija&lt;br /&gt;conocía; pero como vio que llevaban ofrenda al templo y&lt;br /&gt;como pecadoras guardaban lo que mandaba la ley,&lt;br /&gt;pidiendo al sacerdote que rogase por ellas para que&lt;br /&gt;fuesen perdonadas, con esto se alucinó y sosegó su furor,&lt;br /&gt;creyendo que aquella hija y madre estaban&lt;br /&gt;empadronadas con las demás mujeres y que todas eran&lt;br /&gt;de una condición, aunque más perfectas y santas que&lt;br /&gt;otras.&lt;br /&gt;352. La niña soberana era tratada como los demás niños&lt;br /&gt;de su edad. Era su comida la común, aunque la cantidad&lt;br /&gt;muy poca, y lo mismo era del sueño, aunque la aplicaban&lt;br /&gt;para que durmiese; pero no era molesta, ni jamás lloró&lt;br /&gt;con el enojo de otros niños, mas era en extremo&lt;br /&gt;agradable y apacible; y disimulábase mucho esta maravilla&lt;br /&gt;con llorar y sollozar muchas veces —aunque como&lt;br /&gt;Reina y Señora, cual en aquella edad se permitía— por&lt;br /&gt;los pecados del mundo y por alcanzar el remedio de&lt;br /&gt;ellos y la venida del Redentor de los hombres. De&lt;br /&gt;ordinario tenía, aun en aquella infancia, el semblante&lt;br /&gt;alegre, pero severo y con peregrina majestad, sin&lt;br /&gt;admitir jamás acción pueril, aunque tal vez admitía&lt;br /&gt;algunas caricias; pero las que no eran de su madre, y por&lt;br /&gt;eso menos medidas, las moderaba en lo imperfecto con&lt;br /&gt;especial virtud y la severidad que mostraba. Su&lt;br /&gt;prudente madre Ana trataba a la niña con incomparable&lt;br /&gt;45&lt;br /&gt;cuidado, regalo y caricia; y también su padre Joaquín la&lt;br /&gt;amaba como padre y como Santo, aunque entonces&lt;br /&gt;ignoraba el misterio, y la niña se mostraba con su padre&lt;br /&gt;más amorosa, como quien le conocía por padre y tan&lt;br /&gt;amado de Dios. Y aunque admitía de él más caricias que&lt;br /&gt;de otros, pero en el padre y en los demás puso Dios&lt;br /&gt;desde luego tan extraordinaria reverencia y pudor para&lt;br /&gt;la que había elegido por Madre, que aun el candido&lt;br /&gt;afecto y amor de su padre era siempre muy templado y&lt;br /&gt;medido en las demostraciones sensibles.&lt;br /&gt;353. En todo era la niña Reina agraciada, perfectísima y&lt;br /&gt;admirable; y si bien pasó por la infancia por las comunes&lt;br /&gt;leyes de la naturaleza, pero no impidieron a la gracia; y&lt;br /&gt;si dormía, no cesaba ni interrumpía las acciones&lt;br /&gt;interiores del amor y otras que no penden del sentido&lt;br /&gt;exterior. Y siendo posible este beneficio aun a otras&lt;br /&gt;almas con quien el poder Divino lo habrá mostrado, cierto&lt;br /&gt;es que con la que elegía por Madre suya y Reina de todo&lt;br /&gt;lo criado haría con ella sobre todo otro beneficio y sobre&lt;br /&gt;todo pensamiento de las demás criaturas. En el sueño&lt;br /&gt;natural habló Dios a Samuel (1 Sam., 3, 4) y otros santos y&lt;br /&gt;profetas, y a muchos dio sueños misteriosos (Gén., 37, 5.&lt;br /&gt;9) o visiones; porque a su poder poco le importa para&lt;br /&gt;ilustrar el entendimiento que los sentidos exteriores&lt;br /&gt;duerman con el sueño natural, o que se suspendan con la&lt;br /&gt;fuerza que los arrebata en el éxtasis, pues en uno y otro&lt;br /&gt;cesan, y sin ellos oye y atiende y habla el espíritu con sus&lt;br /&gt;objetos proporcionados. Esta fue ley perpetua con la&lt;br /&gt;Reina desde su concepción hasta ahora, y toda la&lt;br /&gt;eternidad; que no fue su estado de viadora en estas&lt;br /&gt;gracias con intervalos, como en otras criaturas. Cuando&lt;br /&gt;estaba sola o la recogía a dormir, como el sueño era tan&lt;br /&gt;medido, confería los misterios y alabanzas del Altísimo&lt;br /&gt;con sus Santos Ángeles y gozaba de divinas visiones y&lt;br /&gt;hablas de Su Majestad; y porque el trato de los Ángeles&lt;br /&gt;era tan frecuente, diré en el capítulo siguiente los modos&lt;br /&gt;46&lt;br /&gt;de manifestársele y algo de sus excelencias.&lt;br /&gt;354. Reina y Señora del Cielo, si como piadosa&lt;br /&gt;Madre y mi Maestra oís mis ignorancias sin ofenderos&lt;br /&gt;de ellas, preguntaré a vuestra dignación algunas dudas&lt;br /&gt;que en este capítulo se me han ofrecido; y si mi&lt;br /&gt;ignorancia y osadía pasare a ser yerro, en lugar de&lt;br /&gt;responderme, corregidme, Señora, con vuestra&lt;br /&gt;maternal misericordia. Mi duda es: si en aquella infancia&lt;br /&gt;sentíades la necesidad y hambre que por orden natural&lt;br /&gt;sienten los otros niños, y siendo así que padecíades estas&lt;br /&gt;penalidades ¿cómo pediais el alimento y socorro&lt;br /&gt;necesario, siendo tan admirable vuestra paciencia,&lt;br /&gt;cuando a los otros niños el llanto sirve de lengua y de&lt;br /&gt;palabras? También ignoro si a Vuestra Majestad eran&lt;br /&gt;penosas las pensiones de aquella edad, como el&lt;br /&gt;envolveros en paños y desenvolver vuestro virginal&lt;br /&gt;cuerpo, el daros la comida de niños, y otras cosas que los&lt;br /&gt;demás reciben sin uso de razón para conocerlas, y a vos,&lt;br /&gt;Señora, nada se escondía. Porque me parece casi&lt;br /&gt;imposible que en el modo, en el tiempo, en la cantidad y&lt;br /&gt;en otras circunstancias no hubiese exceso o falta,&lt;br /&gt;considerándoos yo en la edad de niña y grande en la&lt;br /&gt;capacidad para dar a todo la ponderación que pedía.&lt;br /&gt;Vuestra prudencia celestial conservaba digna majestad&lt;br /&gt;y compostura, vuestra edad, naturaleza y sus leyes&lt;br /&gt;pedían lo necesario; no lo pediais como niña llorando, ni&lt;br /&gt;como grande hablando, ni sabían vuestro dictamen, ni os&lt;br /&gt;trataban según el estado de la razón que teníades, ni&lt;br /&gt;Vuestra Madre Santa lo conocía todo, ni todo lo podía&lt;br /&gt;hacer ni acertar, ignorando el tiempo y el modo; ni&lt;br /&gt;tampoco en todas las cosas pudiera ella servir a Vuestra&lt;br /&gt;Majestad. Todo esto me causa admiración, y me&lt;br /&gt;despierta el deseo de conocer los misterios que en estas&lt;br /&gt;cosas se encierran.&lt;br /&gt;Respuesta y doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;47&lt;br /&gt;355. Hija mía, a tu admiración respondo con&lt;br /&gt;benevolencia. Verdad es que tuve gracia y uso perfecto&lt;br /&gt;de razón desde el primer instante de mi concepción,&lt;br /&gt;como tantas veces te he mostrado, y pasé por las&lt;br /&gt;pensiones de la infancia como otros niños y me criaron&lt;br /&gt;con el orden común de todos. Sentí hambre, sed, sueño y&lt;br /&gt;penalidades en mi cuerpo, y como hija de Adán estuve&lt;br /&gt;sujeta a estos accidentes; porque era justo imitase yo a&lt;br /&gt;mi Hijo Santísimo, que admitió estos defectos y penas,&lt;br /&gt;para que así mereciese, y con Su Majestad fuese ejemplo&lt;br /&gt;a los demás mortales que le habían de imitar. Como la&lt;br /&gt;Divina gracia me gobernaba, usaba de la comida y sueño&lt;br /&gt;en peso y medida, recibiendo menos que otros y sólo&lt;br /&gt;aquello que era preciso para el aumento y conservación&lt;br /&gt;de la vida y salud; porque el desorden en estas cosas no&lt;br /&gt;sólo es contra la virtud, pero contra la misma naturaleza,&lt;br /&gt;que se altera y estraga con ellas. Por mi temperamento y&lt;br /&gt;medida, sentía más el hambre y sed que otros niños y era&lt;br /&gt;más peligrosa en mí esta falta de alimento; pero si no me&lt;br /&gt;le daban a tiempo, o si en ello excedían, tenía paciencia,&lt;br /&gt;hasta que oportunamente con alguna decente&lt;br /&gt;demostración lo pedía. Y sentía menos la falta de sueño,&lt;br /&gt;por la libertad que a solas me quedaba para la vista y&lt;br /&gt;conversación con los Ángeles de los misterios divinos.&lt;br /&gt;356. El estar en paños oprimida y atada, no me causaba&lt;br /&gt;tanta pena, pero mucha alegría, por la luz que tenía de&lt;br /&gt;que el Verbo Humanado había de padecer muerte&lt;br /&gt;torpísima y había de ser ligado con oprobios. Y cuando&lt;br /&gt;estaba sola me ponía en forma de cruz en aquella edad,&lt;br /&gt;orando a imitación suya, porque sabía había de morir mi&lt;br /&gt;amado en ella, aunque ignoraba entonces que el&lt;br /&gt;crucificado había de ser mi Hijo. En todas las&lt;br /&gt;incomodidades que padecí después que nací al mundo&lt;br /&gt;estuve conforme y alegre, porque nunca se apartó de mi&lt;br /&gt;interior una consideración que quiero tengas tú&lt;br /&gt;48&lt;br /&gt;inviolable y perpetua; esto es, que peses en tu corazón y&lt;br /&gt;mente las verdades rectísimas que yo miraba, para que&lt;br /&gt;sin engaño hagas juicio de todas las cosas, dando a cada&lt;br /&gt;una el valor y peso que se le debe. En este error y&lt;br /&gt;ceguedad están de ordinario comprendidos los hijos de&lt;br /&gt;Adán, y no quiero yo que tú, hija mía, lo estés.&lt;br /&gt;357. Luego que nací al mundo y vi la luz que me&lt;br /&gt;alumbraba, sentí los efectos de los elementos, los influjos&lt;br /&gt;de los planetas y astros, la tierra que me recibía, el&lt;br /&gt;alimento que me sustentaba y todas las otras causas de&lt;br /&gt;la vida. Di gracias al Autor de todo, reconociendo sus&lt;br /&gt;obras por beneficio que me hacía y no por deuda que me&lt;br /&gt;debía. Y por esto cuando me faltaba después alguna cosa&lt;br /&gt;de las que necesitaba, sin turbación, antes con alegría,&lt;br /&gt;confesaba que se hacía conmigo lo que era razón, porque&lt;br /&gt;todo se me daba de gracia sin merecerlo y sería justicia&lt;br /&gt;el privarme de ello. Pues dime, alma, si yo decía esto,&lt;br /&gt;confesando una verdad que la razón humana no puede&lt;br /&gt;ignorar ni negar, ¿dónde tienen los mortales el seso o qué&lt;br /&gt;juicio hacen, cuando faltándoles alguna cosa de las que&lt;br /&gt;mal desean, y acaso no les conviene, se entristecen y&lt;br /&gt;enfurecen unos contra otros, y aun se irritan con el&lt;br /&gt;mismo Dios, como si recibieran de él algún agravio?&lt;br /&gt;Pregúntense a sí mismos ¿qué tesoros, qué riquezas&lt;br /&gt;poseían antes que recibieran la vida? ¿qué servicios&lt;br /&gt;hicieron al Criador para que se las diese? Y si la nada no&lt;br /&gt;pudo granjear más que nada, ni merecer el ser que de&lt;br /&gt;nada le dieron, ¿qué obligación hay de sustentarle de&lt;br /&gt;justicia, lo que le dieron de gracia? El haberle criado Dios&lt;br /&gt;no fue beneficio que Su Majestad se hizo a sí mismo, sino&lt;br /&gt;antes fue tan grande para la criatura, cuanto es el ser y&lt;br /&gt;el fin que tiene; y si en el ser recibió la deuda que nunca&lt;br /&gt;puede pagar, diga ¿qué derecho alega ahora para que,&lt;br /&gt;habiéndole dado el ser sin merecerlo, le den la&lt;br /&gt;conservación después de haberla tantas veces&lt;br /&gt;desmerecido? ¿Dónde tiene la escritura de seguridad y&lt;br /&gt;49&lt;br /&gt;abono para que nada le falte?&lt;br /&gt;358. Y si el primer movimiento y operación fue recibo y&lt;br /&gt;deuda con que más se empeñó, ¿cómo pide con&lt;br /&gt;impaciencia el segundo? Y si con todo esto la suma&lt;br /&gt;bondad del Criador le acude graciosamente con lo&lt;br /&gt;necesario, ¿por qué se turba cuando le falta lo superfluo?&lt;br /&gt;¡Oh hija mía, qué desorden tan execrable y qué&lt;br /&gt;ceguedad tan odiosa es ésta de los mortales! Lo que les&lt;br /&gt;da el Señor de gracia, no agradecen ni pagan con&lt;br /&gt;reconocimiento, y por lo que les niega de justicia, y a&lt;br /&gt;veces de grande misericordia, se inquietan y ensoberbecen,&lt;br /&gt;y lo procuran por injustos e ilícitos medios, y se&lt;br /&gt;despeñan tras el mismo daño que huye de ellos. Por sólo&lt;br /&gt;el primer pecado que comete el hombre, perdiendo a&lt;br /&gt;Dios pierde juntamente la amistad de todas las criaturas;&lt;br /&gt;y si el mismo Señor no las detuviera, se convirtieran todas&lt;br /&gt;a vengar su injuria y negaran al hombre las operaciones&lt;br /&gt;y obsequio con que le dan sustento y vida: el cielo le privara&lt;br /&gt;de su luz e influencias, el fuego de su calor, el aire&lt;br /&gt;le negara la respiración y todas las otras cosas en su&lt;br /&gt;modo hicieran lo mismo, porque de justicia debían&lt;br /&gt;hacerlo. Pues cuando la tierra negare sus frutos, y los&lt;br /&gt;elementos su templanza y correspondencia, y las otras&lt;br /&gt;criaturas se armaren (Sab., 5, 18) para vengar los&lt;br /&gt;desacatos hechos contra el Criador, humíllese el hombre&lt;br /&gt;desagradecido y vil y no atesore la ira del Señor (Rom., 2,&lt;br /&gt;5) para el día cierto de la cuenta, donde se le hará este&lt;br /&gt;cargo tan formidable.&lt;br /&gt;359. Y tú, amiga mía, huye de tan pesada ingratitud, y&lt;br /&gt;reconoce humilde que de gracia recibiste el ser y vida y&lt;br /&gt;de gracia te la conserva el Autor de ella; y sin méritos&lt;br /&gt;tuyos recibes graciosamente todos los otros beneficios,&lt;br /&gt;y que recibiendo muchos y pagando menos, cada día&lt;br /&gt;te haces menos digna, y crece contigo la liberalidad del&lt;br /&gt;Altísimo y tu deuda. Esta consideración quiero que sea en&lt;br /&gt;50&lt;br /&gt;ti continua, para que te despierte y mueva a muchos&lt;br /&gt;actos de virtud. Y si te faltaren las criaturas irracionales,&lt;br /&gt;quiero te alegres en el Señor, y que des a Su Majestad&lt;br /&gt;gracias y a ellas bendiciones porque obedecen al&lt;br /&gt;Criador. Si las racionales te persiguieren, ámales de todo&lt;br /&gt;corazón y estímalas como instrumentos de la justicia&lt;br /&gt;Divina, para que en alguna parte se dé por satisfecha de&lt;br /&gt;lo que tú le debes. Y con los trabajos, adversidades y&lt;br /&gt;tribulaciones te abraza y consuela, que a más de&lt;br /&gt;merecerlos por las culpas que has cometido, son el&lt;br /&gt;adorno de tu alma y joyas de tu Esposo muy ricas.&lt;br /&gt;360. Esta será la respuesta de tu duda; y sobre ella&lt;br /&gt;quiero darte la doctrina que te he ofrecido en todos los&lt;br /&gt;capítulos. Advierte, pues, alma, a la puntualidad que tuvo&lt;br /&gt;mi Santa Madre Ana en cumplir el precepto de la ley del&lt;br /&gt;Señor, a cuya grandeza este cuidado fue muy acepto; y tú&lt;br /&gt;debes imitarla en él, guardando inviolablemente todos y&lt;br /&gt;cada uno de los mandatos de tu regla y constituciones;&lt;br /&gt;que Dios remunera liberalmente esta fidelidad y de la&lt;br /&gt;negligencia en ella se da por deservido. Sin pecado fui yo&lt;br /&gt;concebida y no era necesario ir al sacerdote para que me&lt;br /&gt;purificase el Señor, ni tampoco mi madre le tenía, porque&lt;br /&gt;era muy santa, pero obedecimos con humildad a la ley y&lt;br /&gt;por ello merecimos grandes aumentos de virtudes y&lt;br /&gt;gracia. El despreciar las leyes justas y bien ordenadas y&lt;br /&gt;el dispensar a cada paso en ellas tiene perdido el culto y&lt;br /&gt;temor de Dios y confuso y destruido el gobierno humano.&lt;br /&gt;Guárdate de dispensar fácilmente ni para ti ni para otras&lt;br /&gt;en las obligaciones de tu religión. Y cuando la&lt;br /&gt;enfermedad o alguna causa justa lo permitiere, sea con&lt;br /&gt;medida y consejo de tu confesor, justificando el hecho&lt;br /&gt;con Dios y con los hombres, aprobándolo la obediencia.&lt;br /&gt;Si te hallares cansada o postradas las fuerzas, no luego&lt;br /&gt;remitas el rigor, que Dios te las dará según tu fe; y por&lt;br /&gt;ocupaciones nunca dispenses; sirva y aguarde lo que es&lt;br /&gt;menos a lo que es más y las criaturas al Criador; y por el&lt;br /&gt;51&lt;br /&gt;oficio de Prelada tendrás menos disculpa, pues en la&lt;br /&gt;observancia de las leyes debes ser la primera por el&lt;br /&gt;ejemplo; y para ti jamás ha de haber causa humana,&lt;br /&gt;aunque alguna dispenses con tus hermanas y subditas. Y&lt;br /&gt;advierte, carísima, que de ti quiero lo mejor y más&lt;br /&gt;perfecto y para esto es necesario este rigor, que la&lt;br /&gt;observancia de los preceptos es deuda a Dios y a los&lt;br /&gt;hombres. Y nadie piense que basta cumplir con el Señor,&lt;br /&gt;si se queda en pie la deuda con los prójimos, a quien&lt;br /&gt;debe el buen ejemplo y no darle materia de verdadero&lt;br /&gt;escándalo.—Reina y Señora de todo lo criado, yo quisiera&lt;br /&gt;alcanzar la pureza y virtud de los espíritus soberanos,&lt;br /&gt;para que esta parte inferior que agrava el alma (Sab., 9,&lt;br /&gt;15) fuera presta en cumplir esta celestial doctrina; grave&lt;br /&gt;soy y pesada para mí misma (Job 7, 20), pero, con vuestra&lt;br /&gt;intercesión y el favor de la gracia del Altísimo, procuraré,&lt;br /&gt;Señora, obedecer a vuestra voluntad, y suya santísima&lt;br /&gt;con prontitud, y afecto del corazón; no me falte vuestra&lt;br /&gt;intercesión y amparo y la enseñanza de vuestra Santa y&lt;br /&gt;altísima doctrina.&lt;br /&gt;CAPITULO 23&lt;br /&gt;De las divisas con que los Santos Ángeles de guarda&lt;br /&gt;de María Santísima se le manifestaban, y de sus&lt;br /&gt;perfecciones.&lt;br /&gt;361. Ya queda dicho (Cf. supra n. 205) que estos Ángeles&lt;br /&gt;eran mil, como en las demás personas particulares es uno&lt;br /&gt;el que las guarda. Pero según la dignidad de María&lt;br /&gt;Santísima debemos entender que sus mil ángeles la&lt;br /&gt;guardaban y asistían con más vigilancia que cualquier&lt;br /&gt;Ángel guarda al alma encomendada. Y fuera de estos&lt;br /&gt;mil, que eran de la guarda ordinaria y más continua, la&lt;br /&gt;servían en diversas ocasiones otros muchos Ángeles, en&lt;br /&gt;especial después que concibió en sus entrañas al Verbo&lt;br /&gt;Divino Humanado. También he dicho arriba (Cf. supra n.&lt;br /&gt;52&lt;br /&gt;114) cómo el nombramiento de estos mil Ángeles le hizo&lt;br /&gt;Dios en el principio de la creación de todos, justificación&lt;br /&gt;de los buenos y caída de los malos, cuando después del&lt;br /&gt;objeto de la Divinidad que se les propuso como a&lt;br /&gt;viadores, les fue propuesta y manifestada la Humanidad&lt;br /&gt;Santísima que había de tomar el Verbo, y su Madre&lt;br /&gt;Purísima, a quienes habían de reconocer por superiores.&lt;br /&gt;362. En esta ocasión, cuando los apóstatas fueron&lt;br /&gt;castigados y los obedientes premiados, guardando el&lt;br /&gt;Señor la debida proporción en su justísima equidad, dije&lt;br /&gt;(Cf. supra n. 106-107) que en el premio accidental hubo&lt;br /&gt;alguna diversidad entre los Santos Ángeles, según los&lt;br /&gt;afectos diferentes que tuvieron a los misterios del Verbo&lt;br /&gt;Humanado y de su Madre Purísima, que por su orden&lt;br /&gt;fueron conociendo antes y después de la caída de los&lt;br /&gt;malos ángeles. Y a este premio accidental se reduce&lt;br /&gt;haberlos elegido para asistir y servir a María Santísima y&lt;br /&gt;al Verbo Humanado, y el modo de manifestarse en la&lt;br /&gt;forma que tomaban cuando se aparecían visibles a la&lt;br /&gt;Reina y la servían. Esto es lo que pretendo declarar en&lt;br /&gt;este capítulo, confesando mi incapacidad, porque es&lt;br /&gt;dificultoso reducir a razones y términos de cosas materiales&lt;br /&gt;las perfecciones y operaciones de espíritus&lt;br /&gt;intelectuales y tan levantados. Pero si dejara en silencio&lt;br /&gt;este punto, omitía en la Historia una grande parte de las&lt;br /&gt;más excelentes ocupaciones de la Reina del cielo cuando&lt;br /&gt;fue viadora; porque después de las obras que ejercía con&lt;br /&gt;el Señor, el más continuo trato era con sus ministros los&lt;br /&gt;espíritus angélicos; y sin esta ilustre parte quedara&lt;br /&gt;defectuoso el discurso de esta santísima Vida.&lt;br /&gt;363. Suponiendo todo lo que hasta ahora he dicho de&lt;br /&gt;los órdenes, jerarquías y diferencias de estos mil&lt;br /&gt;ángeles, diré aquí la forma en que corporalmente se le&lt;br /&gt;aparecían a su Reina y Señora, remitiendo las&lt;br /&gt;apariciones intelectuales e imaginarias para otros&lt;br /&gt;53&lt;br /&gt;catítulos (Cf. infra n. 615-659), donde de intento diré los&lt;br /&gt;modos de visiones que tenía Su Alteza. Los novecientos&lt;br /&gt;Ángeles que fueron electos de los nueve coros,&lt;br /&gt;ciento de cada uno, fueron entresacados de aquellos que&lt;br /&gt;se inclinaron más a la estimación y amor y admirable&lt;br /&gt;reverencia de María Santísima. Y cuando se le aparecían&lt;br /&gt;visibles, tenían forma de un mancebo de poca edad,&lt;br /&gt;pero de extremada hermosura y agrado. El cuerpo&lt;br /&gt;manifestaba poco de terreno; porque era purísimo y&lt;br /&gt;como un cristal animado y bañado de gloria, con que&lt;br /&gt;remedaban a los cuerpos gloriosos y refulgentes; con la&lt;br /&gt;belleza juntaban extremada gravedad, compostura y&lt;br /&gt;amable severidad. El vestido era rozagante, pero como si&lt;br /&gt;fuera todo resplandor, semejante a un lucidísimo y&lt;br /&gt;brillante oro esmaltado o entrepuesto con matices&lt;br /&gt;de finísimos colores, con que hacían una admirable y&lt;br /&gt;hermosísima variedad para la vista; si bien parecía que&lt;br /&gt;todo aquel ornato y forma visible no era proporcionada al&lt;br /&gt;tacto material ni se pudiera asir con la mano, aunque se&lt;br /&gt;dejaba ver y percibir como el resplandor del sol, que&lt;br /&gt;manifestando los átomos entra por una ventana, siendo&lt;br /&gt;incomparablemente más vistoso y hermoso el de estos&lt;br /&gt;ángeles.&lt;br /&gt;364. Junto con esto traían todos en las cabezas unas&lt;br /&gt;coronas de vivísimas y finísimas flores, que despedían&lt;br /&gt;suavísima fragancia de olores no terrenos, sino&lt;br /&gt;espiritualizados y suaves. En las manos tenían unas&lt;br /&gt;palmas tejidas de variedad y hermosura, significando las&lt;br /&gt;virtudes y coronas que María Santísima había de obrar y&lt;br /&gt;conseguir en tanta santidad y gloria; todo lo cual&lt;br /&gt;estaban como ofreciéndoselo de antemano&lt;br /&gt;disimuladamente, aunque con efectos de júbilo y&lt;br /&gt;alegría. En el pecho traían cierta divisa y señal, que la&lt;br /&gt;entenderemos al modo de las divisas o hábitos de las&lt;br /&gt;órdenes militares; pero tenían una cifra que decía: María&lt;br /&gt;Madre de Dios; y era para aquellos Santos Príncipes&lt;br /&gt;54&lt;br /&gt;de mucha gloria, adorno y hermosura; pero a la Reina&lt;br /&gt;María no le fue manifestada hasta el punto que concibió&lt;br /&gt;el Verbo Humanado.&lt;br /&gt;365. Esta divisa y cifra era admirable para la vista,&lt;br /&gt;por el extremado resplandor que despedía, señalándose&lt;br /&gt;entre el refulgente adorno de los Ángeles; variaban&lt;br /&gt;también los visos y brillantes, significando por ellos la&lt;br /&gt;diferencia de misterios y excelencias que se encerraban&lt;br /&gt;en esta Ciudad Santa de Dios. Contenía el más soberano&lt;br /&gt;renombre y más supremo título y dignidad que pudo&lt;br /&gt;caber en pura criatura, María Madre de Dios; porque&lt;br /&gt;con él honraban más a su Reina y nuestra, y ellos también&lt;br /&gt;quedaban honrados, como señalados por suyos, y&lt;br /&gt;premiados, como quien más se aventajó en la devoción y&lt;br /&gt;veneración que tuvieron a la que fue digna de ser venerada&lt;br /&gt;de todas las criaturas. Dichosas mil veces las que&lt;br /&gt;merecieron el singular retorno del amor de María y de su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo.&lt;br /&gt;366. Los efectos que hacían estos Santos Príncipes y su&lt;br /&gt;ornato en María Señora nuestra, nadie podría fuera de&lt;br /&gt;ella misma explicarlos. Manifestábanle misteriosamente&lt;br /&gt;la grandeza de Dios y sus atributos, los beneficios que&lt;br /&gt;había hecho y hacía con ella en haberla criado y elegido,&lt;br /&gt;enriquecido y prosperado con tantos dones del cielo y&lt;br /&gt;tesoros de la Divina diestra, con que la movían e inflamaban&lt;br /&gt;en grandes incendios del Divino amor y alabanza; y&lt;br /&gt;todo iba creciendo con la edad y sucesos y, en obrándose&lt;br /&gt;la encarnación del Verbo, se desplegaron mucho más;&lt;br /&gt;porque le explicaron la misteriosa cifra del pecho hasta&lt;br /&gt;entonces oculta para Su Alteza. Y con esta declaración, y&lt;br /&gt;en lo que en aquella dulcísima cifra se le dio a entender&lt;br /&gt;de su dignidad y obligación a Dios, no se puede&lt;br /&gt;dignamente encarecer qué fuego de amor y qué&lt;br /&gt;humildad tan profunda, qué afectos tan tiernos se&lt;br /&gt;despertaban en aquel candido corazón de María&lt;br /&gt;55&lt;br /&gt;Santísima, reconociéndose desigual y no digna de tan&lt;br /&gt;inefable sacramento y dignidad de Madre de Dios.&lt;br /&gt;367. Los setenta serafines de los más allegados al&lt;br /&gt;trono que asistían a la Reina, fueron de los que más se&lt;br /&gt;adelantaron en la devoción y admiración de la unión&lt;br /&gt;Hipostática de las dos naturalezas Divina y humana en la&lt;br /&gt;Persona del Verbo; porque como más allegados a Dios&lt;br /&gt;por la noticia y afecto, desearon señaladamente que se&lt;br /&gt;obrase este misterio en las entrañas de una mujer; y a&lt;br /&gt;este particular y señalado afecto le correspondió el&lt;br /&gt;premio de gloria esencial y accidental. Y a esta última,&lt;br /&gt;de que voy hablando, pertenece el asistir a María&lt;br /&gt;Santísima y a los misterios que en ella se obraron.&lt;br /&gt;368. Cuando estos setenta serafines se le manifestaban&lt;br /&gt;visibles, los veía la Reina en la misma forma que&lt;br /&gt;imaginariamente los vio Isaías, con seis alas; con las dos&lt;br /&gt;cubrían la cabeza, significando con esta acción humilde&lt;br /&gt;la oscuridad de sus entendimientos para alcanzar el&lt;br /&gt;misterio y sacramento a que servían; y que, postrados&lt;br /&gt;ante la majestad y grandeza de su Autor, los creían y&lt;br /&gt;entendían con el velo de la oculta noticia que se les&lt;br /&gt;daba, y por ella engrandecían con alabanza eterna los&lt;br /&gt;incomprensibles y santos juicios del Altísimo. Con otras&lt;br /&gt;dos alas cubrían los pies, que son la parte inferior que&lt;br /&gt;toca en la tierra; y por esto significan a la misma Reina y&lt;br /&gt;Señora del Cielo, pero de naturaleza humana y terrena; y&lt;br /&gt;cubríanla en señal de veneración y que la tenían&lt;br /&gt;como a suprema criatura sobre todas y de su&lt;br /&gt;incomprensible dignidad y grandeza inmediata al&lt;br /&gt;mismo Dios y sobre todo entendimiento y juicio criado;&lt;br /&gt;que por esto también encubrían los pies, significando&lt;br /&gt;que tan levantados serafines no podían dar paso en&lt;br /&gt;comparación de los de María, y de su dignidad y&lt;br /&gt;excelencia.&lt;br /&gt;56&lt;br /&gt;369. Con las dos alas del pecho volaban o las extendían,&lt;br /&gt;dando a entender también dos cosas: la una, el&lt;br /&gt;incesante movimiento y vuelo del amor de Dios, de su&lt;br /&gt;alabanza y profunda reverencia que le daban; la otra era&lt;br /&gt;que descubrían a María Santísima lo interior del pecho,&lt;br /&gt;donde en el ser y obrar, como en espejo purísimo, reverberaban&lt;br /&gt;los rayos de la Divinidad, mientras que&lt;br /&gt;siendo viadora no era posible ni conveniente que se le&lt;br /&gt;manifestase tan continuamente en sí misma. Y por esto&lt;br /&gt;ordenó la Beatísima Trinidad que su Hija y Esposa tuviese&lt;br /&gt;a los serafines, que son las criaturas más inmediatas y&lt;br /&gt;cercanas a la Divinidad, para que como en imagen viva&lt;br /&gt;viese copiado esta gran Señora lo que no podía ver&lt;br /&gt;siempre en su original.&lt;br /&gt;370. Por este modo gozaba la divina Esposa del retrato&lt;br /&gt;de su amado en la ausencia de viadora, enardecida toda&lt;br /&gt;con la llama de su santo amor con la vista y conferencias&lt;br /&gt;que tenía de estos inflamados y supremos príncipes. Y el&lt;br /&gt;modo de comunicar con ellos, a más de lo sensible, era el&lt;br /&gt;mismo que ellos guardan entre sí mismos, ilustrando los&lt;br /&gt;superiores a los inferiores en su orden, como otras veces&lt;br /&gt;he dicho (Cf. supra n. 203); porque si bien la Reina del&lt;br /&gt;Cielo era superior y mayor que todos en la dignidad y&lt;br /&gt;gracia, pero en la naturaleza, como dice David (Sal., 8,&lt;br /&gt;6), él hombre fue hecho menor que los Ángeles; y el&lt;br /&gt;orden común de iluminar y recibir estas influencias&lt;br /&gt;divinas sigue a la naturaleza y no a la gracia.&lt;br /&gt;371. Los otros doce Ángeles, que son los de las doce&lt;br /&gt;puertas de que san Juan habló en el capítulo 21 (Ap., 21,&lt;br /&gt;12) del Apocalipsis, como arriba dije (Cf. supra n. 273), se&lt;br /&gt;adelantaron en el afecto y alabanza de ver que Dios se&lt;br /&gt;humanase a ser maestro y conversar con los hombres, y&lt;br /&gt;después a redimirlos y abrirles las puertas del cielo con&lt;br /&gt;sus merecimientos, siendo coadjutora de este admirable&lt;br /&gt;sacramento su Madre Santísima. Atendieron&lt;br /&gt;57&lt;br /&gt;señaladamente estos Santos Ángeles a tan maravillosas&lt;br /&gt;obras, y a los caminos que Dios había de enseñar para&lt;br /&gt;que los hombres fuesen a la vida eterna, significados en&lt;br /&gt;las doce puertas, que corresponden a los doce tribus. El&lt;br /&gt;retorno de esta singular devoción fue señalar Dios a estos&lt;br /&gt;Santos Ángeles por testigos y como secretarios de los&lt;br /&gt;misterios de la Redención, y que cooperasen con la&lt;br /&gt;misma Reina del Cielo en el privilegio de ser Madre de&lt;br /&gt;Misericordia y Medianera de los que a ella acudieron a&lt;br /&gt;buscar su salvación. Y por esto dije arriba (Cf. supra n.&lt;br /&gt;273-274) que Su Majestad, de la Reina, se sirve de estos&lt;br /&gt;doce Ángeles señaladamente, para que amparen,&lt;br /&gt;ilustren y defiendan a sus devotos en sus necesidades, y&lt;br /&gt;en especial para salir de pecado, cuando ellos y María&lt;br /&gt;Santísima son invocados.&lt;br /&gt;372. Estos doce ángeles se le aparecían corporalmente,&lt;br /&gt;como los que dije primero, salvo que llevaban muchas&lt;br /&gt;coronas y palmas, como reservadas para los devotos de&lt;br /&gt;esta Señora. Servíanla, dándole singularmente a conocer&lt;br /&gt;la inefable piedad del Señor con el linaje humano,&lt;br /&gt;moviéndola para que ella le alabase y pidiese la&lt;br /&gt;ejecutase con los hombres. Y en cumplimiento de esto los&lt;br /&gt;enviaba Su Alteza con estas peticiones al trono del Eterno&lt;br /&gt;Padre; y también a que inspirasen y socorriesen a los&lt;br /&gt;devotos que la invocaban, o ella quería remediar y&lt;br /&gt;patrocinar, como después sucedió muchas veces con los&lt;br /&gt;Santos Apóstoles, a quienes por ministerio de los Ángeles&lt;br /&gt;favorecía en los trabajos de la primitiva Iglesia; y hasta&lt;br /&gt;hoy desde el cielo ejercen estos doce Ángeles el mismo&lt;br /&gt;oficio, asistiendo a los devotos de su Reina y nuestra.&lt;br /&gt;373. Los diez y ocho Ángeles restantes para el número&lt;br /&gt;de mil, fueron de los que se señalaron en el afecto a los&lt;br /&gt;trabajos del Verbo Humanado; y por esto fue grande su&lt;br /&gt;premio de gloria. Estos Ángeles se aparecían a María&lt;br /&gt;Santísima con admirable hermosura; llevaban por&lt;br /&gt;58&lt;br /&gt;adorno muchas divisas de la Pasión y otros misterios de&lt;br /&gt;la Redención; especialmente tenían una Cruz en el pecho&lt;br /&gt;y otra en el brazo, ambas de singular hermosura y&lt;br /&gt;refulgente resplandor. Y la vista de tan peregrino hábito&lt;br /&gt;despertaba a la Reina a grande admiración y más tierna&lt;br /&gt;memoria y afectos compasivos de lo que había de&lt;br /&gt;padecer el Redentor del mundo, y a fervorosas gracias y&lt;br /&gt;agradecimientos de los beneficios que los hombres&lt;br /&gt;recibieron con los misterios de la redención y rescate de&lt;br /&gt;su cautiverio. Servíase la gran Princesa de estos Ángeles&lt;br /&gt;para enviarlos muchas veces a su Hijo Santísimo con&lt;br /&gt;embajadas diversas y peticiones para el bien de las&lt;br /&gt;almas.&lt;br /&gt;374. Debajo de estas formas y divisas he declarado&lt;br /&gt;algo de las perfecciones y operaciones de estos espíritus&lt;br /&gt;celestiales, pero muy limitadamente para lo que en sí&lt;br /&gt;contienen; porque son unos invisibles rayos de la&lt;br /&gt;divinidad, prestísimos en sus movimientos y operaciones,&lt;br /&gt;poderosísimos en su virtud, perfectísimos en su entender&lt;br /&gt;sin engaño, inmutables en la condición y voluntad; lo que&lt;br /&gt;una vez aprenden, nunca lo olvidan ni pierden de vista.&lt;br /&gt;Están ya llenos de gracia y gloria sin peligro de perderla;&lt;br /&gt;y porque son incorpóreos e invisibles, cuando el Altísimo&lt;br /&gt;quiere hacer beneficio a los hombres de que los vean,&lt;br /&gt;toman cuerpo aéreo y aparente y proporcionado al&lt;br /&gt;sentido y al fin para que lo toman. Todos estos mil&lt;br /&gt;Ángeles de la Reina María eran de los superiores de sus&lt;br /&gt;órdenes y coros adonde pertenecen; y esta superioridad&lt;br /&gt;es principalmente en gracia y gloria. Asistieron a la&lt;br /&gt;guarda de esta Señora, sin faltar un punto en su vida&lt;br /&gt;santísima; y ahora en el cielo tienen especial y accidental&lt;br /&gt;gozo de su vista y compañía. Y aunque algunos de ellos&lt;br /&gt;señaladamente son enviados por su voluntad, pero todos&lt;br /&gt;mil sirven también para este ministerio en algunas&lt;br /&gt;ocasiones, según la disposición divina.&lt;br /&gt;59&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la Reina del cielo.&lt;br /&gt;375. Hija mía, en tres documentos te quiero dar la&lt;br /&gt;doctrina de este capítulo. El primero, que seas&lt;br /&gt;agradecida con eterna alabanza y reconocimiento al&lt;br /&gt;beneficio que Dios te ha hecho en darte Ángeles que te&lt;br /&gt;asistan, enseñen y encaminen en tus tribulaciones y&lt;br /&gt;trabajos. Este beneficio tienen de ordinario olvidado los&lt;br /&gt;mortales con odiosa ingratitud y pesada grosería, sin&lt;br /&gt;advertir en la Divina misericordia y dignación de haber&lt;br /&gt;mandado el Altísimo a estos Santos Príncipes que&lt;br /&gt;asistan, guarden y defiendan a otras criaturas terrenas&lt;br /&gt;y llenas de miserias y culpas, siendo ellos de naturaleza&lt;br /&gt;tan superior y espiritual y llenos de tanta gloria, dignidad&lt;br /&gt;y hermosura; y por este olvido se privan los hombres&lt;br /&gt;ingratos de muchos favores de los mismos Ángeles y&lt;br /&gt;tienen indignado al Señor; pero tú, carísima, reconoce tu&lt;br /&gt;beneficio y dale el retorno con todas tus fuerzas.&lt;br /&gt;376. El segundo documento sea, que siempre y en todo&lt;br /&gt;lugar tengas amor y reverencia a estos espíritus divinos,&lt;br /&gt;como si con los ojos del cuerpo los vieras, para que con&lt;br /&gt;esto vivas advertida y circunspecta, como quien tiene&lt;br /&gt;presentes los cortesanos del cielo, y no te atrevas a&lt;br /&gt;hacer en presencia suya lo que en público no hicieras, ni&lt;br /&gt;dejes de obrar en el servicio del Señor lo que ellos hacen&lt;br /&gt;y de ti quieren. Y advierte que siempre están mirando la&lt;br /&gt;cara de Dios (Mt., 18, 10), como bienaventurados, y&lt;br /&gt;cuando juntamente te miran a ti, no es razón que vean&lt;br /&gt;alguna cosa indecente; agradéceles lo que te guardan,&lt;br /&gt;defienden y amparan.&lt;br /&gt;377. Sea el tercero documento, que vivas atenta a los&lt;br /&gt;llamamientos, avisos e inspiraciones con que te&lt;br /&gt;despiertan, mueven y te ilustran para encaminar tu&lt;br /&gt;mente y corazón con la memoria del Altísimo y en el&lt;br /&gt;ejercicio de todas las virtudes. Considera cuántas veces&lt;br /&gt;60&lt;br /&gt;los llamas y te responden; los buscas y los hallas; cuántas&lt;br /&gt;veces les has pedido señas de tu amado y te las han&lt;br /&gt;dado; y cuántas ellos te han solicitado al amor de tu&lt;br /&gt;Esposo, han reprendido benignamente tus descuidos y&lt;br /&gt;remisiones; y cuando por tus tentaciones y flaquezas has&lt;br /&gt;perdido el norte de la luz, ellos te han esperado, sufrido y&lt;br /&gt;desengañado, volviéndote al camino derecho de las justificaciones&lt;br /&gt;del Señor y de sus testimonios. No olvides,&lt;br /&gt;alma, lo mucho que en este beneficio de los Ángeles&lt;br /&gt;debes a Dios sobre muchas naciones y generaciones;&lt;br /&gt;trabaja por ser agradecida a tu Señor y a sus Ángeles sus&lt;br /&gt;ministros.&lt;br /&gt;CAPITULO 24&lt;br /&gt;De los ejercicios y ocupaciones santas de la Reina&lt;br /&gt;del Cielo en el año y medio primero de su infancia.&lt;br /&gt;378. El silencio forzoso en los años primeros de los otros&lt;br /&gt;niños y ser torpes y balbucientes, porque no saben ni&lt;br /&gt;pueden hablar, esto fue virtud heroica en nuestra niña&lt;br /&gt;Reina; porque, si las palabras son parto del&lt;br /&gt;entendimiento y como índices del discurso y le tuvo Su&lt;br /&gt;Alteza perfectísimo desde su concepción, no dejó de&lt;br /&gt;hablar desde luego que nació porque no podía, sino&lt;br /&gt;porque no quería. Y aunque a los otros niños les faltan&lt;br /&gt;las fuerzas naturales para abrir la boca, mover la tierna&lt;br /&gt;lengua y pronunciar las palabras, pero en María niña no&lt;br /&gt;hubo este defecto; así porque en la naturaleza estaba&lt;br /&gt;más robusta, como porque al imperio y dominio que tenía&lt;br /&gt;sobre todas las cosas obedecieran sus potencias propias,&lt;br /&gt;si ella lo mandara. Pero el no hablar fue virtud y&lt;br /&gt;perfección grande, ocultando debidamente la ciencia y la&lt;br /&gt;gracia, y excusando la admiración de ver hablar a una&lt;br /&gt;recién nacida. Y si fuera admiración que hablara quien&lt;br /&gt;naturalmente había de estar impedida para hacerlo, no&lt;br /&gt;sé si fue más admirable que callase año y medio la que&lt;br /&gt;61&lt;br /&gt;pudo hablar en naciendo.&lt;br /&gt;379. Orden fue del Altísimo que nuestra niña y Señora&lt;br /&gt;guardase este silencio por el tiempo que ordinariamente&lt;br /&gt;los otros niños no pueden hablar. Sólo para con los&lt;br /&gt;Santos Ángeles de su guarda se dispensó en esta ley, o&lt;br /&gt;cuando vocalmente oraba al Señor a solas; que para&lt;br /&gt;hablar con el mismo Dios, autor de aquel beneficio, y con&lt;br /&gt;los Ángeles legados suyos, cuando corporalmente&lt;br /&gt;trataban a la niña, no intervenía la misma razón de callar&lt;br /&gt;que con los hombres, antes convenía que orase con la&lt;br /&gt;boca, pues no tenía impedimento en aquella potencia y&lt;br /&gt;sin él no había de estar ociosa tanto tiempo. Pero su&lt;br /&gt;madre Santa Ana nunca la oyó, ni conoció que podía&lt;br /&gt;hablar en aquella edad; y con esto se entiende mejor&lt;br /&gt;cómo fue virtud el no hacerlo en aquel año y medio de&lt;br /&gt;su primera infancia. Mas en este tiempo, cuando a su&lt;br /&gt;madre le pareció oportuno, soltó las manos y los brazos a&lt;br /&gt;la niña María, y ella cogió luego las suyas a sus padres y&lt;br /&gt;se las besó con gran sumisión y humildad reverencial; y&lt;br /&gt;en esta costumbre perseveró mientras vivieron sus santos&lt;br /&gt;padres. Y con algunas demostraciones daba señal en&lt;br /&gt;aquella edad para que la bendijesen, hablándoles más al&lt;br /&gt;corazón para que lo hicieran que quererlo pedir con la&lt;br /&gt;boca. Tanta fue la reverencia en que los tenía, que jamás&lt;br /&gt;faltó un punto en ella, ni en obedecerlos; ni les dio&lt;br /&gt;molestia ni pena alguna, porque conocía sus&lt;br /&gt;pensamientos y prevenía la obediencia.&lt;br /&gt;380. En todas sus acciones y movimientos era gobernada&lt;br /&gt;por el Espíritu Santo, con que siempre obraba lo&lt;br /&gt;perfectísimo, pero ejecutándolo no se satisfacía su&lt;br /&gt;ardentísimo amor, que de continuo renovaba sus afectos&lt;br /&gt;fervorosos para emular mejores carismas (1 Cor., 12,&lt;br /&gt;31). Las revelaciones Divinas y visiones intelectuales eran&lt;br /&gt;en esta niña Reina muy continuas, asistiéndola siempre&lt;br /&gt;el Altísimo; y cuando alguna vez suspendía su&lt;br /&gt;62&lt;br /&gt;providencia un modo de visiones o intelecciones, atendía&lt;br /&gt;a otras; porque de la visión clara de la Divinidad —que&lt;br /&gt;dije arriba (Cf. supra n. 333) había tenido luego que nació&lt;br /&gt;y fue llevada al cielo por los Ángeles— le quedaron&lt;br /&gt;especies de lo que conoció; y desde .entonces, como salió&lt;br /&gt;de la bodega del vino ordenada la caridad (Cant., 2, 4),&lt;br /&gt;quedó tan herido su corazón, que convirtiéndose a esta&lt;br /&gt;contemplación era toda enardecida; y como el cuerpo&lt;br /&gt;era tierno y flaco, y el amor fuerte como la muerte (Cant.,&lt;br /&gt;8, 6), llegaba a padecer suma dolencia de amor, de que&lt;br /&gt;enferma muriera, si el Altísimo no fortaleciera y&lt;br /&gt;conservara con milagrosa virtud la parte inferior y vida&lt;br /&gt;natural. Pero muchas veces daba lugar el Señor para&lt;br /&gt;que aquel tierno y virginal cuerpecito llegase a&lt;br /&gt;desfallecer mucho con la violencia del amor, y que los&lt;br /&gt;Santos Ángeles la sustentasen y confortasen,&lt;br /&gt;cumpliéndose aquello de la Esposa: Fulcite me floribus,&lt;br /&gt;quia amore langueo (Cant., 2, 5); «socorredme con&lt;br /&gt;flores, que estoy enferma de amor». Y este fue un&lt;br /&gt;nobilísimo género de martirio millares de veces repetido&lt;br /&gt;en esta divina Señora, con que excedió a todos los mártires&lt;br /&gt;en el merecimiento y aun en el dolor.&lt;br /&gt;381. Es la pena del amor tan dulce y apetecible, que&lt;br /&gt;cuanto mayor causa tiene tanto más desea, quien la&lt;br /&gt;padece, que le hablen de quien ama, pretendiendo curar&lt;br /&gt;la herida con renovarla. Y este suavísimo engaño&lt;br /&gt;entretiene al alma entre una penosa vida y una dulce&lt;br /&gt;muerte. Esto le sucedía a la niña María con sus Ángeles,&lt;br /&gt;que ella les hablaba de su amado y ellos le respondían.&lt;br /&gt;Preguntábales ella muchas veces, y les decía: Ministros&lt;br /&gt;de mi Señor y mensajeros suyos, hermosísimas obras de&lt;br /&gt;sus manos, centellas de aquel divino fuego que&lt;br /&gt;enciende mi corazón, pues gozáis de su hermosura eterna&lt;br /&gt;sin velo ni rebozo, decidme las señas de mi amado ¿qué&lt;br /&gt;condiciones tiene mi querido? Avisadme si acaso le tengo&lt;br /&gt;disgustado, sabedme lo que desea y quiere de mí y no&lt;br /&gt;63&lt;br /&gt;tardéis en aliviar mi pena, que desfallezco de amor.&lt;br /&gt;382. Respondíanla los espíritus soberanos: Esposa del&lt;br /&gt;Altísimo, vuestro amado es solo el que sólo por sí es, el&lt;br /&gt;que de nadie necesita, y todos de Él. Es infinito en&lt;br /&gt;perfecciones, inmenso en la grandeza, sin límite en el&lt;br /&gt;poder, sin término en la sabiduría, sin modo en la&lt;br /&gt;bondad; el que dio principio a todo lo criado sin tenerlo,&lt;br /&gt;el que lo gobierna sin cansancio, el que lo conserva sin&lt;br /&gt;haberlo menester; el que viste de hermosura a todo lo&lt;br /&gt;criado, y que la suya nadie la puede comprender, y hace&lt;br /&gt;con ella bienaventurados a los que llegan a verla cara a&lt;br /&gt;cara. Infinitas son, Señora, las perfecciones de vuestro&lt;br /&gt;Esposo, exceden a nuestro entendimiento y sus altos&lt;br /&gt;juicios son para la criatura investigables.&lt;br /&gt;383. En estos coloquios y otros muchos, que no alcanza&lt;br /&gt;toda nuestra capacidad, pasaba la niñez María&lt;br /&gt;Santísima con sus Ángeles y con el Altísimo, en quien&lt;br /&gt;estaba transformada. Y como era consiguiente crecer en&lt;br /&gt;el fervor y ansias de ver al sumo bien, que sobre todo&lt;br /&gt;pensamiento amaba, muchas veces por voluntad del&lt;br /&gt;Señor y por manos de sus Ángeles era llevada&lt;br /&gt;corporalmente al cielo empíreo, donde gozaba de la&lt;br /&gt;presencia de la Divinidad; aunque algunas veces, de&lt;br /&gt;estas que era levantada al Cielo, la veía claramente, y&lt;br /&gt;otras sólo por especies infusas, pero altísimas y&lt;br /&gt;clarísimas en este género de visión. Conocía también a&lt;br /&gt;los Ángeles clara e intuitivamente, sus grados, órdenes y&lt;br /&gt;jerarquías, y otros grandes sacramentos entendía en&lt;br /&gt;este beneficio. Y como fue muchas veces repetido, con el&lt;br /&gt;uso de él y los actos que ejercía, vino a adquirir un hábito&lt;br /&gt;tan intenso y robusto de amor, que parecía más divina&lt;br /&gt;que humana criatura; y ninguna otra pudiera ser capaz&lt;br /&gt;de este beneficio, y otros que con proporción le&lt;br /&gt;acompañaban, ni tampoco la naturaleza mortal de la&lt;br /&gt;misma Reina los pudiera recibir sin morir, si por milagro&lt;br /&gt;64&lt;br /&gt;no fuera conservada.&lt;br /&gt;384. Cuando era necesario en aquella niñez recibir algún&lt;br /&gt;obsequio y beneficio de sus santos padres, o cualquiera&lt;br /&gt;otra criatura, siempre lo admitía con interna humillación&lt;br /&gt;y agradecimiento y pedía al Señor les premiase aquel&lt;br /&gt;bien que le hacían por su amor. Y con estar en tan alto&lt;br /&gt;grado de santidad y llena de la divina luz del Señor y sus&lt;br /&gt;misterios, se juzgaba por la menor de las criaturas y en&lt;br /&gt;su comparación con la propia estimación se ponía en el&lt;br /&gt;último lugar de todas; y aun del mismo alimento para la&lt;br /&gt;vida natural se reputaba indigna la que era Reina y&lt;br /&gt;Señora de todo lo criado.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;385. Hija mía, el que recibe más, se debe reputar por el&lt;br /&gt;más pobre, porque su deuda es mayor; y si todos deben&lt;br /&gt;humillarse, porque de sí mismos nada son, ni pueden, ni&lt;br /&gt;poseen, por esta misma razón se ha de pegar más con la&lt;br /&gt;tierra aquel que siendo polvo le ha levantado la mano&lt;br /&gt;poderosa del Altísimo; pues quedándose por sí y en sí&lt;br /&gt;mismo, sin ser ni valer nada, se halla más adeudado y&lt;br /&gt;obligado a lo que por sí no puede satisfacer. Conozca la&lt;br /&gt;criatura lo que de sí es; pues nadie podrá decir, yo me&lt;br /&gt;hice a mí mismo, ni yo me sustento, ni yo puedo alargar&lt;br /&gt;mi vida, ni detener la muerte. Todo el ser y conservación&lt;br /&gt;depende de la mano del Señor; humíllese la criatura en&lt;br /&gt;su presencia, y tú, carísima, no olvides este documento.&lt;br /&gt;386. También quiero aprecies como gran tesoro la&lt;br /&gt;virtud del silencio, que yo comencé a guardar desde mi&lt;br /&gt;nacimiento; porque conocí en el Señor todas las virtudes&lt;br /&gt;con la luz que recibí de su mano poderosa, y me aficioné&lt;br /&gt;a ésta con mucho afecto, proponiendo tenerla por&lt;br /&gt;compañera y amiga toda mi vida; y así lo guardé con&lt;br /&gt;inviolable recato, aunque pude hablar luego que salí al&lt;br /&gt;65&lt;br /&gt;mundo. El hablar sin medida y peso es un cuchillo de dos&lt;br /&gt;filos que hiere al que habla y juntamente al que oye, y&lt;br /&gt;entrambos destruyen la caridad, o la impiden con todas&lt;br /&gt;las virtudes. Y de esto entenderás cuánto se ofende Dios&lt;br /&gt;con el vicio de la lengua desconcertada y suelta, y con&lt;br /&gt;qué justicia aparta su espíritu y esconde su cara de la&lt;br /&gt;locuacidad, bullicio y conversaciones, donde hablándose&lt;br /&gt;mucho no se pueden excusar graves pecados (Prov., 10,&lt;br /&gt;19). Sólo con Dios y sus Santos se puede hablar con&lt;br /&gt;seguridad, y aun eso ha de ser con peso y discreción;&lt;br /&gt;pero con las criaturas es muy difícil conservar el medio&lt;br /&gt;perfecto, sin pasar de lo justo y necesario a lo injusto y&lt;br /&gt;superfluo.&lt;br /&gt;387. El remedio que te preservará de este peligro es&lt;br /&gt;quedar siempre más cerca del extremo contrario,&lt;br /&gt;excediendo en callar y enmudeciendo; porque el medio&lt;br /&gt;prudente de hablar lo necesario se halla más cerca de&lt;br /&gt;callar mucho que de hablar demasiado. Advierte, alma,&lt;br /&gt;que sin dejar a Dios en tu interior y secreto, no puedes&lt;br /&gt;irte tras de las conversaciones voluntarias de criaturas; y&lt;br /&gt;lo que sin vergüenza y nota de grosería no hicieras con&lt;br /&gt;otra criatura, no debes hacerlo con el Señor tuyo y de&lt;br /&gt;todos. Aparta los oídos de las engañosas fabulaciones,&lt;br /&gt;que te pueden obligar a que hables lo que no debes;&lt;br /&gt;pues no es justo que hables más de lo que te manda tu&lt;br /&gt;Dueño y Señor. Oye a su Ley Santa, que con mano liberal&lt;br /&gt;ha escrito en tu corazón; escucha en él la voz de tu Pastor&lt;br /&gt;y respóndele allí, y sólo a él. Y quiero dejarte advertida&lt;br /&gt;que, si has de ser mi discípula y compañera, ha de ser&lt;br /&gt;señalándote por extremo en esta virtud del silencio. Calla&lt;br /&gt;mucho, y escribe este documento en tu corazón ahora, y&lt;br /&gt;aficiónate más y más a esta virtud, que primero quiero&lt;br /&gt;de ti este afecto, y después te enseñaré cómo debes&lt;br /&gt;hablar; pero no te impido para que dejes de hablar,&lt;br /&gt;amonestando y consolando, a tus hijas y subditas.&lt;br /&gt;388. Habla también con los que te puedan dar señas de&lt;br /&gt;66&lt;br /&gt;tu amado y te despierten y enciendan en su amor; y en&lt;br /&gt;estas pláticas adquirirás el deseado silencio&lt;br /&gt;provechoso para tu alma; pues de aquí te nacerá el&lt;br /&gt;horror y hastío de las conversaciones humanas y sólo&lt;br /&gt;gustarás de hablar del bien eterno que deseas; y con la&lt;br /&gt;fuerza del amor, que transformará tu ser en el amado,&lt;br /&gt;desfallecerá el ímpetu de las pasiones y llegarás a sentir&lt;br /&gt;algo de aquel martirio dulce que yo padecía cuando me&lt;br /&gt;querellaba del cuerpo y de la vida; porque me parecían&lt;br /&gt;duras prisiones que detenían mi vuelo, aunque no mi&lt;br /&gt;amor. Oh, hija mía, olvídate de todo lo terreno en el&lt;br /&gt;secreto de tu silencio y sigúeme con todo tu fervor y&lt;br /&gt;fuerzas, para que llegues al estado que tu Esposo te&lt;br /&gt;convida, donde oigas aquella consolación que a mí me&lt;br /&gt;entretenía en mi dolor de amor: Paloma mía, dilata tu&lt;br /&gt;corazón, y admite, querida mía, esta dulce pena, que de&lt;br /&gt;tu afecto está mi corazón herido. Esto me decía el Señor,&lt;br /&gt;y tú lo has oído repetidas veces, porque al solo y&lt;br /&gt;silenciario habla Su Majestad.&lt;br /&gt;CAPITULO 25&lt;br /&gt;Cómo al año y medio comenzó a hablar la niña&lt;br /&gt;María Santísima, y sus ocupaciones hasta que fue al&lt;br /&gt;templo.&lt;br /&gt;389. Llegó el tiempo en que el silencio santo de María&lt;br /&gt;Purísima oportuna y perfectamente se rompiese y se&lt;br /&gt;oyese en nuestra tierra la voz de aquella tórtola divina&lt;br /&gt;(Cant., 2, 12), que fuese embajadora fidelísima del&lt;br /&gt;verano de la gracia. Pero antes de tener licencia del&lt;br /&gt;Señor para comenzar a hablar con los hombres, que fue a&lt;br /&gt;los diez y ocho meses de su tierna infancia, tuvo una&lt;br /&gt;intelectual visión de la Divinidad, no intuitiva sino por&lt;br /&gt;especies, renovándole las que otras veces había recibido&lt;br /&gt;y aumentándole los dones de las gracias y beneficios. Y&lt;br /&gt;en esta Divina visión pasó entre la niña y el supremo&lt;br /&gt;67&lt;br /&gt;Señor un dulcísimo coloquio que con temor me atrevo a&lt;br /&gt;reducir a palabras.&lt;br /&gt;390. Dijo la Reina a Su Majestad: Altísimo Señor y Dios&lt;br /&gt;incomprensible, ¿cómo a la más inútil y pobre criatura&lt;br /&gt;favorecéis tanto? ¿Cómo a vuestra esclava,&lt;br /&gt;insuficiente para el retorno, inclináis vuestra&lt;br /&gt;grandeza con tan amable dignación? ¿El Altísimo mira a&lt;br /&gt;la sierva? ¿El Poderoso enriquece a la pobre? ¿El Santo&lt;br /&gt;de los Santos se inclina al polvo? Yo, Señor, soy párvula&lt;br /&gt;entre todas las criaturas, soy la que menos merece&lt;br /&gt;vuestros favores, ¿qué haré en vuestra Divina presencia?&lt;br /&gt;¿Con qué daré la retribución de lo que os debo? ¿Qué&lt;br /&gt;tengo yo, Señor, que no sea vuestro si vos me dais el ser,&lt;br /&gt;la vida y movimiento? Pero gozaréme, amado mío, de que&lt;br /&gt;vos tengáis todo lo bueno, y que nada tenga la criatura&lt;br /&gt;fuera de vos mismo, y que sea condición y gloria vuestra&lt;br /&gt;levantar al que es menos, favorecer al más inútil y dar&lt;br /&gt;ser a quien no le tiene, para que así sea vuestra&lt;br /&gt;magnificencia más conocida y engrandecida.&lt;br /&gt;391. El Señor la respondió y dijo: Paloma y querida mía,&lt;br /&gt;en mis ojos hallaste gracia; suave eres, amiga y electa&lt;br /&gt;mía, en mis delicias. Quiérote manifestar lo que en ti será&lt;br /&gt;de mi mayor agrado y beneplácito.—Estas razones del&lt;br /&gt;Señor herían de nuevo y desfallecían con la fuerza del&lt;br /&gt;amor el corazón tiernísimo, pero muy robusto, de la niña&lt;br /&gt;Reina; y el Altísimo agradado prosiguió y dijo: Yo soy Dios&lt;br /&gt;de misericordias, y con inmenso amor amo a los mortales,&lt;br /&gt;y entre tantos que con sus culpas me han desobligado,&lt;br /&gt;tengo algunos justos y amigos que de corazón me han&lt;br /&gt;servido y sirven. He determinado remediarlos,&lt;br /&gt;enviándoles a mi Unigénito para que no carezcan más de&lt;br /&gt;mi gloria, ni yo de su alabanza eterna.&lt;br /&gt;392. A esta proposición respondió la santísima niña&lt;br /&gt;María: Altísimo Señor y Rey poderoso, vuestras son las&lt;br /&gt;68&lt;br /&gt;criaturas y vuestra es la potencia; sólo vos sois el Santo y&lt;br /&gt;el supremo Gobernador de todo lo criado; obligaos,&lt;br /&gt;Señor, de vuestra misma bondad para acelerar el paso&lt;br /&gt;de vuestro Unigénito en la Redención de los hijos de&lt;br /&gt;Adán; llegue ya el deseado día de mis antiguos padres y&lt;br /&gt;vean los mortales vuestra salud eterna. ¿Por qué, amado&lt;br /&gt;Dueño mío, pues sois piadoso Padre de las&lt;br /&gt;misericordias, dilatáis tanto la que tanto esperan&lt;br /&gt;vuestros hijos cautivos y afligidos? Si puede mi vida ser&lt;br /&gt;de algún servicio, yo os la ofrezco pronta para ponerla&lt;br /&gt;por ellos.&lt;br /&gt;393. Mandóla el Altísimo con grande benevolencia, que&lt;br /&gt;desde entonces todos los días muchas veces le pidiese la&lt;br /&gt;aceleración de la Encarnación del Verbo Eterno y el&lt;br /&gt;remedio de todo el linaje humano, y que llorase los&lt;br /&gt;pecados de los hombres, que impedían su misma salud y&lt;br /&gt;reparación. Y luego la declaró que ya era tiempo de&lt;br /&gt;ejercitar todos los sentidos, y que para mayor gloria suya&lt;br /&gt;convenía que hablase con las criaturas humanas. Y para&lt;br /&gt;cumplir con esta obediencia, dijo la niña a Su Majestad:&lt;br /&gt;394. Altísimo Señor de majestad incomprensible, ¿cómo&lt;br /&gt;se atreverá el polvo a tratar misterios tan escondidos y&lt;br /&gt;soberanos, y en vuestro pecho de tan estimable precio, la&lt;br /&gt;que es menor entre los nacidos? ¿Cómo os obligará&lt;br /&gt;por ellos y qué puede alcanzar la criatura que en&lt;br /&gt;nada os ha servido? Pero vos, amado mío, os daréis por&lt;br /&gt;obligado de la misma necesidad, y la enferma buscará la&lt;br /&gt;salud, la sedienta deseará las fuentes de vuestra&lt;br /&gt;misericordia y obedecerá a vuestra Divina voluntad. Y si&lt;br /&gt;ordenáis. Señor mío, que yo desate mis labios para tratar&lt;br /&gt;y hablar con otros fuera de vos mismo, que sois todo mi&lt;br /&gt;bien y mi deseo, atended, os suplico, a mi fragilidad y&lt;br /&gt;peligro; muy dificultoso es para la criatura racional no&lt;br /&gt;exceder en las palabras; yo callara por esto toda la vida,&lt;br /&gt;si fuera de vuestro beneplácito, por no aventurar el&lt;br /&gt;69&lt;br /&gt;perderos; que si lo hiciese, imposible sería vivir un solo&lt;br /&gt;punto.&lt;br /&gt;395. Esta fue la respuesta de la niña santísima María,&lt;br /&gt;temerosa del nuevo y peligroso ministerio de hablar que&lt;br /&gt;la mandaban; y cuanto era de su voluntad propia, si&lt;br /&gt;lo consintiera Dios, tenía deseo de guardar inviolable&lt;br /&gt;silencio y enmudecer toda su vida. ¡Gran confusión y&lt;br /&gt;ejemplo para la insipiencia de los mortales, que temiese&lt;br /&gt;el peligro de la lengua la que no podía pecar hablando; y&lt;br /&gt;los que no podemos hablar si no es pecando, morimos y&lt;br /&gt;nos deshacemos por hacerlo! Pero, dulcísima niña y Reina&lt;br /&gt;de todo lo criado, ¿cómo queréis dejar de hablar? ¿No&lt;br /&gt;atendéis, Señora mía, que vuestra mudez fuera ruina del&lt;br /&gt;mundo, tristeza para el Cielo y aun, a nuestro corto&lt;br /&gt;entender, fuera gran vacío para la misma Beatísima&lt;br /&gt;Trinidad? ¿No sabéis que en sola una razón que habéis&lt;br /&gt;de responder al Arcángel Santo, Fiat mihi (Lc., 1, 38) etc.,&lt;br /&gt;daréis aquel lleno a todo lo que tiene ser? Al Eterno&lt;br /&gt;Padre, Hija; al Hijo Eterno, Madre; al Espíritu Santo,&lt;br /&gt;Esposa; reparo a los Ángeles, remedio a los hombres,&lt;br /&gt;gloria a los cielos, paz a la tierra, abogada al mundo,&lt;br /&gt;salud a los enfermos, vida a los muertos; y cumpliréis la&lt;br /&gt;voluntad y beneplácito de todo lo que el mismo Dios&lt;br /&gt;puede querer fuera de sí mismo. Pues si de sola vuestra&lt;br /&gt;palabra pende la mayor obra del poder inmenso y todo el&lt;br /&gt;bien de lo criado, ¿cómo, Señora y Maestra mía, quiere&lt;br /&gt;callar quien ha de hablar tan bien? Hablad, pues, niña, y&lt;br /&gt;vuestra voz se oiga en todo el ámbito del Cielo.&lt;br /&gt;396. Del prudentísimo recato de su Esposa se agradó el&lt;br /&gt;Altísimo y fue su corazón herido de nuevo con el amoroso&lt;br /&gt;temor de nuestra niña grande. Y como pagada la&lt;br /&gt;Beatísima Trinidad de su dilecta, y como confiriendo&lt;br /&gt;entre sí la petición, dijeron aquellas palabras de los&lt;br /&gt;Cantares (Cant., 8, 8-9): Pequeña es nuestra hermana y&lt;br /&gt;no tiene pechos, ¿qué haremos para nuestra hermana en&lt;br /&gt;70&lt;br /&gt;el día que ha de hablar? Si es muro, edifiquemos en ella&lt;br /&gt;torreones de plata. Pequeña eres, querida hermana&lt;br /&gt;nuestra, en tus ojos, pero grande eres y lo serás en los&lt;br /&gt;nuestros. En ese desprecio con uno de tus cabellos&lt;br /&gt;has herido nuestro corazón (Cant., 4, 9). Párvula eres en&lt;br /&gt;tu propio juicio y estimación, y eso mismo nos aficiona y&lt;br /&gt;enamora. No tienes pechos para alimentar con tus&lt;br /&gt;palabras, pero tampoco eres mujer para la ley del&lt;br /&gt;pecado; que contigo no quise ni quiero que se entienda.&lt;br /&gt;Humillaste, siendo grande sobre todas las criaturas;&lt;br /&gt;temes, estando segura; previenes el peligro que no te&lt;br /&gt;podrá ofender. ¿Qué haremos con nuestra hermana el día&lt;br /&gt;que por nuestra voluntad abra sus labios para&lt;br /&gt;bendecirnos, cuando los mortales los abren para&lt;br /&gt;blasfemar Nuestro Santo Nombre? ¿Qué haremos para&lt;br /&gt;celebrar tan festivo día como el que ha de hablar? ¿Con&lt;br /&gt;qué premiaremos tan humilde recato de la que siempre&lt;br /&gt;fue deleitable a nuestros ojos? Dulce fue su silencio y&lt;br /&gt;dulcísima será su voz en nuestros oídos. Si es muralla&lt;br /&gt;fuerte por estar fabricada con la virtud de nuestra gracia&lt;br /&gt;y asegurada con el poder de nuestro brazo,&lt;br /&gt;reedifiquemos sobre tanta fortaleza nuevos&lt;br /&gt;propugnáculos de plata, acrecentemos nuevos dones&lt;br /&gt;sobre los pasados; y sean de plata para que sea más&lt;br /&gt;enriquecida y preciosa, y sus palabras, cuando hubiere&lt;br /&gt;de hablar, sean purísimas, candidas, tersas y sonoras a&lt;br /&gt;nuestros oídos, y tenga derramada en sus labios nuestra&lt;br /&gt;gracia (Sal., 44, 3), y sea con ella nuestra poderosa mano&lt;br /&gt;y protección.&lt;br /&gt;397. Al mismo tiempo que, a nuestro entender, pasaba&lt;br /&gt;esta conferencia entre las tres Divinas personas, fue&lt;br /&gt;nuestra Reina niña confortada y consolada en su&lt;br /&gt;humilde cuidado de comenzar a hablar; y el Señor la&lt;br /&gt;prometió la gobernaría sus palabras y asistiría en ella,&lt;br /&gt;para que todas fuesen de su servicio y agrado. Con lo&lt;br /&gt;cual pidió a Su Majestad nueva licencia y bendición para&lt;br /&gt;71&lt;br /&gt;abrir sus labios llenos de gracia. Y para ser en todo&lt;br /&gt;prudente y advertida, la primera palabra habló con sus&lt;br /&gt;padres San Joaquín y Santa Ana, pidiéndoles la&lt;br /&gt;bendijesen, como quien después de Dios le habían dado&lt;br /&gt;el ser que tenía. Oyéronla los dos Santos dichosos, y&lt;br /&gt;juntamente vieron que comenzaba a andar por sí sola, y&lt;br /&gt;la feliz madre Ana con grande alegría de su espíritu,&lt;br /&gt;tomándola en sus brazos, la dijo: Hija mía y querida de&lt;br /&gt;mi corazón, sea enhorabuena y para gloria del Altísimo&lt;br /&gt;que oigamos vuestra voz y palabras, y que también&lt;br /&gt;comencéis a dar pasos para su mayor servicio. Sean vuestras&lt;br /&gt;razones y palabras pocas, medidas y de mucho peso,&lt;br /&gt;y vuestros pasos rectos y enderezados al servicio y honra&lt;br /&gt;de nuestro Criador.&lt;br /&gt;398. Oyó la niña santísima María estas y otras razones&lt;br /&gt;que su madre Santa Ana la dijo y escribiólas en su tierno&lt;br /&gt;corazón, para guardarlas con profunda humildad y&lt;br /&gt;obediencia. Y en el año y medio siguiente hasta cumplir&lt;br /&gt;los tres, en que fue al templo, fueron muy pocas palabras&lt;br /&gt;las que habló, salvo cuando con su madre Santa Ana en&lt;br /&gt;ocasiones que por oírla hablar la llamaba y mandaba que&lt;br /&gt;con ella hablase de Dios y de sus Misterios; y la niña&lt;br /&gt;divina lo hacía, oyendo y preguntando a su madre. Y la&lt;br /&gt;que en sabiduría excedía a todos los nacidos, quería&lt;br /&gt;ser enseñada e instruida; y en esto pasaban hija y&lt;br /&gt;madre dulcísimos coloquios del Señor.&lt;br /&gt;399. No sería fácil, ni aun posible, decir lo que obró la&lt;br /&gt;niña divina María estos diez y ocho meses que estuvo en&lt;br /&gt;la compañía de su madre, la que mirando algunas veces&lt;br /&gt;a su hija, más venerable que el arca figurativa del&lt;br /&gt;testamento, derramaba copiosas y dulces lágrimas de&lt;br /&gt;amor y agradecimiento. Pero jamás le dio a entender el&lt;br /&gt;sacramento que tenía en su pecho, de que ella era la&lt;br /&gt;escogida para Madre del Mesías, aunque muchas veces&lt;br /&gt;trataban de este inefable Misterio, en que la niña se&lt;br /&gt;72&lt;br /&gt;inflamaba con ardentísimos afectos, y decía grandes&lt;br /&gt;excelencias de Él y de su propia dignidad, que&lt;br /&gt;misteriosamente ignoraba; y en su felicísima madre&lt;br /&gt;Santa Ana acrecentaba más el gozo, el amor y el cuidado&lt;br /&gt;de su tesoro e hija.&lt;br /&gt;400. Eran las fuerzas tiernas de la niña Reina muy&lt;br /&gt;desiguales a los ejercicios y obras humildes que la&lt;br /&gt;impelía su ferviente y profunda humildad y amor; porque,&lt;br /&gt;juzgándose la Señora de todas las criaturas por la más&lt;br /&gt;inferior de ellas, quería serlo en las acciones y&lt;br /&gt;demostraciones de las obras más abatidas y serviles de&lt;br /&gt;su casa. Y creía que, si no los servía a todos, no satisfacía&lt;br /&gt;a su deuda ni cumplía con el Señor; siendo verdad&lt;br /&gt;que sólo quedaba corta en satisfacer a su inflamado&lt;br /&gt;afecto, porque sus fuerzas corporales no alcanzaban&lt;br /&gt;a su deseo, y los supremos Serafines besaran donde ella&lt;br /&gt;ponía sus sagradas plantas; con todo eso intentaba&lt;br /&gt;muchas veces ejecutar las obras humildes, como limpiar y&lt;br /&gt;barrer su casa; y como esto no se lo consentían,&lt;br /&gt;procuraba hacerlo a solas, asistiéndole entonces los&lt;br /&gt;Santos Ángeles y ayudándola, para que en algo&lt;br /&gt;consiguiese el fruto de su humildad.&lt;br /&gt;401. No era muy rica la casa de Joaquín, pero tampoco&lt;br /&gt;era pobre; y conforme al honrado porte de su familia,&lt;br /&gt;deseaba Santa Ana aliñar a su hija santísima con el&lt;br /&gt;vestido mejor que pudiese, dentro de los términos de la&lt;br /&gt;honestidad y modestia. La niña humildísima admitió este&lt;br /&gt;afecto materno mientras no hablaba, sin resistir a ello;&lt;br /&gt;pero, cuando comenzó a hablar, pidió con humildad a&lt;br /&gt;su madre no le pusiese vestido costoso ni de alguna gala,&lt;br /&gt;antes fuese grosero, pobre y traído por otros, si fuese&lt;br /&gt;posible, y de color pardo de ceniza, cual es el que hoy&lt;br /&gt;usan las religiosas de Santa Clara (La Venerable autora&lt;br /&gt;llevaba, además del hábito de las Concepcionistas, el&lt;br /&gt;hábito de las Clarisas). La madre Santa, que a su misma&lt;br /&gt;73&lt;br /&gt;hija miraba y respetaba como a Señora, la respondió:&lt;br /&gt;Hija mía, yo haré lo que me pedís en la forma y color de&lt;br /&gt;vuestro vestido; pero vuestras fuerzas de niña no le&lt;br /&gt;podrán sufrir tan grosero como vos le deseáis y en esto&lt;br /&gt;me obedeceréis a mí.&lt;br /&gt;402. No replicó la niña obediente a la voluntad de su&lt;br /&gt;madre Santa Ana, porque jamás lo hacía; y se dejó vestir&lt;br /&gt;de lo que ella la dio, aunque fue en el color y forma como&lt;br /&gt;lo pedía Su Alteza, semejante a los hábitos de devoción&lt;br /&gt;que visten a los niños. Y aunque deseaba más aspereza&lt;br /&gt;y pobreza, pero con la obediencia la recompensó,&lt;br /&gt;siendo esta virtud más excelente que el sacrificar (1&lt;br /&gt;Sam., 15, 22); y así quedó la santísima niña María&lt;br /&gt;obediente a su madre y pobre en su afecto, juzgándose&lt;br /&gt;por indigna de lo que usaba para defender la vida&lt;br /&gt;natural. Y en esta obediencia de sus padres fue&lt;br /&gt;excelentísima y prontísima los tres años que vivió en su&lt;br /&gt;compañía; porque con la Divina ciencia, que conocía&lt;br /&gt;sus interiores, estaba prevenida para obedecer al&lt;br /&gt;punto. Y para lo que ella hacía por sí misma pedía la&lt;br /&gt;bendición y licencia a su madre, besándole la mano con&lt;br /&gt;grande humillación y reverencia; pero aunque la&lt;br /&gt;prudente madre lo consentía en lo exterior, con el interior&lt;br /&gt;reverenciaba la gracia y dignidad de su hija santísima.&lt;br /&gt;403. Retirábase algunas veces en tiempos oportunos&lt;br /&gt;para gozar a solas con más libertad de la vista y&lt;br /&gt;coloquios divinos de sus Ángeles Santos y manifestarles&lt;br /&gt;con señales exteriores el amor ardiente de su amado. Y&lt;br /&gt;en algunos ejercicios que hacía se postraba llorando, y&lt;br /&gt;afligiendo aquel cuerpecito perfectísimo y tierno, por los&lt;br /&gt;pecados de los mortales, pidiendo e inclinando la&lt;br /&gt;misericordia del Altísimo, para que obrase grandes&lt;br /&gt;beneficios que desde luego comenzó a merecerles. Y&lt;br /&gt;aunque el dolor interno de las culpas que conocía, y la&lt;br /&gt;fuerza del amor que se le causaba, hacían en la divina&lt;br /&gt;74&lt;br /&gt;niña efectos de intensísimo dolor y pena, en comenzando&lt;br /&gt;a usar de las fuerzas corporales en aquella edad, las&lt;br /&gt;estrenó con la penitencia y mortificación, para ser en&lt;br /&gt;todo Madre de Misericordia y Medianera de la Gracia,&lt;br /&gt;sin perder punto, ni tiempo, ni operación, por donde&lt;br /&gt;pudiese granjearla para sí y nosotros.&lt;br /&gt;404. En llegando a los dos años, comenzó a señalarse&lt;br /&gt;mucho en el afecto y caridad con los pobres. Pedía a su&lt;br /&gt;madre Santa Ana limosna para ellos; y la piadosa madre&lt;br /&gt;satisfacía juntamente al pobre y a su Hija Santísima, y la&lt;br /&gt;exhortaba a que los amase y reverenciase a la que era&lt;br /&gt;maestra de caridad y perfección. Y a más de lo que&lt;br /&gt;recibía para distribuir a los pobres, reservaba alguna&lt;br /&gt;parte de su comida para darles, desde aquella edad,&lt;br /&gt;para que pudiese decir mejor que el santo Job: Desde mi&lt;br /&gt;niñez creció la miseración conmigo (Job 31, 8). Daba al&lt;br /&gt;pobre la limosna, no como quien la hacía en beneficio de&lt;br /&gt;gracia, sino como quien pagaba de justicia la deuda; y&lt;br /&gt;decía en su corazón: A este hermano y señor mío se le&lt;br /&gt;debe y no lo tiene y yo lo tengo sin merecerlo; y&lt;br /&gt;entregando la limosna besaba la mano del pobre, y si&lt;br /&gt;estaba a solas le besaba los pies, y si no podía hacerlo&lt;br /&gt;besaba el suelo donde había pisado. Pero jamás dio&lt;br /&gt;limosna a pobre, que no se la hiciese mayor a su alma,&lt;br /&gt;pidiendo por ella; y así volvían remediados de alma y&lt;br /&gt;cuerpo de su divina presencia.&lt;br /&gt;405. No fue menos admirable la humildad y obediencia&lt;br /&gt;de la santísima niña en dejarse enseñar a leer y otras&lt;br /&gt;cosas, como es natural en aquella tierna edad.&lt;br /&gt;Hiciéronlo así sus santos padres, enseñándola a leer y&lt;br /&gt;otras cosas; y todo lo admitía y deprendía la que estaba&lt;br /&gt;llena de ciencia infusa de todas las materias criadas, y&lt;br /&gt;callaba y oía a todos; con admiración de los Ángeles, que&lt;br /&gt;en una niña miraban tan peregrina prudencia. Su madre&lt;br /&gt;Santa Ana, según el amor y luz que tenía, estaba atenta&lt;br /&gt;75&lt;br /&gt;a la divina Princesa, y en sus acciones bendecía al&lt;br /&gt;Altísimo; pero como se iba acercando el tiempo de&lt;br /&gt;llevarla al Templo, crecía con el amor el sobresalto de&lt;br /&gt;ver que, cumplido el plazo de los tres años señalado por&lt;br /&gt;el Todopoderoso, lo ejecutaría luego para que cumpliese&lt;br /&gt;con su voto. Para esto comenzó la niña María a prevenir y&lt;br /&gt;disponer a su madre, manifestándole seis meses antes el&lt;br /&gt;deseo que tenía de verse ya en el Templo; y&lt;br /&gt;representábale los beneficios que de la mano del Señor&lt;br /&gt;habían recibido, y cuán debido era hacer su mayor&lt;br /&gt;beneplácito, y que en el Templo, estando dedicada a&lt;br /&gt;Dios, la tendría más por suya que en su casa propia.&lt;br /&gt;406. Oía la Santa madre Ana las razones prudentes de&lt;br /&gt;su niña María Santísima y, aunque estaba rendida a la&lt;br /&gt;Divina voluntad y quería cumplir la promesa de&lt;br /&gt;ofrecerle su amada Hija, pero la fuerza del amor&lt;br /&gt;natural de tan única y cara prenda, junto con saber el&lt;br /&gt;tesoro inestimable que tenía en ella, pugnaban en su&lt;br /&gt;fidelísimo corazón con el dolor de la ausencia que ya la&lt;br /&gt;amenazaba tan de cerca; y sin duda rindiera la vida a&lt;br /&gt;tan viva y dura pena, si la mano poderosa del Altísimo&lt;br /&gt;no la confortara; porque la gracia y dignidad, que solo&lt;br /&gt;ella conocía, de su divina hija la tenían robado el corazón&lt;br /&gt;y su presencia y trato le eran más deseables que la misma&lt;br /&gt;vida. Con este dolor respondía tal vez a la niña: Hija&lt;br /&gt;mía querida, muchos años os he deseado y pocos&lt;br /&gt;merezco gozar de vuestra compañía, porque se haga la&lt;br /&gt;voluntad de Dios; pero, aunque no resisto a la promesa&lt;br /&gt;de llevaros al Templo, tiempo me queda para cumplirlo;&lt;br /&gt;tened paciencia mientras llega el día en que se cumplan&lt;br /&gt;vuestros deseos.&lt;br /&gt;407. Pocos días antes que cumpliese María Santísima&lt;br /&gt;los tres años, tuvo una visión de la Divinidad&lt;br /&gt;abstractivamente, en que le fue manifestado se llegaba&lt;br /&gt;ya el tiempo en que Su Majestad ordenaba llevarla a su&lt;br /&gt;76&lt;br /&gt;Templo, donde viviese dedicada y consagrada a su&lt;br /&gt;servicio. Con esta nueva se llenó su purísimo espíritu de&lt;br /&gt;nuevo gozo y agradecimiento, y hablando con el Señor le&lt;br /&gt;dio gracias y dijo: Altísimo Dios de Abrahán, Isaac y&lt;br /&gt;Jacob, eterno y sumo bien mío, pues yo no puedo&lt;br /&gt;alabaros dignamente, háganlo en nombre de esta&lt;br /&gt;humilde esclava todos los espíritus angélicos, porque vos,&lt;br /&gt;Señor inmenso, que de nadie tenéis necesidad, miráis a&lt;br /&gt;este vil gusanillo con la grandeza de vuestra liberal&lt;br /&gt;misericordia. ¿De dónde a mí tal beneficio, que me&lt;br /&gt;recibáis en vuestra casa y servicio, si no merezco el más&lt;br /&gt;despreciado lugar de la tierra que me sustenta? Pero si&lt;br /&gt;de vuestra misma grandeza os dais por obligado, yo os&lt;br /&gt;suplico, Señor mío, pongáis el cumplimiento de esta&lt;br /&gt;vuestra santa voluntad en el corazón de mis padres para&lt;br /&gt;que así lo ejecuten.&lt;br /&gt;408. Luego tuvo Santa Ana otra visión en que la mandó&lt;br /&gt;el Señor cumpliese la promesa llevando al templo a su&lt;br /&gt;hija, para presentarla a Su Majestad el mismo día que&lt;br /&gt;cumpliese los tres años. Y no hay duda que fue este&lt;br /&gt;mandato de mayor dolor para la madre que el de&lt;br /&gt;Abrahán en sacrificar a su hijo Isaac; pero el mismo&lt;br /&gt;Señor la consoló y confortó, prometiéndola su gracia y&lt;br /&gt;asistencia en la soledad de quitarle a su amada hija. La&lt;br /&gt;Santa matrona se mostró rendida y pronta para cumplir&lt;br /&gt;lo que el Altísimo Señor la mandaba, y obediente hizo&lt;br /&gt;esta oración: Señor y Dios eterno, dueño de todo mi ser,&lt;br /&gt;ofrecida tengo a vuestro templo y servicio a mi hija, que&lt;br /&gt;vos con misericordia inefable me habéis dado; vuestra&lt;br /&gt;es, yo os la doy con hacimiento de gracias por el tiempo&lt;br /&gt;que la he tenido y por haberla concebido y criado; pero&lt;br /&gt;acordaos, Dios y Señor, que con la guarda de vuestro&lt;br /&gt;inestimable tesoro estaba rica; tenía compañía en este&lt;br /&gt;destierro y valle de lágrimas, alegría en mi tristeza, alivio&lt;br /&gt;en mis trabajos, espejo en quien regular mi vida y un&lt;br /&gt;ejemplar de encumbrada perfección que estimulaba mi&lt;br /&gt;77&lt;br /&gt;tibieza, fervorizaba mi afecto; y por esta sola criatura&lt;br /&gt;esperaba vuestra gracia y misericordia, y todo temo me&lt;br /&gt;falte en solo un punto hallándome sin ella. Curad, Señor,&lt;br /&gt;la herida de mi corazón y no hagáis conmigo según lo&lt;br /&gt;que merezco, pero miradme como padre piadoso de&lt;br /&gt;misericordias; yo llevaré mi hija al templo, como vos,&lt;br /&gt;Señor, lo mandáis.&lt;br /&gt;409. Al mismo tiempo había tenido San Joaquín otra&lt;br /&gt;visitación o visión del Señor, que le mandaba también lo&lt;br /&gt;mismo que a Santa Ana. Y habiéndolo conferido entre los&lt;br /&gt;dos y conociendo la voluntad Divina, determinaron&lt;br /&gt;cumplirla con rendimiento y señalaron el día para llevar&lt;br /&gt;la niña al templo; aunque no fue menor en su modo el&lt;br /&gt;dolor y ternura del Santo viejo, pero no tanto como el de&lt;br /&gt;Santa Ana, porque entonces ignoraba el misterio altísimo&lt;br /&gt;de la que había de ser Madre de Dios.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;410. Hija mía y carísima, advierte que todos los vivientes&lt;br /&gt;nacen destinados a la muerte, ignorando el término de su&lt;br /&gt;vida; pero lo que de cierto saben es que su plazo es corto&lt;br /&gt;y la eternidad sin fin; y que en ella sólo ha de coger el&lt;br /&gt;hombre lo que ahora sembrare de malas o buenas obras,&lt;br /&gt;que entonces darán su fruto de muerte o vida eterna; y en&lt;br /&gt;tan peligroso viaje no quiere Dios que nadie conozca de&lt;br /&gt;cierto si es digno de su amor o aborrecimiento (Ecl., 9, 1);&lt;br /&gt;porque si tiene seso, esta duda le sirva de estímulo, para&lt;br /&gt;diligenciar con todas sus fuerzas la amistad del mismo&lt;br /&gt;Señor. Y él justifica su causa desde que el alma comienza&lt;br /&gt;el uso de la razón; porque desde luego enciende en ella&lt;br /&gt;una luz y dictamen que le estimula y encamina a la virtud&lt;br /&gt;y desvía del pecado, enseñándola a distinguir entre el&lt;br /&gt;fuego y agua, abonando el bien y reprendiendo el mal,&lt;br /&gt;eligiendo la virtud y reprobando el vicio. A más de esto,&lt;br /&gt;la despierta y llama por sí mismo con inspiraciones&lt;br /&gt;78&lt;br /&gt;santas y continuos impulsos, y por medio de los&lt;br /&gt;sacramentos, artículos y mandamientos, por los Ángeles,&lt;br /&gt;predicadores, confesores, prelados y maestros, por los&lt;br /&gt;trabajos propios y beneficios, por el ejemplo de los&lt;br /&gt;ajenos, en tribulaciones, muertes y otros varios sucesos y&lt;br /&gt;medios que su providencia dispone para traer a sí a&lt;br /&gt;todos, porque todos quiere sean salvos (1 Tim., 2, 4); y de&lt;br /&gt;estas cosas hace un compuesto de grandes auxilios y&lt;br /&gt;favores, de que la criatura puede y debe usar&lt;br /&gt;aprovechándose de ellos.&lt;br /&gt;411. Contra esto procede la contienda de la parte&lt;br /&gt;inferior y sensitiva, que con el fomes peccati inclina a los&lt;br /&gt;objetos sensibles y mueve a la concupiscible e irascible,&lt;br /&gt;para que turbando la razón arrastren a la voluntad ciega&lt;br /&gt;para abrazar la libertad del deleite. Y el demonio con&lt;br /&gt;fascinaciones y falsas e inicuas fabulaciones oscurece el&lt;br /&gt;sentido interior y oculta el mortal veneno de lo deleitable&lt;br /&gt;transitorio (Sab., 4, 12). Mas no luego desampara el&lt;br /&gt;Altísimo a sus criaturas, antes renueva sus&lt;br /&gt;misericordias y auxilios, con que de nuevo la revoca y&lt;br /&gt;llama; y si responde a las primeras vocaciones,&lt;br /&gt;añade otros mayores, según su equidad; y a la&lt;br /&gt;correspondencia los va acrecentando y multiplicando; y&lt;br /&gt;en premio de que el alma se venció, se le van atenuando&lt;br /&gt;las fuerzas a sus pasiones y al fomes, y se aligera más el&lt;br /&gt;espíritu para que pueda levantarse a lo alto y hacerse&lt;br /&gt;muy superior a sus inclinaciones y al demonio.&lt;br /&gt;412. Pero, si dejándose llevar del deleite y del&lt;br /&gt;olvido, da la mano el hombre al enemigo de Dios y suyo,&lt;br /&gt;cuanto se va alejando de la bondad Divina, tanto menos&lt;br /&gt;digno se hace de sus llamamientos y siente menos los&lt;br /&gt;auxilios aunque sean grandes; porque el demonio y las&lt;br /&gt;pasiones han cobrado sobre la razón mayor dominio y&lt;br /&gt;fuerza y la hacen más inepta e incapaz de la gracia del&lt;br /&gt;Altísimo. En esta doctrina, hija y amiga mía, consiste lo&lt;br /&gt;79&lt;br /&gt;principal de la salvación o condenación de las almas, en&lt;br /&gt;comenzar a resistir o admitir los auxilios del Señor. Esta&lt;br /&gt;doctrina quiero que no la olvides, para que respondas a&lt;br /&gt;los muchos llamamientos que tienes de la mano del Altísimo.&lt;br /&gt;Procura ser fuerte en resistir a tus enemigos y&lt;br /&gt;puntual y eficaz en ejecutar el gusto de tu Señor, con que&lt;br /&gt;le darás agrado, y atender a su querer, que con su divina&lt;br /&gt;luz conoces. Grande amor tenía yo a mis padres, y las&lt;br /&gt;razones y ternura de mi madre me herían el corazón,&lt;br /&gt;pero, como sabía era orden y agrado del Señor dejarlos,&lt;br /&gt;olvidé su casa y mi pueblo (Sal., 44 11), no más de para&lt;br /&gt;seguir a mi Esposo. La buena crianza y doctrina de la&lt;br /&gt;niñez hace mucho para después, y que la criatura se&lt;br /&gt;halle más libre y habituada a la virtud, comenzando&lt;br /&gt;desde el puerto de la razón a seguir este norte verdadero&lt;br /&gt;y seguro.&lt;br /&gt;LIBRO II&lt;br /&gt;ONTIENE LA PRESENTACIÓN AL TEMPLO DE LA&lt;br /&gt;PRINCESA DEL CIELO; LOS FAVORES QUE LA&lt;br /&gt;DIESTRA DIVINA LA HIZO; LA ALTÍSIMA&lt;br /&gt;PERFECCIÓN CON QUE OBSERVÓ LAS CEREMONIAS DEL&lt;br /&gt;TEMPLO; EL GRADO DE SUS HEROICAS VIRTUDES Y&lt;br /&gt;MODO DE VISIONES QUE TUVO; SU SANTÍSIMO&lt;br /&gt;DESPOSORIO Y LO RESTANTE HASTA LA ENCARNACIÓN&lt;br /&gt;DEL HIJO DE DIOS.&lt;br /&gt;CAPITULO 1&lt;br /&gt;De la presentación de María Santísima en el Templo&lt;br /&gt;el año tercero de su edad.&lt;br /&gt;413. Entre las sombras que figuraban a María Santísima&lt;br /&gt;en la ley escrita, ninguna fue más expresa que el arca del&lt;br /&gt;testamento, así por la materia de que estaba fabricada,&lt;br /&gt;como por lo que en sí contenía, y para lo que servía en el&lt;br /&gt;C&lt;br /&gt;80&lt;br /&gt;pueblo de Dios, y las demás cosas que mediante el arca y&lt;br /&gt;con ella y por ella hacía y obraba el mismo Señor en&lt;br /&gt;aquella antigua Sinagoga; que todo era un dibujo de esta&lt;br /&gt;Señora y de lo que por ella y con ella había de obrar en&lt;br /&gt;la nueva Iglesia del Evangelio. La materia del cedro incorruptible&lt;br /&gt;(Ex., 25, 10) de que —no acaso pero con Divino&lt;br /&gt;acuerdo— fue fabricada, expresamente señala a nuestra&lt;br /&gt;arca mística María, libre de la corrupción del pecado&lt;br /&gt;actual y de la carcoma oculta del original y su&lt;br /&gt;inseparable fomes y pasiones. El oro finísimo y purísimo&lt;br /&gt;que por dentro y fuera la vestía (Ib. 11), cierto es que fue&lt;br /&gt;lo más perfecto y levantado de la gracia y dones que en&lt;br /&gt;sus pensamientos divinos, y en sus obras y costumbres,&lt;br /&gt;hábitos y potencias resplandecía, sin que a la vista de lo&lt;br /&gt;interior y exterior de esta arca se pudiese divisar parte,&lt;br /&gt;tiempo, ni momento en que no estuviese toda llena y&lt;br /&gt;vestida de gracia, y gracia de subidísimos quilates.&lt;br /&gt;414. Las tablas lapídeas de la ley, la urna del maná y&lt;br /&gt;vara de los prodigios, que aquella antigua arca&lt;br /&gt;contenía y guardaba, no pudo significar con mayor&lt;br /&gt;expresión al Verbo Eterno humanado, encerrado en&lt;br /&gt;esta arca viva de María Santísima, siendo su Hijo&lt;br /&gt;unigénito la piedra fundamental (1 Cor., 3, 11) y viva del&lt;br /&gt;edificio de la Iglesia Evangélica; la angular (Ef., 2, 20),&lt;br /&gt;que juntó a los dos pueblos, judaico y gentil, tan&lt;br /&gt;divisos, y que para esto se cortó del monte (Dan., 2, 34)&lt;br /&gt;de la eterna generación, y para que, escribiéndose en&lt;br /&gt;ella con el dedo de Dios la nueva ley de gracia, se&lt;br /&gt;depositase en el arca virginal de María; y para que se&lt;br /&gt;entienda que era depositaría esta gran Reina de todo lo&lt;br /&gt;que Dios era y obraba con las criaturas. Encerraba&lt;br /&gt;también consigo el maná de la Divinidad y de la gracia y&lt;br /&gt;el poder y vara de los prodigios y maravillas, para que&lt;br /&gt;sólo en esta arca divina y mística se hallase la fuente&lt;br /&gt;de las gracias, que es el mismo ser de Dios, y de ella&lt;br /&gt;redundasen a los demás mortales, y en ella y por ella se&lt;br /&gt;81&lt;br /&gt;obrasen las maravillas y prodigios del brazo de Dios; y&lt;br /&gt;todo lo que este Señor quiere, es y obra, se entienda que&lt;br /&gt;en María está encerrado y depositado.&lt;br /&gt;415. A todo esto era consiguiente que el arca del&lt;br /&gt;testamento —no por la figura y sombra, sino por la&lt;br /&gt;verdad que significaba— sirviese de peana y asiento al&lt;br /&gt;propiciatorio (Ex., 26, 34), donde el Señor tenía el asiento&lt;br /&gt;y tribunal de las misericordias para oír a su pueblo, responderle&lt;br /&gt;y despachar sus peticiones y favores; porque de&lt;br /&gt;ninguna otra criatura hizo Dios trono de gracia fuera de&lt;br /&gt;María Santísima; ni tampoco podía dejar de hacer&lt;br /&gt;propiciatorio de esta mística y verdadera arca, supuesto&lt;br /&gt;que la había fabricado para encerrarse en ella. Y así&lt;br /&gt;parece que el tribunal de la Divina justicia se quedó en el&lt;br /&gt;mismo Dios y el propiciatorio y tribunal de la misericordia&lt;br /&gt;le puso en María dulcísima, para que a ella como a trono&lt;br /&gt;de gracia llegásemos con segura confianza a&lt;br /&gt;presentar nuestras peticiones, a pedir los beneficios,&lt;br /&gt;gracias y misericordias, que, fuera del propiciatorio de la&lt;br /&gt;gran Reina María, ni son oídas ni despachadas para el&lt;br /&gt;linaje humano.&lt;br /&gt;416. Arca tan misteriosa y consagrada, fabricada por la&lt;br /&gt;mano del mismo Señor para su habitación y propiciatorio&lt;br /&gt;para su pueblo, no estaba bien fuera de su templo, donde&lt;br /&gt;estaba guardada la otra arca material, que era figura de&lt;br /&gt;esta verdadera y espiritual arca del Nuevo Testamento.&lt;br /&gt;Por esto ordenó el mismo Autor de esta maravilla que&lt;br /&gt;María Santísima fuese colocada en su casa y templo,&lt;br /&gt;cumplidos los tres años de su felicísima natividad. Verdad&lt;br /&gt;es que no sin grande admiración hallo una diferencia&lt;br /&gt;admirable en lo que sucedió con aquella primera y&lt;br /&gt;figurativa arca y lo que sucede con la segunda y&lt;br /&gt;verdadera; pues cuando el Santo Rey David trasladó el&lt;br /&gt;arca a diferentes lugares, y después su hijo Salomón la&lt;br /&gt;trasladó o colocó en el templo como a su lugar y asiento&lt;br /&gt;82&lt;br /&gt;propio, aunque no tenía aquella arca más grandeza que&lt;br /&gt;significar a María Purísima y sus misterios, fueron sus&lt;br /&gt;traslaciones y mudanzas tan festivas y llenas de regocijo&lt;br /&gt;para aquel antiguo pueblo como lo testifican las solemnes&lt;br /&gt;procesiones que hizo Santo David de casa de&lt;br /&gt;Aminadab a la de Obededón y de ésta al tabernáculo de&lt;br /&gt;Sión, ciudad propia del mismo Santo Rey David; y cuando&lt;br /&gt;de Sión la trasladó Salomón al nuevo templo, que para&lt;br /&gt;casa de Dios y de oración edificó por precepto del mismo&lt;br /&gt;Señor ((2 Sam., 6, 10.12; 3 Re., 8, 6; 2 par., 5).&lt;br /&gt;417. En todas estas traslaciones fue llevada la antigua&lt;br /&gt;arca del testamento con pública veneración y culto&lt;br /&gt;solemnísimo de músicas, danzas, sacrificios y júbilo de&lt;br /&gt;aquellos reyes y de todo el pueblo de Israel, como lo&lt;br /&gt;refiere la Sagrada Historia de los libros II y III de los&lt;br /&gt;Reyes y I y II del Paralipómenon. Pero nuestra arca&lt;br /&gt;mística y verdadera, María Santísima, aunque era la más&lt;br /&gt;rica, estimable y digna de toda veneración entre las&lt;br /&gt;criaturas, no fue llevada al templo con tan solemne&lt;br /&gt;aparato y ostentación pública; no hubo en esta&lt;br /&gt;misteriosa traslación sacrificios de animales, ni la&lt;br /&gt;pompa real y majestad de Reina, antes bien fue&lt;br /&gt;trasladada de casa de su padre Joaquín, en los brazos&lt;br /&gt;humildes de su madre Ana, que, si bien no era muy pobre,&lt;br /&gt;pero en esta ocasión llevó a su querida Hija a presentar y&lt;br /&gt;depositarla en el templo con recato humilde, como pobre,&lt;br /&gt;sola y sin ostentación popular. Toda la gloria y majestad&lt;br /&gt;de esta procesión quiso el Altísimo que fuese invisible y&lt;br /&gt;divina; porque los sacramentos y misterios de María&lt;br /&gt;Santísima fueron tan levantados y ocultos que muchos de&lt;br /&gt;ellos lo están hasta el día de hoy por los investigables&lt;br /&gt;juicios del Señor, que tiene destinado el tiempo y hora&lt;br /&gt;para todas las cosas y para cada una.&lt;br /&gt;418. Admirándome yo de esta maravilla en presencia&lt;br /&gt;del Muy Alto y alabando sus juicios, se dignó Su Majestad&lt;br /&gt;83&lt;br /&gt;de responderme de esta manera: Advierte, alma, que&lt;br /&gt;yo si ordené fuese venerada el arca del viejo testamento&lt;br /&gt;con tanta festividad y aparato, fue porque era figura&lt;br /&gt;expresa de la que había de ser Madre del Verbo Humanado.&lt;br /&gt;Aquella era arca irracional y material, y con ella&lt;br /&gt;sin dificultad se podía hacer aquella celebridad y&lt;br /&gt;ostentación; pero con el arca verdadera y viva no permití&lt;br /&gt;yo esto, mientras vivió en carne mortal, para enseñar con&lt;br /&gt;este ejemplo lo que tú y las demás almas debéis advertir,&lt;br /&gt;mientras sois viadoras. A mis electos, que están escritos&lt;br /&gt;en mi mente y aceptación para eterna memoria, no&lt;br /&gt;quiero yo poner los en ocasión que la honra y el aplauso&lt;br /&gt;ostentoso y desmedido de los hombres les sea parte de&lt;br /&gt;premio en la vida mortal, por lo que en ella trabajan por&lt;br /&gt;mi honra y servicio; ni tampoco les conviene el peligro de&lt;br /&gt;repartir el amor, en quien los justifica y hace santos y en&lt;br /&gt;quien los celebra por tales. Uno es el Criador que los hizo&lt;br /&gt;y sustenta, ilumina y defiende; uno ha de ser el amor y&lt;br /&gt;atención y no se debe partir ni dividir, aunque sea para&lt;br /&gt;remunerar y agradecer las honras que con piadoso celo&lt;br /&gt;se les hacen a los justos. El amor divino es delicado, la&lt;br /&gt;voluntad humana fragilísima y limitada; y dividida, es&lt;br /&gt;poco y muy imperfecto lo que hace, y ligeramente lo&lt;br /&gt;pierde todo. Por esta doctrina y ejemplar con la que era&lt;br /&gt;santísima y no podía caer por mi protección, no quise que&lt;br /&gt;fuese conocida, ni honrada en su vida, ni llevada al&lt;br /&gt;templo con ostentación de honra visible.&lt;br /&gt;419. A más de esto, yo envié a mi Unigénito del Cielo y&lt;br /&gt;crié a la que había de ser su Madre, para que sacasen al&lt;br /&gt;mundo de su error y desengañasen a los mortales, de que&lt;br /&gt;era ley iniquísima y establecida por el pecado que el&lt;br /&gt;pobre fuese despreciado y el rico estimado; que el&lt;br /&gt;humilde fuese abatido y el soberbio ensalzado; que el&lt;br /&gt;virtuoso fuese vituperado y el pecador acreditado; que el&lt;br /&gt;temeroso y encogido fuese juzgado por insensato y el&lt;br /&gt;arrogante fuese tenido por valeroso; que la pobreza&lt;br /&gt;84&lt;br /&gt;fuese ignominiosa y desdichada; las riquezas, fausto,&lt;br /&gt;ostentación, pompas, honras, deleites perecederos&lt;br /&gt;buscados y apreciados de los hombres insipientes y&lt;br /&gt;carnales. Todo esto vino el Verbo Encarnado y su Madre a&lt;br /&gt;reprobar y condenar por engañoso y mentiroso, para que&lt;br /&gt;los mortales conozcan el formidable peligro en que viven&lt;br /&gt;en amarlo y en entregarse tan ciegamente a la mentira&lt;br /&gt;dolosa de lo sensible y deleitable. Y de este insano amor&lt;br /&gt;les nace que con tanto esfuerzo huyan de la humildad,&lt;br /&gt;mansedumbre y pobreza, y desvíen de sí todo lo que&lt;br /&gt;tiene olor de virtud verdadera de penitencia y negación&lt;br /&gt;de sus pasiones; siendo esto lo que obliga a mi equidad y&lt;br /&gt;es aceptable en mis ojos, porque es lo santo, lo honesto,&lt;br /&gt;lo justo y que ha de ser premiado con remuneración de&lt;br /&gt;eterna gloria, y lo contrario con sempiterna pena.&lt;br /&gt;420. Esta verdad no alcanzan los ojos terrenos de los&lt;br /&gt;mundanos y carnales, ni quieren atender a luz que se la&lt;br /&gt;enseñaría; pero tú, alma, óyela y escríbela en tu corazón&lt;br /&gt;con el ejemplo del Verbo Humanado, de la que fue su&lt;br /&gt;Madre y le imitó en todo. Santa era, y en mi estimación y&lt;br /&gt;agrado la primera después de Cristo, y se le debía toda&lt;br /&gt;veneración y honra de los hombres, pues no le pudieran&lt;br /&gt;dar la que merecía; pero yo previne y ordené que no&lt;br /&gt;fuese honrada ni conocida por entonces, para poner en&lt;br /&gt;ella lo más santo, lo más perfecto, lo más apreciable y&lt;br /&gt;seguro, que mis escogidos habían de imitar y aprender&lt;br /&gt;de la Maestra de la verdad; y esto era la humildad, el&lt;br /&gt;secreto, el retiro, el desprecio de la vanidad engañosa y&lt;br /&gt;formidable del mundo, el amor a los trabajos,&lt;br /&gt;tribulaciones, contumelias, aflicciones y deshonras de las&lt;br /&gt;criaturas. Y porque todo esto no se compadece ni&lt;br /&gt;conviene con los aplausos, honras y estimación de los&lt;br /&gt;mundanos, determiné que María Purísima no las tuviese,&lt;br /&gt;ni quiero que mis amigos las reciban ni admitan. Y si para&lt;br /&gt;mi gloria yo los doy a conocer alguna vez al mundo, no es&lt;br /&gt;porque ellos lo desean, ni lo quieren; mas con su&lt;br /&gt;85&lt;br /&gt;humildad, y sin salir de sus límites, se rinden a mi&lt;br /&gt;disposición y voluntad; y para sí y por sí desean y aman lo&lt;br /&gt;que el mundo desecha, y lo que el Verbo Humanado y su&lt;br /&gt;Madre Santísima obraron y enseñaron.—Esta fue la respuesta&lt;br /&gt;del Señor a mi admiración y reparo; con que me&lt;br /&gt;dejó satisfecha y enseñada en lo que debo y deseo&lt;br /&gt;ejecutar.&lt;br /&gt;421. Cumplido ya el tiempo de los tres años determinados&lt;br /&gt;por el Señor, salieron de Nazaret Joaquín y Ana,&lt;br /&gt;acompañados de algunos deudos, llevando consigo la&lt;br /&gt;verdadera arca viva del testamento, María Santísima, en&lt;br /&gt;los brazos de su madre, para depositarla en el Templo&lt;br /&gt;Santo de Jerusalén. Corría la hermosa niña con sus afectos&lt;br /&gt;fervorosos tras el olor de los ungüentos de su amado&lt;br /&gt;(Cant., 1, 3), para buscar en el Templo al mismo que&lt;br /&gt;llevaba en su corazón. Iba esta humilde procesión muy&lt;br /&gt;sola de criaturas terrenas y sin alguna visible&lt;br /&gt;ostentación, pero con ilustre y numeroso&lt;br /&gt;acompañamiento de espíritus angélicos que para&lt;br /&gt;celebrar esta fiesta habían bajado del Cielo, a más de&lt;br /&gt;los ordinarios que guardaban a su Reina niña, y cantando&lt;br /&gt;con música celestial nuevos cánticos de gloria y alabanza&lt;br /&gt;del Altísimo —oyéndolos y viéndolos a todos la Princesa&lt;br /&gt;de los cielos, que caminaba hermosos pasos a la vista del&lt;br /&gt;supremo y verdadero Salomón— prosiguieron su jornada&lt;br /&gt;de Nazaret hasta la Ciudad Santa de Jerusalén, sintiendo&lt;br /&gt;los dichosos padres de la niña María grande júbilo y&lt;br /&gt;consolación de su espíritu.&lt;br /&gt;422. Llegaron al Templo Santo, y la Bienaventurada&lt;br /&gt;Ana, para entrar con su hija y Señora en él, la llevó de la&lt;br /&gt;mano, asistiéndolas particularmente el Santo Joaquín; y&lt;br /&gt;todos tres hicieron devota y fervorosa oración al Señor:&lt;br /&gt;los padres ofreciéndole a su hija y la hija santísima&lt;br /&gt;ofreciéndose a sí misma con profunda humildad,&lt;br /&gt;adoración y reverencia. Y sola ella conoció cómo el&lt;br /&gt;86&lt;br /&gt;Altísimo la admitía y recibía; y entre un divino resplandor&lt;br /&gt;que llenó el templo, oyó una voz que le decía: Ven,&lt;br /&gt;esposa mía, electa mía, ven a mi templo, donde quiero&lt;br /&gt;que me alabes y me bendigas.—Hecha esta oración se&lt;br /&gt;levantaron y fueron al sacerdote y le entregaron los&lt;br /&gt;padres a su hija y niña María, y el sacerdote le dio su&lt;br /&gt;bendición; y juntos todos la llevaron a un cuarto, donde&lt;br /&gt;estaba el colegio de las doncellas que se criaban en&lt;br /&gt;recogimiento y santas costumbres, mientras llegaban a la&lt;br /&gt;edad de tomar estado de matrimonio; y especialmente se&lt;br /&gt;recogían allí las primogénitas del tribu real de Judá y del&lt;br /&gt;tribu sacerdotal de Leví.&lt;br /&gt;423. La subida de este colegio tenía quince gradas,&lt;br /&gt;adonde salieron otros sacerdotes a recibir la bendita&lt;br /&gt;niña María; y el que la llevaba, que debía de ser uno de&lt;br /&gt;los ordinarios y la había recibido, la puso en la grada&lt;br /&gt;primera; ella le pidió licencia y, volviéndose a sus padres&lt;br /&gt;Joaquín y Ana, hincando las rodillas les pidió su bendición&lt;br /&gt;y les besó la mano a cada uno, rogándoles la&lt;br /&gt;encomendasen a Dios. Los santos padres con gran&lt;br /&gt;ternura y lágrimas la echaron bendiciones, y, en&lt;br /&gt;recibiéndolas, subió por sí sola las quince gradas con&lt;br /&gt;incomparable fervor y alegría, sin volver la cabeza ni&lt;br /&gt;derramar lágrima, ni hacer acción párvula, ni mostrar&lt;br /&gt;sentimiento de la despedida de sus padres; antes puso a&lt;br /&gt;todos en admiración el verla en edad tan tierna con&lt;br /&gt;majestad y entereza tan peregrina. Los sacerdotes la&lt;br /&gt;recibieron y llevaron al colegio de las demás vírgenes; y&lt;br /&gt;el Santo Simeón, Sumo Sacerdote, la entregó a las&lt;br /&gt;maestras, una de las cuales era Ana profetisa. Esta santa&lt;br /&gt;matrona había sido prevenida con especial gracia y luz&lt;br /&gt;del Altísimo para que se encargase de aquella niña de&lt;br /&gt;Joaquín y Ana, y así lo hizo por Divina dispensación,&lt;br /&gt;mereciendo por su santidad y virtudes tener por discípula&lt;br /&gt;a la que había de ser Madre de Dios y maestra de todas&lt;br /&gt;las criaturas.&lt;br /&gt;87&lt;br /&gt;424. Los padres, Joaquín y Ana, se volvieron a Nazaret&lt;br /&gt;doloridos, y pobres sin el rico tesoro de su casa, pero el&lt;br /&gt;Altísimo los confortó y consoló en ella. El santo sacerdote&lt;br /&gt;Simeón, aunque por entonces no conoció el misterio&lt;br /&gt;encerrado en la niña María, pero tuvo grande luz de&lt;br /&gt;que era santa y escogida del Señor; y los otros&lt;br /&gt;sacerdotes también sintieron de ella con gran alteza y&lt;br /&gt;reverencia. En aquella escala que subió la niña se&lt;br /&gt;ejecutó con toda propiedad lo que Jacob vio en la suya&lt;br /&gt;(Gén., 28, 12), que subían y bajaban Ángeles; unos que&lt;br /&gt;acompañaban y otros que salían a recibir a su Reina; y en&lt;br /&gt;lo supremo de ella aguardaba Dios para admitirla por&lt;br /&gt;Hija y por Esposa; y ella conoció en los efectos de su&lt;br /&gt;amor que verdaderamente aquella era casa de Dios y&lt;br /&gt;puerta del cielo.&lt;br /&gt;425. La niña María, entregada y encargada a su&lt;br /&gt;maestra, con humildad profunda le pidió de rodillas la&lt;br /&gt;bendición, y la rogó que la recibiese debajo de su&lt;br /&gt;obediencia, enseñanza y consejo, y que tuviese paciencia&lt;br /&gt;en lo mucho que con ella trabajaría y padecería. Ana&lt;br /&gt;profetisa, su maestra, la recibió con agrado y la dijo:&lt;br /&gt;Hija mía, en mi voluntad hallaréis madre y amparo y yo&lt;br /&gt;cuidaré de vos y de vuestra crianza con todo el desvelo&lt;br /&gt;posible.—Luego pasó a ofrecerse con la misma humildad&lt;br /&gt;a todas las doncellas que allí estaban, y a cada una&lt;br /&gt;singularmente la saludó y abrazó y se dedicó por sierva&lt;br /&gt;suya, y les pidió que como mayores y más capaces de lo&lt;br /&gt;que allí habían de hacer la enseñasen y mandasen; y&lt;br /&gt;dioles gracias porque sin merecerlo la admitían en su&lt;br /&gt;compañía.&lt;br /&gt;Doctrina de la Santísima Virgen María.&lt;br /&gt;426. Hija mía, la mayor dicha que puede venirle en esta&lt;br /&gt;vida mortal a un alma es que la traiga el Altísimo a su&lt;br /&gt;88&lt;br /&gt;casa y la consagre toda a su servicio; porque con este&lt;br /&gt;beneficio la rescata de una peligrosa esclavitud y la&lt;br /&gt;alivia de la vil servidumbre del mundo, donde sin&lt;br /&gt;perfecta libertad come su pan con el sudor de su cara&lt;br /&gt;(Gén., 3, 19). ¿Quién hay tan insipiente y tenebroso que&lt;br /&gt;no conozca el peligro de la vida mundana, con tantas&lt;br /&gt;leyes y costumbres abominables y pésimas como la&lt;br /&gt;astucia diabólica y la perversidad de los hombres han&lt;br /&gt;introducido? La mejor parte es la religión y retiro; aquí se&lt;br /&gt;halla puerto seguro y lo demás todo es tormenta y olas&lt;br /&gt;alteradas y llenas de dolor y desdichas; y no reconocer&lt;br /&gt;los hombres esta verdad y agradecer este singular&lt;br /&gt;beneficio, es fea dureza de corazón y olvido de sí mismos.&lt;br /&gt;Pero tú, hija mía, no te hagas sorda a la voz del Altísimo,&lt;br /&gt;atiende y obra y responde a ella; y te advierto que uno&lt;br /&gt;de los mayores desvelos del demonio es impedir la&lt;br /&gt;vocación del Señor cuando llama y dispone a las almas&lt;br /&gt;para que se dediquen a su servicio.&lt;br /&gt;427. Sólo aquel acto público y sagrado de recibir el&lt;br /&gt;hábito y entrar en la religión, aunque no se haga siempre&lt;br /&gt;con el fervor y pureza de intención debida, indigna y&lt;br /&gt;enfurece al Dragón infernal y a sus demonios, así por la&lt;br /&gt;gloria del Señor y gozo de los Santos Ángeles, como&lt;br /&gt;porque sabe aquel mortal enemigo que la religión lo&lt;br /&gt;santifica y perfecciona. Y sucede muchas veces que&lt;br /&gt;habiéndola recibido por motivos humanos y terrenos,&lt;br /&gt;obra después la divina gracia y lo mejora y ordena todo.&lt;br /&gt;Y si esto puede cuando el principio no fue con intención&lt;br /&gt;tan recta como convenía, mucho más poderosa y eficaz&lt;br /&gt;será la luz y virtud del Señor y la disciplina de la religión,&lt;br /&gt;cuando el alma entra en ella movida del Divino amor y&lt;br /&gt;con íntimo y verdadero deseo de hallar a Dios, servirle y&lt;br /&gt;amarle.&lt;br /&gt;428. Y para que el Altísimo reforme o adelante al que&lt;br /&gt;viene a la religión por cualquier motivo que traiga,&lt;br /&gt;89&lt;br /&gt;conviene que, en volviendo al mundo las espaldas, no le&lt;br /&gt;vuelva los ojos y que borre todas sus imágenes de la&lt;br /&gt;memoria y olvide lo que tan dignamente ha dejado en el&lt;br /&gt;mundo. A los que no atienden a esta enseñanza y son&lt;br /&gt;ingratos y desleales con Dios, sin duda les viene el&lt;br /&gt;castigo de la mujer de Lot (Gén., 19, 26), que si por la&lt;br /&gt;Divina piedad no es tan visible y patente a los ojos&lt;br /&gt;exteriores, pero recíbenle interiormente, quedando&lt;br /&gt;helados, secos y sin fervor ni virtud. Y con este&lt;br /&gt;desamparo de la gracia, ni consiguen el fin de su&lt;br /&gt;vocación, ni aprovechan en la religión, ni hallan consuelo&lt;br /&gt;espiritual en ella, ni merecen que el Señor les mire y&lt;br /&gt;visite como a hijos; antes los desvía como esclavos&lt;br /&gt;infieles y fugitivos. Advierte, María, que para ti todo lo&lt;br /&gt;del mundo ha de estar muerto y crucificado, y tú para él,&lt;br /&gt;sin memoria, ni imagen, ni atención, ni afecto o cosa&lt;br /&gt;alguna terrena y si tal vez fuere necesario ejercitar la&lt;br /&gt;caridad con los prójimos, ordénala tan bien que en&lt;br /&gt;primer lugar pongas el bien de tu alma y tu seguridad y&lt;br /&gt;quietud, paz y tranquilidad interior. Y en estas&lt;br /&gt;advertencias todo extremo, que no sea vicio, te lo&lt;br /&gt;amonesto y mando si has de estar en mi escuela.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_FgMtOqNOPlQ/SE2myRO084I/AAAAAAAAAKU/-wUFRQxRzus/s1600-h/Maria3ani2.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5210003726486795138" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_FgMtOqNOPlQ/SE2myRO084I/AAAAAAAAAKU/-wUFRQxRzus/s400/Maria3ani2.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;CAPITULO 2&lt;br /&gt;De un singular favor que hizo el Altísimo a María&lt;br /&gt;Santísima luego que se quedó en el templo.&lt;br /&gt;429. Cuando la divina niña María, despedidos sus padres,&lt;br /&gt;se quedó en el templo para vivir en él, le señaló su&lt;br /&gt;maestra el retiro que le tocaba entre las demás vírgenes,&lt;br /&gt;que eran como unas grandes alcobas o pequeños&lt;br /&gt;aposentos para cada una. Postróse en tierra la Princesa&lt;br /&gt;de los cielos y, con advertencia de que era suelo y lugar&lt;br /&gt;del templo, le besó y adoró al Señor dándole gracias por&lt;br /&gt;aquel nuevo beneficio, y a la misma tierra, porque la&lt;br /&gt;había recibido y sustentaba, siendo indigna de aquel&lt;br /&gt;90&lt;br /&gt;bien, de pisarla y estar en ella. Luego se convirtió a sus&lt;br /&gt;Ángeles santos y les dijo: Príncipes celestiales, nuncios&lt;br /&gt;del Altísimo, fidelísimos amigos y compañeros míos, yo os&lt;br /&gt;suplico con todo el afecto de mi alma, que en este santo&lt;br /&gt;Templo de mi Señor hagáis conmigo el oficio de&lt;br /&gt;vigilantes centinelas, avisándome de todo lo que debo&lt;br /&gt;hacer; enseñadme y encaminadme como maestros y&lt;br /&gt;nortes de mis acciones, para que acierte en todo a&lt;br /&gt;cumplir la voluntad perfecta del Altísimo, dar gusto a los&lt;br /&gt;santos sacerdotes y obedecer a mi maestra y&lt;br /&gt;compañeras.—Y hablando con los doce Ángeles&lt;br /&gt;singularmente —que arriba dijimos (Cf. supra 202 y 273)&lt;br /&gt;eran los doce del Apocalipsis— les dijo: Y a vosotros,&lt;br /&gt;embajadores míos, os pido que, si el Altísimo os diere su&lt;br /&gt;licencia, vais [sic] a consolar a mis santos padres en su&lt;br /&gt;aflicción y soledad.&lt;br /&gt;430. Obedecieron a su Reina los doce Ángeles y,&lt;br /&gt;quedando con los demás en coloquios divinos, sintió una&lt;br /&gt;virtud superior que la movía fuerte y suave y la&lt;br /&gt;espiritualizaba y levantaba en un ardiente éxtasis; y&lt;br /&gt;luego el Altísimo mandó a los Serafines que la asistían&lt;br /&gt;ilustrasen su alma santísima y la preparasen. Y luego le&lt;br /&gt;fue dado un lumen y cualidad divina que perfeccionase y&lt;br /&gt;proporcionase sus potencias con el objeto que le querían&lt;br /&gt;manifestar. Y con esta preparación, acompañada de&lt;br /&gt;todos sus Santos Ángeles y otros muchos, vestida la&lt;br /&gt;divina niña de una refulgente nubécula, fue llevada en&lt;br /&gt;cuerpo y alma hasta el Cielo empíreo, donde fue recibida&lt;br /&gt;de la Santísima Trinidad con digna benevolencia y&lt;br /&gt;agrado. Postróse ante la presencia del poderosísimo y&lt;br /&gt;altísimo Señor, como solía en las demás visiones, y&lt;br /&gt;adoróle con profunda humildad y reverencia. Y luego la&lt;br /&gt;volvieron a iluminar de nuevo con otra cualidad o lumen&lt;br /&gt;con el cual vio la Divinidad intuitiva y claramente; siendo&lt;br /&gt;esta la segunda vez que se le manifestó por este modo&lt;br /&gt;intuitivo a los tres años de su edad.&lt;br /&gt;91&lt;br /&gt;431. No hay sentido ni lengua que pueda manifestar los&lt;br /&gt;efectos de esta visión y participación de la Divina&lt;br /&gt;esencia. La Persona del Eterno Padre habló a la futura&lt;br /&gt;Madre de su Hijo, y díjola: Paloma mía y dilecta mía,&lt;br /&gt;quiero que veas los tesoros de mi ser inmutable y&lt;br /&gt;perfecciones infinitas y los ocultos dones que tengo&lt;br /&gt;destinados para las almas que tengo elegidas para&lt;br /&gt;herederas de mi gloria, que serán rescatadas con la&lt;br /&gt;Sangre del Cordero que por ellas ha de morir. Conoce,&lt;br /&gt;hija mía, cuán liberal soy para mis criaturas que me&lt;br /&gt;conocen y aman; cuán verdadero en mis palabras, cuán&lt;br /&gt;fiel en mis promesas, cuán poderoso y admirable en&lt;br /&gt;mis obras. Advierte, esposa mía, cómo es verdad&lt;br /&gt;infalible que quien me siguiere no vivirá en tinieblas. De&lt;br /&gt;ti quiero que, como mi escogida, seas testigo de vista de&lt;br /&gt;los tesoros que tengo aparejados para levantar los&lt;br /&gt;humildes, remunerar los pobres, engrandecer los&lt;br /&gt;abatidos y premiar todo lo que por mi nombre hicieren o&lt;br /&gt;padecieren los mortales.&lt;br /&gt;432. Otros sacramentos grandes conoció la santísima&lt;br /&gt;niña en esta visión de la Divinidad, porque el objeto es&lt;br /&gt;infinito; y aunque se le había manifestado otra vez&lt;br /&gt;claramente, pero siempre le resta infinito que comunicar&lt;br /&gt;de nuevo con más admiración y mayor amor de quien&lt;br /&gt;recibe este favor. Respondió la Santísima María al Señor,&lt;br /&gt;y dijo: Altísimo y supremo Dios eterno, incomprensible&lt;br /&gt;sois en vuestra grandeza, rico en misericordias,&lt;br /&gt;abundante en tesoros, inefable en misterios, fidelísimo en&lt;br /&gt;promesas, verdadero en palabras, perfectísimo en&lt;br /&gt;vuestras obras, porque sois Señor infinito y eterno en&lt;br /&gt;vuestro ser y perfecciones. Pero ¿qué hará, altísimo&lt;br /&gt;Señor, mi pequenez a la vista de vuestra grandeza?&lt;br /&gt;Indigna me reconozco de mirar vuestra grandeza que&lt;br /&gt;veo, pero necesitada de que con ella me miréis. En&lt;br /&gt;vuestra presencia, Señor, se aniquila toda criatura, ¿qué&lt;br /&gt;92&lt;br /&gt;hará vuestra sierva, que es polvo? Cumplid en mí todo&lt;br /&gt;vuestro querer y beneplácito; y si en vuestros ojos&lt;br /&gt;son tan estimables los trabajos y desprecios de los&lt;br /&gt;mortales, la humildad, la paciencia y mansedumbre en&lt;br /&gt;ellos, no consintáis, amado mío, que yo carezca de tan&lt;br /&gt;rico tesoro y prendas de vuestro amor; y dad el premio de&lt;br /&gt;ello a vuestros siervos y amigos, que lo merecerán&lt;br /&gt;mejor, pues nada he trabajado yo en vuestro servicio y&lt;br /&gt;agrado.&lt;br /&gt;433. El Altísimo se agradó mucho de la petición de la&lt;br /&gt;divina niña y la dio a conocer cómo la admitía para&lt;br /&gt;concederle que trabajase y padeciese por su amor en el&lt;br /&gt;discurso de su vida, sin entender entonces el orden y&lt;br /&gt;modo como había de suceder todo. Dio gracias la&lt;br /&gt;Princesa del Cielo por este beneficio y favor de que era&lt;br /&gt;escogida para trabajar y padecer por el nombre y gloria&lt;br /&gt;del Señor y, fervorosa con el deseo de conseguirlo, pidió&lt;br /&gt;licencia a Su Majestad para hacer en su presencia cuatro&lt;br /&gt;votos; de castidad, pobreza, obediencia y perpetuo&lt;br /&gt;encerramiento en el templo, adonde la había traído.&lt;br /&gt;A esta petición la respondió el Señor, y la dijo: Esposa&lt;br /&gt;mía, mis pensamientos se levantan sobre todas las&lt;br /&gt;criaturas y tú, electa mía, ahora ignoras lo que en el&lt;br /&gt;discurso de tu vida te puede suceder y que no será&lt;br /&gt;posible en todo cumplir tus fervorosos deseos en el&lt;br /&gt;modo que ahora piensas; el voto de castidad admito y&lt;br /&gt;quiero le hagas, y que renuncies desde luego las riquezas&lt;br /&gt;terrenas; si bien es mi voluntad que en los demás votos y&lt;br /&gt;en sus materias obres, en lo posible, como si los hubieras&lt;br /&gt;hecho todos; y tu deseo se cumplirá en otras muchas&lt;br /&gt;doncellas que, en el tiempo venidero de la ley de gracia,&lt;br /&gt;por seguirte y servirme harán los mismos votos viviendo&lt;br /&gt;juntas en congregación, y serás madre de muchas hijas.&lt;br /&gt;434. Hizo luego la santísima niña en presencia del&lt;br /&gt;Señor el voto de castidad, y en lo demás sin obligarse&lt;br /&gt;93&lt;br /&gt;renunció todo el afecto de lo terreno y criado; y propuso&lt;br /&gt;obedecer por Dios a todas las criaturas. Y en el&lt;br /&gt;cumplimiento de estos propósitos fue más puntual,&lt;br /&gt;fervorosa y fiel que ninguno de cuantos por voto lo&lt;br /&gt;prometieron ni prometerán. Con esto cesó la visión&lt;br /&gt;intuitiva y clara de la Divinidad, pero no luego fue&lt;br /&gt;restituida a la tierra; porque en otro estado más inferior&lt;br /&gt;tuvo luego otra visión imaginaria del mismo Señor y&lt;br /&gt;estando siempre en el cielo empíreo; de manera que se&lt;br /&gt;siguieron a la vista de la Divinidad otras visiones&lt;br /&gt;imaginarias.&lt;br /&gt;435. En esta segunda e imaginaria visión llegaron a ella&lt;br /&gt;algunos Serafines de los más inmediatos al Señor y, por&lt;br /&gt;mandado suyo, la adornaron y compusieron en esta&lt;br /&gt;forma. Lo primero, todos sus sentidos fueron como&lt;br /&gt;iluminados con una claridad o lumen que los llenaba de&lt;br /&gt;gracia y hermosura. Luego la vistieron una ropa o tunicela&lt;br /&gt;preciosísima de refulgencia y la ciñeron con una&lt;br /&gt;cintura de piedras diferentes de varios colores&lt;br /&gt;transparentes, lucidísimos y brillantes, que toda la&lt;br /&gt;hermoseaba sobre la humana ponderación; y significaba&lt;br /&gt;la pura candidez y heroicas y diferentes virtudes de su&lt;br /&gt;alma santísima. Pusiéronla también una gargantilla&lt;br /&gt;o collar inestimable y de subido valor con tres grandes&lt;br /&gt;piedras, símbolo de las tres mayores y excelentes&lt;br /&gt;virtudes, fe, esperanza y caridad; y estas pendían del&lt;br /&gt;collar sobre el pecho, como señalando su lugar y&lt;br /&gt;asiento de tan ricas joyas. Diéronle tras esto siete anillos&lt;br /&gt;de rara hermosura en sus manos, donde se los puso el&lt;br /&gt;Espíritu Santo en testimonio de que la adornaba con sus&lt;br /&gt;dones en grado eminentísimo. Y sobre este adorno la&lt;br /&gt;Santísima Trinidad puso sobre su cabeza una imperial&lt;br /&gt;corona de materia y piedras inestimables, constituyéndola&lt;br /&gt;juntamente por Esposa suya y por Emperatriz del&lt;br /&gt;cielo; y en fe de todo esto la vestidura cándida y&lt;br /&gt;refulgente estaba sembrada de unas letras o cifras de&lt;br /&gt;94&lt;br /&gt;finísimo oro y muy brillante, que decían: María hija del&lt;br /&gt;Eterno Padre, Esposa del Espíritu Santo y Madre de la&lt;br /&gt;verdadera luz. Esta última empresa o título no entendió la&lt;br /&gt;divina Señora, pero los Ángeles sí, que admirados en la&lt;br /&gt;alabanza del Autor asistían a obra tan peregrina y nueva;&lt;br /&gt;y en cumplimiento de todo esto puso el Altísimo en los&lt;br /&gt;mismos espíritus angélicos nueva atención, y salió una&lt;br /&gt;voz del trono de la Santísima Trinidad, que hablando con&lt;br /&gt;María Santísima le dijo: Nuestra Esposa, nuestra querida&lt;br /&gt;y escogida entre las criaturas serás por toda la&lt;br /&gt;eternidad; los Ángeles te servirán y todas las naciones y&lt;br /&gt;generaciones te llamarán bienaventurada (Lc., 1, 48).&lt;br /&gt;436. Adornada la soberana niña con las galas de la&lt;br /&gt;divinidad, se celebró luego el desposorio más célebre y&lt;br /&gt;maravilloso que pudo imaginar ninguno de los más altos&lt;br /&gt;querubines y serafines, porque el Altísimo la admitió por&lt;br /&gt;Esposa única y singular y la constituyó en la más&lt;br /&gt;suprema dignidad que pudo caber en pura criatura, para&lt;br /&gt;depositar en ella su misma Divinidad en la Persona del&lt;br /&gt;Verbo y con él todos los tesoros de gracias que a tal&lt;br /&gt;eminencia convenían. Estaba la humildísima entre los&lt;br /&gt;humildes absorta en el abismo de amor y admiración que&lt;br /&gt;la causaban tales favores y beneficios y en presencia del&lt;br /&gt;Señor, dijo:&lt;br /&gt;437. Altísimo Rey y Dios incomprensible, ¿quién sois vos&lt;br /&gt;y quién soy yo, para que vuestra dignación mire a la que&lt;br /&gt;es polvo, indigna de tales misericordias? En vos, Señor&lt;br /&gt;mío, como en espejo claro, conociendo vuestro ser&lt;br /&gt;inmutable, veo y conozco sin engaño la bajeza y vileza&lt;br /&gt;del mío, miro vuestra inmensidad y mi nada, y en este&lt;br /&gt;conocimiento quedo aniquilada y deshecha con&lt;br /&gt;admiración de que la Majestad infinita se incline a tan&lt;br /&gt;humilde gusanillo, que sólo puede merecer el desecho y&lt;br /&gt;desprecio entre todas las criaturas. ¡Oh Señor y bien mío,&lt;br /&gt;qué magnificado y engrandecido seréis en esta obra!&lt;br /&gt;95&lt;br /&gt;¡Qué admiración causaréis conmigo en vuestros espíritus&lt;br /&gt;angélicos, que conocen vuestra infinita bondad, grandeza&lt;br /&gt;y misericordias, en levantar al polvo y a la que en él es&lt;br /&gt;pobre (Sal., 112, 3), para colocarla entre los príncipes! Yo,&lt;br /&gt;Rey mío y mi Señor, os admito por mi Esposo y me ofrezco&lt;br /&gt;por vuestra esclava. No tendrá mi entendimiento otro&lt;br /&gt;objeto, ni mi memoria otra imagen, ni mi voluntad otro fin&lt;br /&gt;ni deseo fuera de vos, sumo, verdadero y único bien y&lt;br /&gt;amor mío, ni mis ojos se levantarán para ver otra criatura&lt;br /&gt;humana, ni atenderán mis potencias y sentidos a nadie&lt;br /&gt;fuera de vos mismo y a lo que Vuestra Majestad me&lt;br /&gt;encaminare; solo vos, amado mío, seréis para vuestra&lt;br /&gt;Esposa (Cant., 2, 16) y ella para solo vos, que sois incomutable&lt;br /&gt;y eterno bien.&lt;br /&gt;438. Recibió el Altísimo con inefable agrado esta&lt;br /&gt;aceptación que hizo la soberana Princesa del nuevo&lt;br /&gt;desposorio que con su alma santísima había celebrado; y,&lt;br /&gt;como a verdadera Esposa y Señora de todo lo criado, le&lt;br /&gt;puso en sus manos todos los tesoros de su poder y gracia&lt;br /&gt;y la mandó que pidiese lo que deseaba, que nada le&lt;br /&gt;sería negado. Hízolo así la humildísima paloma y pidió&lt;br /&gt;al Señor con ardentísima caridad enviase a su Unigénito&lt;br /&gt;al mundo para remedio de los mortales; que a todos los&lt;br /&gt;llamase al conocimiento verdadero de su Divinidad; que&lt;br /&gt;a sus padres naturales Joaquín y Ana les aumentase en el&lt;br /&gt;amor y dones de su Divina diestra; que a los pobres y afligidos&lt;br /&gt;los consolase y confortase en sus trabajos; y para sí&lt;br /&gt;misma pidió el cumplimiento y beneplácito de la Divina&lt;br /&gt;voluntad. Estas fueron las peticiones más particulares&lt;br /&gt;que hizo la nueva esposa María en esta ocasión a la&lt;br /&gt;Beatísima Trinidad. Y todos los espíritus angélicos en&lt;br /&gt;alabanza del Altísimo hicieron nuevos cánticos de admiración&lt;br /&gt;y, con música celestial, los que Su Majestad&lt;br /&gt;destinó volvieron a la santísima niña desde el cielo&lt;br /&gt;empíreo al lugar del templo, dé donde la habían&lt;br /&gt;llevado.&lt;br /&gt;96&lt;br /&gt;439. Y para comenzar luego a poner por obra lo que Su&lt;br /&gt;Alteza había prometido en presencia del Señor, fue a&lt;br /&gt;su maestra y la entregó todo cuanto su madre Santa Ana&lt;br /&gt;le había dejado para su necesidad y regalo, hasta unos&lt;br /&gt;libros y vestuario; y la rogó lo distribuyese a los pobres, o&lt;br /&gt;como ella gustase disponer de ello, y la mandase y&lt;br /&gt;ordenase lo que debía hacer. La discreta maestra, que ya&lt;br /&gt;he dicho era Ana la profetisa, con divino impulso admitió&lt;br /&gt;y aprobó lo que la hermosa niña María ofrecía y la dejó&lt;br /&gt;pobre y sin cosa aguna más de lo que tenía vestido; y&lt;br /&gt;propuso cuidar singularmente de ella como de más&lt;br /&gt;destituida y pobre, porque las otras doncellas cada una&lt;br /&gt;tenía su peculio y homenaje señalado y propio de sus&lt;br /&gt;ropas y otras cosas a su voluntad.&lt;br /&gt;440. Diole también la maestra orden de vivir a la&lt;br /&gt;dulcísima niña, habiéndolo comunicado primero con el&lt;br /&gt;sumo sacerdote; y con esta desnudez y resignación&lt;br /&gt;consiguió la Reina y Señora de las criaturas quedar sola,&lt;br /&gt;destituida y despojada de todas ellas y de sí misma, sin&lt;br /&gt;reservar otro afecto ni posesión más de solo el amor&lt;br /&gt;ardentísimo del Señor y de su propio abatimiento y&lt;br /&gt;humillación. Yo confieso mi suma ignorancia, mi vileza, mi&lt;br /&gt;insuficiencia y que del todo me hallo indigna para&lt;br /&gt;explicar misterios tan soberanos y ocultos; donde las&lt;br /&gt;lenguas expeditas de los sabios y la ciencia y amor de los&lt;br /&gt;supremos querubines y serafines fueran insuficientes&lt;br /&gt;¿qué podrá decir una mujer inútil y abatida? Conozco&lt;br /&gt;cuánto ofendiera a la grandeza de sacramentos tan&lt;br /&gt;venerables, si la obediencia no me excusara; pero aun&lt;br /&gt;con ella temo y creo que ignoro y callo lo más y conozco y&lt;br /&gt;digo lo menos en cada uno de los misterios y sucesos de&lt;br /&gt;esta Ciudad de Dios María Santísima.&lt;br /&gt;Doctrina de la Santísima Virgen María.&lt;br /&gt;97&lt;br /&gt;441. Hija mía, entre los favores grandes e inefables que&lt;br /&gt;recibí en el discurso de mi vida de la diestra del&lt;br /&gt;Todopoderoso, uno fue el que acabas de conocer y&lt;br /&gt;escribir ahora; porque en la vista clara de la&lt;br /&gt;divinidad y ser incomprensible del Altísimo conocí ocultísimos&lt;br /&gt;sacramentos y misterios, y en aquel adorno y&lt;br /&gt;desposorio recibí incomparables beneficios, y en mi&lt;br /&gt;espíritu sentí dulcísimos y divinos efectos. Aquel deseo&lt;br /&gt;que tuve de hacer los cuatro votos de pobreza,&lt;br /&gt;obediencia, castidad y encerramiento, agradó mucho al&lt;br /&gt;Señor; y merecí con el deseo que se estableciese en la&lt;br /&gt;Iglesia y ley de gracia el hacer los mismos votos las&lt;br /&gt;religiosas, como hoy se acostumbra; y aquel fue el&lt;br /&gt;principio de lo que ahora hacéis las religiosas, según lo&lt;br /&gt;que dijo Santo Rey David (Sal., 44, 13): Adducentur Regí&lt;br /&gt;virgines post eam, en el salmo 44, porque el Altísimo&lt;br /&gt;ordenó que fuesen mis deseos el fundamento de las&lt;br /&gt;religiones de la Ley Evangélica. Y yo cumplí entera y&lt;br /&gt;perfectísimamente todo lo que allí propuse delante del&lt;br /&gt;Señor, en cuanto según mi estado y vida fue posible; ni&lt;br /&gt;jamás miré al rostro a hombre alguno, ni de mi esposo&lt;br /&gt;San José, ni de los mismos Ángeles, cuando en forma&lt;br /&gt;humana se me aparecían, pero en Dios los vi y conocí&lt;br /&gt;todos; y a ninguna cosa criada o racional tuve afecto, ni&lt;br /&gt;en operación e inclinación humana; ni tuve querer propio:&lt;br /&gt;sí o no, haré o no haré, porque en todo me gobernó el&lt;br /&gt;Altísimo, o por sí inmediatamente, o por la obediencia de&lt;br /&gt;las criaturas a quien de voluntad me sujetaba.&lt;br /&gt;442. No ignores, carísima, que como el estado de la&lt;br /&gt;religión es sagrado y ordenado por el Altísimo, para que&lt;br /&gt;en él se conserve la doctrina de la perfección cristiana&lt;br /&gt;y perfecta imitación de la vida santísima de mi Hijo, por&lt;br /&gt;esto mismo está indignadísimo con las almas religiosas&lt;br /&gt;que duermen olvidadas de tan alto beneficio y viven tan&lt;br /&gt;descuidadas y más relajadamente que muchos hombres&lt;br /&gt;mundanos; y así les aguarda más severo juicio y castigo&lt;br /&gt;98&lt;br /&gt;que a ellos. También el demonio, como antigua y astuta&lt;br /&gt;serpiente, pone más diligencia y sagacidad en tentar y&lt;br /&gt;vencer a los religiosos y religiosas que con todo el resto&lt;br /&gt;de los mundanos respectivamente; y cuando derriba a un&lt;br /&gt;alma religiosa, hay mayores consejos y solicitud de todo&lt;br /&gt;el infierno, para que no se vuelva a levantar con los remedios&lt;br /&gt;que para esto tiene más prontos la religión, como&lt;br /&gt;son la obediencia y ejercicios santos y uso frecuente de&lt;br /&gt;los sacramentos. Para que todo esto se malogre y no le&lt;br /&gt;aproveche al religioso caído, usa el enemigo de tantas&lt;br /&gt;artes y ardides, que sería espantosa cosa el conocerlos.&lt;br /&gt;Pero mucho de esto se manifiesta considerando los&lt;br /&gt;movimientos y obras que hace un alma religiosa para&lt;br /&gt;defender sus relajaciones, excusándolas si puede con&lt;br /&gt;algún color y si no con inobediencias y mayores&lt;br /&gt;desórdenes y culpas.&lt;br /&gt;443. Advierte, pues, hija mía, y teme tan formidable&lt;br /&gt;peligro; y con las fuerzas de la Divina gracia procura&lt;br /&gt;levantarte a ti sobre ti, sin consentir en tu voluntad afecto&lt;br /&gt;ni movimiento desordenado. Toda quiero que trabajes en&lt;br /&gt;morir a tus pasiones y espiritualizarte, para que,&lt;br /&gt;extinguido en ti todo lo que es terreno, pases al ser&lt;br /&gt;angélico por la vida y conversación. Para llenar el&lt;br /&gt;nombre de esposa de Cristo has de salir de los términos y&lt;br /&gt;esfera del ser humano y ascender a otro estado y ser&lt;br /&gt;divino; y aunque eres tierra, has de ser tierra bendita sin&lt;br /&gt;espinas de pasiones, cuyo fruto copioso sea todo para el&lt;br /&gt;Señor, que es su dueño. Y si tienes por esposo aquel&lt;br /&gt;supremo y poderoso Señor, que es Rey de los reyes y&lt;br /&gt;Señor de los señores, dedígnate de volver los ojos, y&lt;br /&gt;menos el corazón, a los esclavos viles, que son las&lt;br /&gt;criaturas humanas; pues aun los ángeles te aman y&lt;br /&gt;respetan por la dignidad de esposa del Altísimo. Y si&lt;br /&gt;entre los mortales se juzga por osadía temeraria y&lt;br /&gt;desmesurada que un hombre vil ponga los ojos en la&lt;br /&gt;esposa del príncipe ¿qué delito será ponerlos en la&lt;br /&gt;99&lt;br /&gt;esposa del Rey celestial y todopoderoso? Y no será&lt;br /&gt;menor culpa que ella lo admita y lo consienta. Asegúrate&lt;br /&gt;y pondera que es incomparable y terrible el castigo que&lt;br /&gt;para este pecado está prevenido, y no te le muestro a la&lt;br /&gt;vista porque con ella no desfallezca tu flaqueza. Y quiero&lt;br /&gt;que para ti sea bastante mi enseñanza para que ejecutes&lt;br /&gt;todo lo que te ordeno y me imites como discípula en&lt;br /&gt;cuanto alcanzaren tus fuerzas; y sé solícita en amonestar&lt;br /&gt;a tus monjas esta doctrina y hacer que la ejecuten.—&lt;br /&gt;Señora mía y Reina piadosísima, con júbilo de mi alma&lt;br /&gt;oigo vuestras dulcísimas palabras llenas de espíritu y de&lt;br /&gt;vida; y deseo escribirlas en lo íntimo de mi corazón con la&lt;br /&gt;gracia de vuestro Hijo Santísimo que os suplico me&lt;br /&gt;alcancéis. Y si me dais licencia, hablaré en vuestra&lt;br /&gt;presencia como discípula ignorante con mi Maestra y&lt;br /&gt;Señora. Deseo, Madre y amparo mío, que para cumplir&lt;br /&gt;los cuatro votos de mi profesión, como Vuestra Majestad&lt;br /&gt;me lo manda y yo debo, y aunque indigna y tibia lo&lt;br /&gt;deseo, me déis alguna doctrina más copiosa que me sirva&lt;br /&gt;de guía y magisterio en el cumplimiento de esta obligación&lt;br /&gt;y afecto que en mi ánimo habéis puesto.&lt;br /&gt;CAPITULO 3&lt;br /&gt;De la doctrina que me dio la Reina del cielo para los&lt;br /&gt;cuatro votos de mi profesión.&lt;br /&gt;444. Hija y amiga mía, no quiero negarte la enseñanza&lt;br /&gt;que con deseo de ejecutarla me pides; pero recíbela con&lt;br /&gt;aprecio y ánimo devoto y pronto para obrarla. El Sabio&lt;br /&gt;dice (Prov., 6, 1-2): Hijo, si prometiste por tu amigo, tu&lt;br /&gt;mano clavaste acerca del extraño, con tu boca te ligaste,&lt;br /&gt;con tus palabras quedas atado. Conforme a esta verdad,&lt;br /&gt;quien a Dios ha hecho votos ha clavado la mano de la&lt;br /&gt;propia voluntad, para no quedar libre ni tener elección&lt;br /&gt;de otras obras fuera de aquellas para que se obligó&lt;br /&gt;según la voluntad y elección de aquel a quien queda&lt;br /&gt;100&lt;br /&gt;obligado y atado con su misma boca y palabras de la&lt;br /&gt;profesión. Antes que hiciera los votos, en su mano estaba&lt;br /&gt;elegir el camino; pero habiéndose atado y obligado el&lt;br /&gt;alma religiosa, sepa que perdió totalmente su libertad y&lt;br /&gt;se la entregó a Dios en su Prelado. Toda la ruina o&lt;br /&gt;remedio de las almas consiste en el uso de su libertad;&lt;br /&gt;pero como los más usan mal de ella y se pierden, ordenó&lt;br /&gt;el Altísimo el estado fijo de las religiones mediante los&lt;br /&gt;votos, para que, usando de una vez la criatura de su&lt;br /&gt;libertad con perfecta y prudente elección, entregase a Su&lt;br /&gt;Majestad en aquel acto lo que con muchos perdiera, si&lt;br /&gt;quedara suelta y libre para querer y no querer.&lt;br /&gt;445. Piérdese dichosamente con estos votos la libertad&lt;br /&gt;para lo malo y asegúrase para lo bueno, como con una&lt;br /&gt;rienda que desvía del peligro y adiestra por el camino&lt;br /&gt;llano y seguro; y pierde el alma la servidumbre y sujeción&lt;br /&gt;a sus propias pasiones y adquiere sobre ellas nuevo&lt;br /&gt;imperio, como señora y reina en el dominio de su república,&lt;br /&gt;y sólo queda subordinada a la gracia y&lt;br /&gt;movimientos del Espíritu Santo, que la gobernaría en sus&lt;br /&gt;operaciones si ella destinase toda su voluntad para sólo&lt;br /&gt;obrar aquello que prometió a Dios. Pasaría con esto la&lt;br /&gt;criatura del estado y ser de esclava a la excelente&lt;br /&gt;dignidad de hija del Altísimo y de la condición terrena a&lt;br /&gt;la angélica; y los defectos corruptibles y castigo del&lt;br /&gt;pecado no la tocarían de lleno. Y no es posible que en la&lt;br /&gt;vida mortal puedas alcanzar ni comprender cuáles y&lt;br /&gt;cuántos bienes y tesoros granjea el alma que se dispone&lt;br /&gt;con todas sus fuerzas y afectos a cumplir perfectamente&lt;br /&gt;con los votos de su profesión; porque te aseguro,&lt;br /&gt;carísima, que pueden las religiosas perfectas y puntuales&lt;br /&gt;llegar al mérito de los mártires, y aun excederles.&lt;br /&gt;446. Hija mía, tú conseguiste el dichoso principio de&lt;br /&gt;tantos bienes el día que elegiste la mejor parte; pero&lt;br /&gt;advierte mucho que te obligaste a un Dios eterno y&lt;br /&gt;101&lt;br /&gt;poderoso a quien lo más oculto del corazón es manifiesto.&lt;br /&gt;Y si el mentir a los hombres terrenos y faltarles en las&lt;br /&gt;promesas justas es cosa tan fea y aborrecida de la razón&lt;br /&gt;¿cuánto pesará el ser infiel a Dios en las promesas&lt;br /&gt;justísimas y santísimas? Por tu criador, conservador y&lt;br /&gt;bienhechor le debes la gratitud, por padre la reverencia,&lt;br /&gt;por esposo la lealtad, por amigo la buena&lt;br /&gt;correspondencia, por fidelísimo le debes la fe y&lt;br /&gt;esperanza, por sumo y eterno bien el amor, por&lt;br /&gt;omnipotente el rendimiento y por justísimo juez el temor&lt;br /&gt;santo y humilde. Pues contra todos estos y otros muchos&lt;br /&gt;títulos cometerás traición y alevosía, si faltas y&lt;br /&gt;quebrantas lo que le tienes prometido en tu profesión. Y&lt;br /&gt;si en todas las religiosas, que viven con obligación de&lt;br /&gt;trato y vida espiritual, es tan formidable monstruo&lt;br /&gt;llamarse esposas de Cristo y ser miembros y esclavas del&lt;br /&gt;demonio, mucho más feo sería en ti, que has recibido más&lt;br /&gt;que todas, pues debes excederlas en el amor, en el&lt;br /&gt;trabajo y en el retorno de tan incomparables beneficios y&lt;br /&gt;favores.&lt;br /&gt;447. Advierte, pues, alma, cuán aborrecible te haría&lt;br /&gt;esta culpa para con el Señor, para conmigo, con los&lt;br /&gt;Ángeles y Santos; porque todos somos testigos de su&lt;br /&gt;amor y fidelidad que contigo ha mostrado, como esposo&lt;br /&gt;rico, amoroso y fidelísimo. Trabaja, pues, con sumo&lt;br /&gt;desvelo para que no le ofendas en lo mucho ni en lo poco;&lt;br /&gt;y no le obligues a que desamparándote te entregue a las&lt;br /&gt;bestias de las pasiones del pecado; que no ignoras sería&lt;br /&gt;esto mayor desdicha y castigo que si te entregara al furor&lt;br /&gt;de los elementos y de todas las fieras y animales brutos y&lt;br /&gt;al de los mismos demonios, para que todas estas cosas&lt;br /&gt;ejecutaran en ti su ira y el mundo todas las penas y&lt;br /&gt;deshonras que puede hacer; todo fuera menor daño para&lt;br /&gt;ti que cometer sola una culpa venial contra Dios, a quien&lt;br /&gt;debes servir y amar en todo y por todo. Cualquiera pena&lt;br /&gt;de esta vida es menos que la culpa, y éstas en la vida&lt;br /&gt;102&lt;br /&gt;mortal se acabarán, y la culpa puede ser eterna, y con&lt;br /&gt;ella lo sería la pena y castigo.&lt;br /&gt;448. En la vida presente atemoriza mucho a los&lt;br /&gt;mortales y les espanta cualquiera pena o tribulación,&lt;br /&gt;porque la tienen presente al sentido y les toca en él;&lt;br /&gt;pero no les altera ni atemoriza la culpa, porque,&lt;br /&gt;embarazados en lo visible, no pasan a lo inmediato de la&lt;br /&gt;culpa, que es la pena eterna del infierno. Y con estar&lt;br /&gt;embebida y unida con el mismo pecado, es tan grave y&lt;br /&gt;tardo el corazón humano, que se deja embriagar de la&lt;br /&gt;culpa y no toca en la pena porque no siente al infierno&lt;br /&gt;por el sentido; y cuando le podía ver y tocar con la fe, la&lt;br /&gt;deja ociosa y muerta, como si no la tuviera. ¡Oh&lt;br /&gt;infelicísima ceguedad de los mortales! ¡Oh torpeza y&lt;br /&gt;negligencia, que a tantas almas capaces de razón y de&lt;br /&gt;gloria tienes engañosamente oprimidas! No hay palabras&lt;br /&gt;ni razones suficientes para encarecer este formidable y&lt;br /&gt;tremendo peligro. Hija mía, huye y aléjate con el temor&lt;br /&gt;santo de tan infeliz estado y entrégate a todos los trabajos&lt;br /&gt;y tormentos de la vida, que luego pasa, primero&lt;br /&gt;que te acerques a él, pues nada te faltará si a Dios no&lt;br /&gt;perdieres. Muy poderoso medio será para asegurarte,&lt;br /&gt;que no imagines hay culpa pequeña para ti ni para tu&lt;br /&gt;estado; lo poco has de temer mucho, porque el Altísimo&lt;br /&gt;conoce que en despreciar las pequeñas culpas abre el&lt;br /&gt;corazón la criatura para admitir otras mayores, y no es&lt;br /&gt;amor loable el que no cela cualquier disgusto de la&lt;br /&gt;persona que ama.&lt;br /&gt;449. El orden que las almas religiosas deben guardar en&lt;br /&gt;obrar sus deseos ha de ser que, en primer lugar, sean&lt;br /&gt;solícitas y puntuales en cumplir la obligación de los votos&lt;br /&gt;y todas las virtudes que en sí contienen; y sobre esto, en&lt;br /&gt;segundo lugar, entran las obras voluntarias que llaman&lt;br /&gt;de supererogación. Este orden suelen pervertir algunas&lt;br /&gt;almas engañadas del demonio con indiscreto celo de la&lt;br /&gt;103&lt;br /&gt;perfección, que faltando en culpas graves a las cosas&lt;br /&gt;obligatorias de su estado, quieren añadir otras acciones&lt;br /&gt;y ocupaciones voluntarias, que de ordinario son párvulas&lt;br /&gt;o inútiles y originadas de espíritu de presunción y&lt;br /&gt;singularidad, deseando ser miradas y señaladas entre&lt;br /&gt;todas por muy celosas y perfectas, y estando muy lejos&lt;br /&gt;de comenzar a serlo. No quiero yo en ti esta mengua tan&lt;br /&gt;reprensible; mas antes quiero que en primer lugar&lt;br /&gt;cumplas con la observancia de tus votos y vida común y&lt;br /&gt;después añadas lo que pudieres con la divina gracia y&lt;br /&gt;según tus fuerzas; que todo junto hermosea el alma y la&lt;br /&gt;hace perfecta y agradable a los ojos divinos.&lt;br /&gt;450. El voto de la obediencia es el mayor de la religión,&lt;br /&gt;porque contiene una renunciación y negación total de la&lt;br /&gt;propia voluntad, de suerte que a la religiosa no le queda&lt;br /&gt;jurisdicción ni derecho alguno sobre sí misma para decir&lt;br /&gt;quiero o no quiero, haré o no haré; todo esto lo puso y&lt;br /&gt;renunció por la obediencia, dejándolo en manos de su&lt;br /&gt;Prelado; y para cumplirlo es necesario que no seas sabia&lt;br /&gt;contigo misma, ni te imagines señora de tu gusto, ni de tu&lt;br /&gt;querer ni entender, porque la obediencia verdadera ha&lt;br /&gt;de ser de linaje de fe; que lo que manda el superior se ha&lt;br /&gt;de estimar, reverenciar y creer, sin pretender examinarlo&lt;br /&gt;ni comprenderlo; y conforme a esto, para obedecer te&lt;br /&gt;debes juzgar sin razón, ni vida, ni discurso; antes&lt;br /&gt;como un cuerpo muerto te deja mover y gobernar,&lt;br /&gt;estando viva sólo para ejecutar con presteza todo lo&lt;br /&gt;que fuere voluntad del superior. Nunca discurras&lt;br /&gt;contigo lo que has de obrar y sólo piensa cómo&lt;br /&gt;ejecutarás lo que te mandaren. Sacrifica tu querer&lt;br /&gt;propio y degüella todos tus apetitos y pasiones; y&lt;br /&gt;después que con esta eficaz determinación quedes&lt;br /&gt;muerta a tus movimientos, sea la obediencia alma y vida&lt;br /&gt;de tus obras. En la voluntad de tu superior ha de estar&lt;br /&gt;reputada la tuya con todos tus movimientos, palabras y&lt;br /&gt;obras, y en todo pide que te quiten el ser propio y te den&lt;br /&gt;104&lt;br /&gt;otro nuevo, que nada sea tuyo y todo sea de la&lt;br /&gt;obediencia sin contradicción ni resistencia alguna.&lt;br /&gt;451. El modo de obedecer más perfecto, advierte, es&lt;br /&gt;que no ha de reconocer el superior disonancia que le&lt;br /&gt;disguste, antes se le debe obediencia con satisfacción y&lt;br /&gt;que le conste se cumple con prontitud lo que manda, sin&lt;br /&gt;replicar ni remurmurar con palabras ni otros desiguales&lt;br /&gt;movimientos. El superior hace las veces de Dios, y&lt;br /&gt;quien obedece a los Prelados obedece al mismo Señor&lt;br /&gt;que está en ellos, y los gobierna y los ilustra en lo que&lt;br /&gt;mandan a los subditos para el bien de sus almas y salud;&lt;br /&gt;y el desprecio que se hace del Prelado pasa a Dios (Lc.,&lt;br /&gt;10, 16), que por ellos y en ellos está ordenandote y&lt;br /&gt;mandándote su voluntad; y has de entender que el mismo&lt;br /&gt;Señor les mueve su lengua, o que es lengua del mismo&lt;br /&gt;Dios omnipotente. Hija mía, trabaja por ser obediente&lt;br /&gt;para que cantes victorias (Prov., 21, 28); y no temas en&lt;br /&gt;obedecer, porque este es el camino seguro; y lo es tanto,&lt;br /&gt;que los yerros de los obedientes no los pone Dios en&lt;br /&gt;memoria para el día de la cuenta, antes borra los demás&lt;br /&gt;pecados por solo el sacrificio de la obediencia. Y mi Hijo&lt;br /&gt;Santísimo ofreció al Eterno Padre su preciosísima pasión&lt;br /&gt;y muerte con particular afecto por los obedientes, y que&lt;br /&gt;por esta virtud fuesen mejorados en el perdón y en la&lt;br /&gt;gracia, en el acierto y perfección de todo lo que obrasen&lt;br /&gt;por obedecer; y ahora muchas veces representa al Padre,&lt;br /&gt;para aplacarle con los hombres, que murió por ellos&lt;br /&gt;obedeciendo hasta la cruz (Flp., 2, 8), y por esto se&lt;br /&gt;aplaca el mismo Señor. Y por lo que se agradó de la&lt;br /&gt;obediencia de Abrahán y su hijo Isaac, se dio por&lt;br /&gt;obligado (Gén., 22, 16) no sólo para que no muriese el&lt;br /&gt;hijo que tan obediente se mostraba, mas para que fuese&lt;br /&gt;padre del Unigénito Humanado y señalado entre los&lt;br /&gt;demás para cabeza y fundamento de tantas bendiciones.&lt;br /&gt;452. El voto de la pobreza es un generoso ahorro y&lt;br /&gt;105&lt;br /&gt;desembarazo de la pesada carga de las cosas&lt;br /&gt;temporales; es un desahogo del espíritu, alivio de la&lt;br /&gt;humana flaqueza y libertad de la nobleza del corazón&lt;br /&gt;capaz de bienes eternos y espirituales; es una satisfacción&lt;br /&gt;y hartura en que sosiega el apetito sediento&lt;br /&gt;de tesoros terrenos y un dominio o posesión y uso&lt;br /&gt;nobilísimo de todas las riquezas. Todo esto, hija mía, y&lt;br /&gt;otros mayores bienes contiene la pobreza voluntaria, y&lt;br /&gt;todo lo ignoran porque de todo carecen los hijos del&lt;br /&gt;siglo, amadores de las riquezas y enemigos de la rica y&lt;br /&gt;santa pobreza. No advierten, aunque la padecen y&lt;br /&gt;sufren, cuan pesada es la gravedad de las riquezas que&lt;br /&gt;los abruma hasta el suelo y aun hasta las entrañas de la&lt;br /&gt;tierra, a buscar el oro y la plata con cuidados, desvelos,&lt;br /&gt;trabajos y sudores, no de hombres de razón, sino de&lt;br /&gt;brutos irracionales que ignoran lo que hacen y lo que padecen.&lt;br /&gt;Y si antes de adquirir las riquezas son tan&lt;br /&gt;pesadas ¿cuánto lo serán después de conseguidas?&lt;br /&gt;Díganlo cuantos con esta carga han caído hasta los&lt;br /&gt;infiernos; díganlo los desmedidos afanes en&lt;br /&gt;conservarlas, y mucho más las intolerables leyes que han&lt;br /&gt;introducido en el mundo las riquezas y los ricos que las&lt;br /&gt;poseen.&lt;br /&gt;453. Si todo esto ahoga el espíritu y oprime&lt;br /&gt;tiránicamente su flaqueza y envilece la nobilísima&lt;br /&gt;capacidad que tiene el alma de bienes eternos y del&lt;br /&gt;mismo Dios, cierto es que la pobreza voluntaria&lt;br /&gt;restituye a la criatura a su generosa condición y la alivia&lt;br /&gt;de vilísima servidumbre y la pone en la libertad ingenua&lt;br /&gt;en que fue criada para señora de todas las cosas. Nunca&lt;br /&gt;es más señora que cuando las desprecia, y entonces&lt;br /&gt;tiene la mayor posesión y el uso más excelente de las&lt;br /&gt;riquezas cuando las distribuye o las deja de voluntad y&lt;br /&gt;sacia el apetito cuando tiene gusto de no tenerlas; y&lt;br /&gt;sobre todo dejando desocupado el corazón le tiene&lt;br /&gt;capaz de que deposite Dios en él los tesoros de su&lt;br /&gt;106&lt;br /&gt;Divinidad, para los cuales le crió con capacidad casi&lt;br /&gt;infinita.&lt;br /&gt;454. Hija mía, yo deseo que tú estudies mucho esta&lt;br /&gt;filosofía y ciencia divina, que tan olvidada tiene el&lt;br /&gt;mundo, y no sólo el mundo, pero muchas almas&lt;br /&gt;religiosas que la prometieron a Dios, cuya&lt;br /&gt;indignación es grande por esta culpa; y de contado&lt;br /&gt;reciben un pesado castigo en que no advierten los&lt;br /&gt;transgresores de este voto, pues con haber desterrado la&lt;br /&gt;pobreza voluntaria han alejado de sí el espíritu de Cristo,&lt;br /&gt;mi Hijo Santísimo, y el que venimos a enseñar a los&lt;br /&gt;hombres en desnudez y pobreza. Y aunque ahora no lo&lt;br /&gt;sienten, porque disimula el justo Juez y ellos gozan de la&lt;br /&gt;abundancia que desean, pero en la cuenta que les&lt;br /&gt;aguarda se hallarán confusos y desimaginados del rigor&lt;br /&gt;que no pensaban, ponderaban ni pesaban en la Divina&lt;br /&gt;justicia.&lt;br /&gt;455. Los bienes temporales criólos el Altísimo para que&lt;br /&gt;sirviesen a los hombres sólo de sustentar la vida y&lt;br /&gt;conseguido este fin cesa la causa de la necesidad; y&lt;br /&gt;siendo ésta limitada y que en breve se acaba y con poco&lt;br /&gt;se satisface y restando el alma que es eterna, no es&lt;br /&gt;razón que el cuidado de ella sea temporal y como de&lt;br /&gt;paso y el deseo y afán de adquirir las riquezas venga a&lt;br /&gt;ser perpetuo y eterno en los hombres. Suma perversidad&lt;br /&gt;es haber trocado los fines y los medios en cosa tan&lt;br /&gt;distante y tan importante, que le dé el hombre ignorante&lt;br /&gt;a su breve y mal segura vida del cuerpo todo el tiempo,&lt;br /&gt;todo el cuidado, todo el trabajo de sus fuerzas y desvelo&lt;br /&gt;de su entendimiento; y a la pobre alma en muchos años&lt;br /&gt;de vida no quiera darle más de una hora, y aquélla&lt;br /&gt;muchas veces la última y la peor de la vida.&lt;br /&gt;456. Aprovéchate, pues, hija mía carísima, de la&lt;br /&gt;verdadera luz y desengaño que de tan peligroso error te&lt;br /&gt;107&lt;br /&gt;ha dado el Altísimo. Renuncia toda afición y amor a cosa&lt;br /&gt;alguna terrena y, aunque sea con pretexto y color de que&lt;br /&gt;tienes necesidad y que tu convento es pobre, no seas&lt;br /&gt;solícita desordenadamente en procurar las cosas&lt;br /&gt;necesarias para el sustento de la vida; y cuando pusieres&lt;br /&gt;el cuidado moderado que debes, sea de manera que ni te&lt;br /&gt;turbes cuando te falte lo que deseas, ni lo desees con&lt;br /&gt;afición, aunque te parezca es para el servicio de Dios;&lt;br /&gt;pues tanto menos le amas cuanto con él quieres amar&lt;br /&gt;otras cosas. Lo mucho debes renunciarlo por superfluo y&lt;br /&gt;no lo has menester y es delito tenerlo vanamente; lo poco&lt;br /&gt;también se debe estimar poco, porque será mayor error&lt;br /&gt;embarazar el corazón con lo que nada vale y estorba&lt;br /&gt;mucho. Si todo lo que a tu juicio humano pide tu&lt;br /&gt;necesidad lo consigues, no eres de verdad pobre, porque&lt;br /&gt;la pobreza en rigor y propiedad es tener menos de lo que&lt;br /&gt;es menester y sólo se llama rico al que nada le falta;&lt;br /&gt;porque el tener más antes desasosiega y es aflicción de&lt;br /&gt;espíritu, y desearlo y guardarlo sin usar de ello viene a&lt;br /&gt;ser una pobreza sin quietud ni sosiego.&lt;br /&gt;457. De ti quiero esta libertad de espíritu que a cosa&lt;br /&gt;alguna te aficiones, sea grande o pequeña, superflua o&lt;br /&gt;necesaria; y lo que para la vida humana hubieres&lt;br /&gt;menester, debes admitir sólo aquello que es preciso para&lt;br /&gt;no morir ni quedar indecentemente; pero sea lo más&lt;br /&gt;pobre y remendado para tu abrigo y en la comida lo más&lt;br /&gt;grosero, sin antojo de gusto particular, sin pedir más de&lt;br /&gt;aquello en que tienes mucha desazón y menos gusto,&lt;br /&gt;para que antes te den lo que no deseas y te falte lo que&lt;br /&gt;pide el apetito y hagas en todo lo más perfecto.&lt;br /&gt;458. El voto de castidad contiene la pureza de alma y&lt;br /&gt;cuerpo; es fácil el perderla, difícil y aun imposible&lt;br /&gt;repararla, según como se pierde. Este gran tesoro está&lt;br /&gt;depositado en castillo de muchas puertas y ventanas, que&lt;br /&gt;si no están bien guarnecidas y defendidas no tiene&lt;br /&gt;108&lt;br /&gt;seguridad. Hija mía, para guardar con perfección este&lt;br /&gt;voto, es preciso que hagas pacto inviolable con tus&lt;br /&gt;sentidos de no moverse para lo que no fuere ordenado&lt;br /&gt;por la razón y a la gloria del Criador. Muertos los&lt;br /&gt;sentidos, fácil es el vencimiento de los enemigos, que&lt;br /&gt;sólo con ellos te pueden vencer a ti misma, porque los&lt;br /&gt;pensamientos no reviven ni se despiertan si no les entran&lt;br /&gt;especies e imágenes por los sentidos exteriores que los&lt;br /&gt;fomenten. No has de tocar, ni mirar, ni hablar a persona&lt;br /&gt;humana de cualquiera condición que sea, hombre ni&lt;br /&gt;mujer, ni a tu imaginación entren sus especies o&lt;br /&gt;imágenes. En este cuidado, que te encargó mucho,&lt;br /&gt;consiste la guarda de esta pureza que de ti quiero; y si&lt;br /&gt;por la caridad o por obediencia hablares, que sólo por&lt;br /&gt;estas dos causas debes tratar con criaturas, sea con toda&lt;br /&gt;severidad, modestia y recato.&lt;br /&gt;459. Para con tu persona vive como peregrina y ajena&lt;br /&gt;del mundo, pobre, mortificada, trabajada y amando la&lt;br /&gt;aspereza de todo lo temporal sin apetecer descanso ni&lt;br /&gt;regalo, como quien está ausente de su casa y patria&lt;br /&gt;propia, conducida para trabajar y pelear con fuertes&lt;br /&gt;enemigos. Y porque el más pesado y peligroso es la&lt;br /&gt;carne, te conviene resistir a tus naturales pasiones sin&lt;br /&gt;descuido y en ellas a las tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;Levántate a ti sobre ti y busca una habitación muy&lt;br /&gt;levantada sobre todo lo terreno para que vivas&lt;br /&gt;debajo de la sombra del que deseas (Cant., 2, 3) y en su&lt;br /&gt;protección goces de tranquilidad y verdadero sosiego.&lt;br /&gt;Entrégate de todo tu corazón y fuerzas a su casto y&lt;br /&gt;santo amor, sin que imagines hay para ti criaturas más&lt;br /&gt;de en cuanto te ayudan y obligan a que ames y sirvas a&lt;br /&gt;tu Señor, y para todo lo demás han de ser para ti&lt;br /&gt;aborrecibles.&lt;br /&gt;460. A la que se llama esposa de Cristo, y lo tiene por&lt;br /&gt;oficio, aunque ninguna virtud le ha de faltar, pero la&lt;br /&gt;109&lt;br /&gt;castidad es la que más la proporciona y asimila a su&lt;br /&gt;esposo, porque la espiritualiza y aleja de la corrupción&lt;br /&gt;terrena y la levanta al ser angélico y aun a cierta&lt;br /&gt;participación del mismo ser de Dios. Es virtud que hermosea&lt;br /&gt;y adorna a todas las demás y levanta el cuerpo a&lt;br /&gt;superior estado, ilustra al entendimiento y conserva a las&lt;br /&gt;almas en su nobleza superior a todo lo corruptible. Y&lt;br /&gt;porque esta virtud fue especial fruto de la redención,&lt;br /&gt;merecida por mi Hijo Santísimo en la Cruz donde quitó los&lt;br /&gt;pecados del mundo, por eso singularmente se dice que&lt;br /&gt;las vírgenes acompañan y siguen al Cordero (Ap., 14,&lt;br /&gt;4).&lt;br /&gt;461. El voto de la clausura es el muro de la castidad y&lt;br /&gt;de todas las virtudes, el engaste donde se conservan y&lt;br /&gt;resplandecen y es un privilegio del Cielo para eximir a&lt;br /&gt;las religiosas, esposas de Cristo, de los pesados y&lt;br /&gt;peligrosos tributos que paga la libertad del mundo al&lt;br /&gt;príncipe de sus vanidades. Con este voto viven las&lt;br /&gt;religiosas en seguro puerto, cuando las otras almas en la&lt;br /&gt;tormenta de los peligros se marean y zozobran a cada&lt;br /&gt;paso. Con tan grandes intereses no es lugar angosto el&lt;br /&gt;de la clausura, donde a la religiosa se le ofrecen los&lt;br /&gt;espaciosos campos de las virtudes y del conocimiento de&lt;br /&gt;Dios y de sus infinitas perfecciones y misterios y&lt;br /&gt;admirables obras que hizo y hace por los hombres. En&lt;br /&gt;estos dilatados campos y espacios se puede y se debe&lt;br /&gt;esparcir y recrear, y de no hacerlo viene a parecer&lt;br /&gt;estrecha cárcel la mayor libertad. Para ti, hija mía, no&lt;br /&gt;hay otro ensanche, ni yo quiero que te estreches tanto&lt;br /&gt;como lo es todo el mundo. Sube a lo alto del&lt;br /&gt;conocimiento y amor Divino, donde sin términos ni límites&lt;br /&gt;que te angosten, vivas en libertad espaciosa y desde allí&lt;br /&gt;conocerás cuán estrecho, vil y despreciable es todo lo&lt;br /&gt;criado para ensancharse tu alma en ello.&lt;br /&gt;462. A esta clausura forzosa del cuerpo añade tú la de&lt;br /&gt;110&lt;br /&gt;tus sentidos, para que, guarnecidos de fortaleza,&lt;br /&gt;conserven tu pureza interior y en ella el fuego del&lt;br /&gt;santuario (Lev., 6, 12) que siempre debes fomentar y&lt;br /&gt;guardar que no se apague. Y para la guarda de los&lt;br /&gt;sentidos y lograr la clausura, nunca llegues a la puerta, ni&lt;br /&gt;a red, ni ventana, ni te acuerdes de que las tiene él&lt;br /&gt;convento, si no fuere para cumplir con lo preciso de tu&lt;br /&gt;oficio y por la obediencia. Nada apetezcas, pues no lo&lt;br /&gt;has de conseguir, ni trabajes por lo que no debes&lt;br /&gt;apetecer; en tu retiro, recato y cautela estará tu bien y&lt;br /&gt;paz y el darme gusto y merecer el copioso fruto y premio&lt;br /&gt;de amor y gracia que deseas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt; ESTA PÁGINA ESTÁ EN CREACIÓN PROXIMAMENTE AÑADIRÉ LA PARTE 4 disculpen las molestias.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36660775499962998-6797737737526300022?l=misticaciudaddedios3.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://misticaciudaddedios3.blogspot.com/feeds/6797737737526300022/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36660775499962998&amp;postID=6797737737526300022' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36660775499962998/posts/default/6797737737526300022'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36660775499962998/posts/default/6797737737526300022'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://misticaciudaddedios3.blogspot.com/2008/06/mstica-ciudad-de-dios-parte-3.html' title='MÍSTICA CIUDAD DE DIOS parte 3'/><author><name>PIOJOSALTARIN</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16286221232053703537</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_FgMtOqNOPlQ/SE2l8EwmtsI/AAAAAAAAAKM/0JdQ6MdTtqo/s72-c/y1puNg-7imvIU_H4xzUk7kBSE9wdiozbRSouHnATD84e5UTkP5ORdZil9ZME2etqcX4MSbx_FTEqaQ.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
